Capítulo 15

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Tomé los antipsicóticos entre mi mano y los llevé a mi boca tragando con prisa. Al terminar arrastré con fuerza la silla contra el suelo, me puse de pie y caminé hacia el jardín sintiendo la mirada de Eira sobre mí en todo momento. Salí respirando el aire fresco y me senté en una banca, a la espera de Eira para cuidarla, estaría con Naima y no me confiaba en lo absoluto cuando ambas se encontraban a solas, lo que no debería suceder, pero esa y entre otras cosas se pasaban por alto.

Cogí un cigarrillo y lo puse en mis labios, era temprano, pero este veneno y los medicamentos, me ayudaban a tranquilizarme.

Eché la cabeza hacia atrás, solté el humo, observé como se perdía por completo. Sin embargo, minutos después fui interrumpido por una de las enfermeras, la misma con la que había tenido aquella aventura; ella se sentó a mi lado sin preguntar si podía hacerlo. Me molestó. Carecía de ética profesional como muchos aquí, no es como si tuvieran alguien de quien cuidarse, Mathias era como ese profesor que mientras cumplieras con tus tareas, te dejaba hacer lo que quisieras.

—Hola, por lo visto, tu escolta hoy no estará contigo —bufoneó, deslizó su mano hasta la mía—. ¿Te gustaría que te hiciera... compañía? —Preguntó con doble sentido.

—¿Acaso no recuerdas quién y qué soy? —repuse sin mirarla

—Lo sé, pero me es agradable compartir tiempo contigo, a veces creo que entiendes y comprendes la vida mejor que las personas completamente cuerdas. 

Quizás en eso tenía razón, pero de igual manera no me convencería para que volviera a tener sexo con ella, si lo hice fue por puro aburrimiento y no lo disfruté en lo absoluto como para repetirlo. 

La enfermera dijo algo más, mas no le presté atención, dado que vi a Eira dirigirse con Naima hacia la sala de lectura. Me levanté dejando a la enfermera ahí, si me llamó, no la escuché. Aislé cualquier tipo de sonido y cualquier persona que no fuera la que me interesaba. Los antipsicóticos estaban haciendo su efecto, sin embargo, no me desconectaban por completo del mundo, aún mantenía un poco de consciencia. 

Me coloqué frente a uno de los ventanales que daban directamente a la sala de lectura, donde momentos después vi llegar a Eira, ella se aproximó al estante, miró a Naima y le preguntó algo, pero ella le respondió de mala manera, algo que no me sorprendía del todo, la chica era inestable. Mathias y su mal manejo de este lugar le costaría un día alguna vida. 

Volví mi atención a ambas, Eira lució sorprendida ante el cambio brusco de la joven; lo dejó pasar y agarró un libro, entonces puse mi atención en Naima, quien se postró detrás de ella y luego en un movimiento rápido, la sujetó fuertemente del cuello. Mi cuerpo reaccionó, aturdido y con una sensación de miedo manifestándose en mi estomago, corrí como si mi vida dependiera de ello, porque la quería, la quería conmigo por más irracional que eso sonara.  

Empujé a las personas que se atravesaron en mi camino sin importarme nada, llamé la atención de los guardias ante mi desesperado arranque por alcanzarlas. Vinieron detrás de mí, lo cual esperaba que hicieran. En cuanto llegué, abrí la puerta, Naima estaba sobre Eira, esta última tenía los ojos cerrados. El miedo crepitó por mi espina dorsal como una serpiente que llenó mi cuerpo con su veneno, volviéndolo trémulo. 

—No —dijo Naima—. Estoy salvándote, Eira. La muerte es mejor que lo que te espera

—¡Suéltala! —Ladré lleno de rabia.

La aparté  de Eira con dificultad, tenía una fuerza tremenda; enseguida los enfermeros en compañía de los guardias entraron a la sala, cogieron a Naima mientras ella se removía y gritaba sin quitarme la mirada de encima, maldiciéndome sin detenerse.

Damien ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora