Damien
Habían pasado dos meses desde mi boda con Eira, dos meses en los que todo fue demasiado bien. Ella ya no huía de lo que sentía, ni de mí, se abrió conmigo completamente y no podía sentirme más feliz. Y lo mejor de todo esto, es que aceptó que buscáramos tener a nuestro propio bebé, y desde ese día no habíamos parado de intentarlo, aunque por el momento, no lo conseguimos, sabía que pronto ese pequeño llegaría a complementar nuestras vidas.
Eira y mis planes de una familia a su lado, eran el motivo por el cual estaba trabajando en un último golpe, algo grande y tremendamente peligroso, pero que me serviría para darle protección a los que amaba y la vida tranquila que mi mujer merecía.
Desde esa noche, las voces fueron desapareciendo, apaciguándose en las profundidades de mi mente; estaba consciente de que seguían ahí, pero se mantenían calladas y no sabía si eso debería aliviarme, aunque por supuesto, disfrutaba de tener paz dentro de mi cabeza y las ansias asesinas a raya.
Eira se encargaba de mantenerme ocupado, hacíamos muchas cosas juntos en la playa y dentro de la casa, mis momentos favoritos eran cuando jugábamos cartas y me hacia desprenderme de alguna prenda cuando perdía, definitivamente para mí no existió ni un perdedor en ese juego, ambos ganábamos y mucho; al final, terminábamos haciendo el amor hasta que caíamos rendidos.
Los amaneceres eran hermosos cuando lo primero que veía al abrir mis ojos, era su precioso rostro lleno de vida.
Puse en pausa mi pensamientos mientras me dirigí al despacho de la casa que en realidad muy pocas veces usábamos. Ruslan en compañía de Germán y Quentin ya se encontraban ahí, sabía que necesitábamos hablar.
—¿Ya me dirás qué sucede? —Preguntó ansioso en cuanto puse un pie dentro del despacho.
—Mamá me habló de alguien que está buscándonos y que tiene a Dimitri preocupado —solté, sin darle más rodeos sobre lo que acababa de hablar con mamá hacia unas horas.
—¿Alguien?
—No tengo la menor idea de cuál de todos los bastardos a los que hemos jodido quiere encontrarnos —dije serio, cruzándome de brazos.
—Ya veo, déjame eso a mí, lo investigaré, aunque supongo que esta persona ha sido silenciosa.
—Bastante, Dimitri tuvo problemas para obtener esta información —acepté—. Tienes que ser lo bastante sutil con esto, no van por nosotros Ruslan, van por nuestra familia, por todo lo que amamos.
—Soy consciente de ello y por esa razón los encontráremos.
—Además, tenemos el golpe —intervino Quentin desde el rincón—, falta poco, Damien, debemos ir a Moscú en unas semanas más para cuadrar todo.
—Lo sé. Pudimos haberlo hecho pronto, pero con esta nueva información es peligroso movernos, quizá estamos siendo vigilados —murmuré, preocupado por la situación, no por mí, solo por Eira y mi familia.
—Ya tendremos algo, el bastardo tiene que cometer un error —apoyó Ruslan.
Pasé las manos por mi cabello y entonces un grito agónico hizo que mi cuerpo entero se paralizara por un momento, lleno de terror. La voz de Eira penetró mis oídos, los chicos me miraron preocupados, pero no pude prestarles atención; me levanté del sofá y corrí subiendo los escalones de dos en dos, saqué el arma de mi espalda y abrí la puerta de golpe.
Lo primero que hice fue revisar la habitación en busca de alguna amenaza, para al final posar mis ojos sobre mi Sol.
—Eira —mencioné su nombre con el pánico bordeando el tono de mi voz.
ESTÁS LEYENDO
Damien ©
Ficción GeneralDamien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio. [Apta p...
