Damien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio.
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Damien
Habían transcurrido varias semanas donde me tuvieron recluido en una prisión, totalmente incomunicado, a excepción de mi abogado con quien no solía cruzar muchas palabras. Siendo franco, me gustaba estar aquí, sin ser molestado, sin personas irritantes y un espacio en blanco donde podía calmarme. Las voces no habían venido. Es como si ellas estuvieran al tanto de mis planes y apostaba a mi vida a que no les hacía la menor de las gracias.
Hoy, después de que los abogados pudieron armar el caso, me trajeron para darme una sentencia. Yo, miraba al juez hablar, no le prestaba demasiada atención. Mi vista perdida en algún punto que me parecía más interesante que lo que salía de la boca del hombre robusto y canoso, que me observaba con algo de enojo.
A mi costado derecho el jurado se encontraba sentado sobre un gran estrado, todos y cada uno de ellos con sus ojos fijos sobre mí, culpándome sin siquiera dudarlo; en realidad me importaba poco escuchar sus puntos de vista, también el de los policías o los presuntos testigos que juraban decir la verdad.
¡Bah! Ninguno de esos testimonios era verdadero, porque no dejé testigos de mis asesinatos, como tampoco pruebas, sólo de uno que era la carnada para los policías.
Reía por dentro. Ellos creían que me habían capturado, cuando en realidad, me tenían en sus manos porque así lo quise yo, porque mis planes siempre salían a la perfección y este no sería la excepción. Realmente era entretenido el estar aquí e irritar a todos, en especial a las víctimas y cómplices que pagaron a esos testigos falsos para que me inculparan sin prueba alguna, sólo era su palabra contra la mía. Lo bueno de mi captura, es que dejaron a mi familia en paz, eso era lo único que me importaba, aunque haya tenido que cambiar todo lo que quería hacer conmigo.
—¿Está consciente de los crímenes que ha cometido, señor Masson? —No miré al juez, no lo haría, no me interesaba nada de lo que decía, mi mente se encontraba muy lejos de ahí.
—Señor Masson, el juez le hizo una pregunta —dijo el abogado que apelaba para poder refundirme en la cárcel.
Continué sin responder. Sentía las miradas de todas las personas sobre mí, pero mi mente se negaba a volver, yo me encontraba más allá de lo que ellos imaginaban; los escuchaba susurrar, pero no prestaba atención a ello, de cualquier forma, no podrían decir de mí algo que no haya escuchado antes.
—Parece ser que el acusado no está en sus cabales, es un hombre perturbado —alcancé a escuchar que alguien cuchicheó con cierta lastima en su voz; sonreí por dentro.
De nuevo oí murmullos, algunos gritos, gente discutiendo, hasta que al final escuché el golpeteo que el juez hizo, dando por terminada la sesión.
—El acusado será sometido a pruebas psicológicas para comprobar su demencia —dijo con severo—. Se levanta la sesión —añadió sin titubear. Parecía que buscaba acabar con el juicio cuanto antes.