Capítulo 14

46.2K 4K 987
                                        

Eira

Apagué el espantoso sonido de la alarma y me estiré sobre la cama con un insoportable dolor martilleando en mi cabeza. Hice una nota mental de no volver a tomar alcohol. Me sentía pésimo. Permanecí unos segundos con los ojos cerrados, a la vez que el rostro de Damien invadía mi mente por encima del punzante dolor; me estremecí, mi cerebro no asimilaba del todo lo que sucedió la noche anterior. Llevé los dedos a mis labios y los rocé suavemente. Nunca había disfrutado tanto de un beso, ni siquiera con el hombre al que le profesé amor eterno; el beso que Damien me había dado no se comparaba con ningún otro, ni siquiera los de Mathias. Era tan confuso lo que sentía y cada pensamiento que llegaba a mi cabeza lo era aún más.

Lo que estaba sucediendo no era para nada ético, aunque eso era lo de menos. Un paciente me había besado, un paciente de un psiquiátrico y eso era verdaderamente preocupante, pese a que, Damien no pareciera en lo absoluto uno, debía poner distancia.

—¿Qué me pasa? —Susurré a la nada como si de alguna manera las respuestas fueran a llegar.

En contra de mi voluntad me dirigí al baño como un autómata. Me desnudé y me metí bajo el chorro de agua fría para tratar de despertar. Apoyé mi frente en la pared del baño mientras el agua caía por mi cuerpo. Momentos después salí del baño. Sequé mi cuerpo y me vestí con lo primero que encontré. La verdad no estaba de ánimos para moda. Luego de haberme arreglado, salí de mi habitación. Caminé por el pasillo directo hacia el comedor, al llegar noté la ausencia de Mathias, solo Damien se encontraba sentado en una de las largas mesas, al verme me dedicó un atisbo de sonrisa que algo tensa devolví.

—¡Dios! —Pegué un grito cuando sentí las manos de alguien en mi cintura. Me giré y me encontré con la sonrisa juguetona de Mathias. Venía vestido casualmente, pero usaba la bata blanca del psiquiátrico.

—Te asuste, lo lamento —dijo riendo para luego besar la comisura de mis labios. Me sonrojé avergonzada, gracias al cielo no había muchas personas en el comedor.

No me gustaba la confianza que tenía para conmigo, pero debido a mi respuesta a sus besos de la noche anterior, él la había tomado, naturalmente. Debía hablarle claro, yo vine aquí a trabajar, no a tener una relación, mucho menos con mi jefe o un paciente. Comenzaba a sentirme incomoda.

—No, está bien —le resté importancia por ahora.

—Vamos a desayunar —indicó, asentí.

Caminamos hacia donde se encontraba Damien. Estaba cruzado de brazos con el gesto endurecido y las manos hechas puño, evidenciaba su mal humor.

—Buenos días, Damien —saludó amablemente Mathias.

—Buenos días —farfulló borde.

Me quedé observándolo un instante, intimidada y preocupada. Apretaba muy fuerte las manos, tanto que sus nudillos se pusieron blancos. Las venas de sus brazos y cuello sobresalían entre su piel blanquecina. Se hallaba furioso y tenía la leve sospecha del porqué.

—¿Qué te sucede, Damien? —Preguntó Mathias mientras nos sentábamos. El aludido hizo tronar los huesos de su cuello, abrió y cerró las manos y por primera vez lo vi como un enfermo mental.

Su mirada desorbitada e iracunda se posó al frente, no miraba a nadie, el cambio en su respiración fue notable. Enseguida quise salir corriendo.

—Necesito mis medicamentos —respondió sin mirarlo—, con urgencia.

—Después del desayuno. Sabes las reglas —dijo Mathias en tono neutro. Damien chasqueó la lengua y torció los labios.

—Te aconsejaría que te dieras prisa en traérmelos, a menos que quieras que comience una masacre aquí —advirtió en tono irascible.

Damien ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora