Capítulo 23

80K 5.9K 950
                                        

Eira

Supe a lo que él me estaba condenando desde el momento en que me raptó.

Sin embargo, no asimilé la magnitud de sus alcances y lo mal que se encontraba hasta el día de hoy que lo vi asesinar a esa mujer. Fue una versión completamente distinta de él, una que, por supuesto, yo sabía que existía, conocía su pasado y estudié su expediente, supe todo lo que hizo y por un momento creí que sería capaz de soportarlo, me resigné a estar en sus manos porque comprendí que no había manera de escapar; cedí ante su belleza, su trato dulce y la protección que me daba, pero en momentos como estos caía en cuenta de la realidad y me asustaba, me asustaba demasiado.

Quería a Damien, quizás comenzaba a amarlo, pero el amor no me impedía ver lo mal que todo esto era.

Su mirada allá abajo continuaba causándome escalofríos. Jamás lo había visto como un demente, a excepción de hoy. No parecía el mismo hombre que me arrullaba en sus brazos y me hacia sentir querida, me entregó una versión destruida e inestable, carente de empatía o sentimientos, con un solo incentivo: matar.

Mientras me arrastraba de vuelta a la habitación, suplicaba en silencio para que decidiera dejarme ir, aún había tiempo para alejarme y sanar, para olvidarlo sin que me doliera el pecho por su ausencia. Sin embargo, me repetía que solo me engañaba al considerar por un segundo que él me soltaría. Damien era egoísta y peor aún, se encontraba enamorado, eso lo volvía letal.

—¿Y si no quiero aceptar esta realidad? —Espeté cuando me soltó— ¿Me vas a matar como la mataste a ella?

Cerró la puerta con fuerza, sus dedos cogieron ambos lados de su cabeza, jaló de los mechones castaños oscuros con cierta desesperación.

—Ella se lo buscó. Cuando entras a mi mundo, la distinción de sexos no existe, Eira, estás o no estás, punto —aseveró brusco—. Mónica me robó, se lo advertí, no puse una bala en su cabeza solo porque estaba aburrido.

—¿Y eso te justifica? ¡Nada lo hace, Damien! Asesinas porque te complace, porque lo necesitas, incluso más de lo que me necesitas a mí.

—¡No! —Exclamó mirándome con asombro— ¿Cómo puedes siquiera considerarlo?

Se precipitó hacia mí, agarrándome la cara con ambas manos. Sentía su desesperación y el miedo resurgía feroz a través de sus orbes oscuros.

—Te amo, Eira, tú eres todo lo que necesito.

—Tus actos dicen lo contrario.

—Esto es algo que debía hacer, maldita sea. Mi amor por ti no tiene nada que ver con mi trabajo.

—Quiero que pares —agarré sus manos—, quiero que te detengas, por favor, déjame ayudarte a parar, o si no, suéltame de una vez. No podría soportar verte así de nuevo.

Desprendió su agarre de mi piel, retrocedió un poco, mirándome en silencio. Su expresión no detonaba nada.

—No me odies —dijo de pronto, tomándome desprevenida.

—No te odio, Damien, solo me asustas y me duele ver como ellas te controlan —expresé con calma, como si estuviera tratando con un niño pequeño.

Acorté la distancia que nos separaba y lo tomé de la mano.

—Es algo que no puedo controlar.

—Este ambiente no ayudará a que se vayan, la violencia genera placer para ellas y las alimenta, incitas a que salgan.

—Debo parar.

—Debes parar —repetí—, te ayudaré, ¿me dejarás ayudarte?

Asintió despacio en un cambio repentino, se mostró dócil y confuso, tan indefenso, como un niño, cuando hace unos minutos estaba completamente fuera de control. Comprendí que los fármacos lo ayudaban demasiado y el ambiente tranquilo del psiquiátrico influyó, había dejado todo eso atrás y volvió al inicio, retrocedió todo lo que avanzó y me dolía, porque me hizo quererlo y preocuparme por él, pese a todo lo malo.

Damien ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora