Damien
Eira estaba sentada en mis piernas mientras cenábamos en el comedor.
Quentin, Ruslan, Luka y Germán se encontraban con nosotros, la cena estaba siendo amena, un poco de tranquilidad para lo que se avecinaba. La vi tomar otra rebanada de pizza y la llevó a su boca, comió con deleite, saboreándose las especias y el queso derretido. Por el momento se hallaba tranquila, disfrutando de la cena, era agradable hacerlo todos juntos, como si fuéramos una gran familia.
—Te veo contenta —susurré, dándole un trago a mi cerveza. Ella me miró de soslayo.
—Lo estoy porque te tengo conmigo —contestó entusiasmada; me alegraba que ya no estuviera molesta y triste, su preocupación era una completa exageración, todo saldría bien.
—Mañana te quedarás aquí con Luka, ¿entendido? —Asintió como niña pequeña y siguió comiendo.
—No te preocupes. La cuidaré bien, será un placer pasar tiempo con Eira —dijo Luka sonriendo burlón. Sabía que sólo lo hacía para molestarme, y maldita sea que lo lograba
—Quieres morirte, ¿no es así? —repliqué serio
—Oh, vamos, Dam, es una broma —masculló riendo, momentos después todos lo imitaron, estallaron en carcajadas por la forma en la que me llamó. Lo odiaba.
Apreté con mi mano la cintura de Eira, en respuesta me dedicó una sonrisa enorme y besó rápidamente mis labios.
—Te amo, Dam —susurró bromeando. Que viniera de ella me hizo reír.
—También te amo, mi Sol.
Sujeté su mentón con fuerza y besé sus labios de la misma forma que lo hacía cuando quería hacerle el amor, devoré su boca, mordiéndola, deslicé mi lengua en el interior, encontrándome con la suya y dominándola en un seductor baile que me endureció la entrepierna. El beso que nos dábamos, no debía darse frente a nadie, pero quería dejarles las cosas claras a todos, incluso cuando no era necesario. Mi lado posesivo lo exigía.
—Ya entendí que es tuya —dijo Luka, me separé de Eira, sonreía mientras negaba con la cabeza.
—Eres un posesivo y celoso —musitó y besó mi mejilla—. Todos saben que soy tuya —añadió, mostrándome su anillo.
—Por si les quedaba alguna duda —dije mirándolos serio.
Lo único que hicieron fue reír al notar mi actitud infantil. Me dio lo mismo.
—Vamos a la cama —dicté, levantándome de la silla con ella.
—Buenas noches, chicos —se despidió, caminando con mis dedos entrelazados a los suyos. No podía apartar mis manos de ella.
Ellos le respondieron al unísono y segundos después nos encontramos en la habitación en la que dormiríamos, encendí la luz iluminando todo. Vi la cama, la misma donde dormí escuchando el nombre de mi Sol haciendo eco en mi mente. Desde ese momento mi subconsciente o la vida misma me estaba avisando que pronto llegaría a mi luz.
Mi Sol.
Mi chica perfecta.
Me acerqué a Eira y rodeé su abdomen desde atrás, tomé su cabello y lo hice a un lado, expuse su cuello para mí y comencé a besarla con suavidad, repartí besos por la piel de porcelana que tanto amaba.
—¿Por qué encendiste la luz si vas a hacerme el amor? —Preguntó en un susurro.
—Porque quiero ver cada gesto de tu rostro para tenerlo grabado en mi memoria para siempre.
ESTÁS LEYENDO
Damien ©
Fiction généraleDamien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio. [Apta p...
