Damien
Intentaba procesar las palabras del médico.
Algo que no esperaba que ocurriera, lo cual veía imposible, estaba haciéndose realidad. Quería ser capaz de poder dimensionar la noticia y compartirla de inmediato con mi Sol, a quien seguro llenaría de alegría pura al enterarse.
Había derramado demasiadas lágrimas al creer que se le negó la oportunidad de ser madre, pero el destino tenía sus formas crueles y milagrosas de actuar. Eira ya había pasado por mucho dolor, era justo que la ruleta cambiara y todo lo que estuvo mal, se resarciera mil veces. La noticia iba a sanarle parte de las heridas que le dejaron.
Y yo, yo solo imaginaba lo feliz que sería en el proceso, cada día a su lado, cada cambio que viniera hasta que tuviéramos a nuestro bebé; se convertiría en el centro de mi mundo, tal y como lo era ya su madre para mí. Todo cambiaría de ahora en adelante, la vida estaba dándonos la familia que tanto anhelamos, incluso ante la miseria que me conformaba y la nula salvación que tendría, Eira me daba la oportunidad de ser verdaderamente feliz.
Aunque sabía de antemano que no sería fácil, que vendrían meses difíciles, pero me encargaría de que ese embarazo se lograra, que ese bebé llegara al mundo. Pondría todo mi empeño en cuidarla, en cuidarlos, a ambos.
Mi pecho estallaba de felicidad a pesar de las circunstancias en las que me había enterado de la noticia, era inevitable no sentirse feliz, iba a ser padre, tendría a un pequeño o una pequeña diciéndome papá.
—¿Qué cuidados necesita? —Preguntó Ruslan. Yo me había quedado mudo de la impresión y aún saboreaba la felicidad dentro de mis pensamientos.
—El ginecólogo del hospital se encuentra valorándola, en cuanto tenga resultados se les informará. —Apreté el ceño y le di mi atención al médico.
—¿Un desconocido está poniendo sus manos sobre mi mujer en este momento? —Espeté en tono bajo y amenazante.
La idea me ponía bastante molesto, en parte por mis celos, pero en su mayoría, porque Eira había sufrido abusos, era propensa a no tomarse bien que un hombre la tocara así; incluso si se trataba de un profesional, pese a que, si se tratara de una mujer, podría haber el mismo resultado, con un hombre era más fácil sentirse incomodada.
—Damien, es por el bien de ambos —intervino Ruslan tomando mi brazo—. Gracias doctor —añadió arrastrándome hasta mi silla de nuevo—. Debes de controlar tus celos maldita sea —siseó, sin entender por completo el porqué de mi reacción.
—No quiero que sea un hombre el que la toque —dije—. En cuanto esté bien me la llevaré de aquí y me haré cargo de ese tipo de decisiones.
—Ni siquiera sabes si ella puede viajar, tranquilízate.
Bien, debía de ser racional y escuchar a mi hermano, lo que importaba era que ella estaba bien. Se iba a poner feliz cuando supiera que estaba embarazada, aunque también estaría asustada, lo podía asegurar; sin embargo, estaría ahí, apoyándola siempre.
Momentos después una enfermera se acercó a nosotros para informarnos que podíamos pasar a ver a Eira, a lo que no tuvo que decirlo dos veces, me puse de pie y ansioso la seguí hasta la habitación donde ella se encontraba.
En cuanto llegamos, la enfermera abrió la puerta y al entrar a aquella habitación austera, lo único que hice fue ir hacia el motivo de mi existencia.
Eira seguía dormida y odiaba contemplar su rostro exánime, quería verme en sus ojos, saber que la luz seguía en ellos, que estaba viva, a pesar del sonido que hacía aquel aparato me lo reafirmara con cada segundo que pasaba.
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Damien ©
Fiction généraleDamien Masson, un enfermo mental que goza de asesinar; aburrido y cansado de aquella sádica fascinación, toma la decisión de internarse en un psiquiátrico donde decide pasar el resto de su vida... al menos es lo que pensaba hasta que la vio. [Apta p...
