Damien
Eira venía dormida en mis brazos, acababa de salir del hospital, ya se encontraba bien, sus muñecas aún seguían vendadas, pero en unos días se las quitaría. Seguía un poco asustada, algo traumatizada por lo que pensó que me ocurrió, parecía que lo que Francesco le hizo para ella nunca sucedió, se encerró en su dolor que no reaccionaba ante nada.
Sobre el bebé, al parecer hasta ahora todo estaba bien, le habían practicado una operación que en realidad no comprendí demasiado, sólo sabía que ese tipo de malla serviría para mantener al bebé en su lugar; sin embargo, aun así, debía de guardar reposo absoluto, el viaje que realizamos significaba peligro para ambos, no obstante, no podía permanecer en la ciudad por seguridad de todos.
Algo bueno había logrado de todas las mentiras que Mathias se inventó. Él le hizo creer a todo el mundo que yo estaba muerto y ahora en realidad la policía y mis enemigos lo creían así. Habían dejado de perseguirme, nadie me culpaba de su muerte y sobre Eira les hice creer lo mismo, así que, ambos dejamos de existir.
Suspiré y acaricié su rostro. Ruslan conducía por las calles de Moscú, ya casi llegábamos a casa, por ahora Eira pasaría todo su embarazo en casa de mi madre, ella misma me lo exigió cuando le di la noticia, quería cuidarlos a ambos y sospechaba que mi Sol se volvería loca con tantas atenciones, aunque por otra parte me daba gusto que estuviera rodeada de personas que de verdad la querían, tanto Ruslan, Isabela y mi madre la adoraban y yo quería que se sintiera feliz.
—No puedo creer que esté esperando en la puerta —dijo Ruslan mientras entraba a la mansión.
Dirigí mis ojos a la entrada de la mansión y sí, mi madre estaba en el umbral de la puerta con una sonrisa y una mirada ansiosa en su rostro, no siempre se le veía de aquella manera, pero el que yo fuera a ser padre fue siempre su sueño, dado que, me daba por perdido; la noticia la volvió eufórica.
Ruslan detuvo la camioneta, en ese momento Eira abrió sus hermosos ojos. No podía existir mayor sensación de felicidad para mí que ver su mirada, no me agradaba verla dormida, me hacía pensar en ella a punto de morir, en como llegué a pensar en que jamás me volvería a ver en sus preciosos ojos café. Así que sí, cuando despertaba y me miraba, yo era el hombre más feliz de este puto mundo.
—Hola —se sentó sobre el asiento con cuidado—, ¿ya llegamos?
—Sí —respondí en voz baja.
Momentos después la puerta de mi lado fue abierta, me encontré con el rostro feliz de mi madre. Se hallaba ansiosa y eufórica.
—Oh, por Dios —dijo al verme para luego abrazarme con fuerza mientras yo me encargaba de bajar de la camioneta—. Sabía que volverías, mi niño.
La estrujé entre mis brazos, percibía su tranquilidad; estaba aterrada cuando me vio salir en busca de Eira, quizá pensando en que no me volvería a ver si mi Sol no se encontraba con vida.
—Estoy y estaremos bien, mamá —susurré, separándome de ella.
Me volví para ayudar a Eira a bajar de la camioneta; con cuidado la tomé entre mis brazos, ella enredó sus brazos en mi cuello y le sonrió a mi madre en cuanto la vio.
—Al fin estás aquí, a salvo —se dirigió a ella.
—Lo estaré siempre que él se encuentre a mi lado —le respondió besando mi mejilla.
Mi madre sonrió satisfecha y entre platicas nos acompañó hasta la que sería nuestra habitación, yo la escuchaba, pero mi atención sólo estaba puesta sobre Eira, la manera en que sonreía, esas muecas y gestos que se formaban en su rostro cuando hablaba, me encantaban los hoyuelos que relucían en sus mejillas cuando sus labios se desplegaban en una sonrisa, también la costumbre que tenía de morderse el labio cuando escuchaba atenta lo que otra persona le decía. Había grabado todo de ella en mi memoria, podía describirla de pies a cabeza, conocía cada rincón de su cuerpo, todo... y de cada centímetro que era ella, yo me había enamorado.
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Damien ©
Ficción GeneralDamien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio. [Apta p...
