Capítulo 18

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Eira

Un fuerte dolor de cabeza me hizo despertar. Despacio abrí mis ojos, parpadeé acostumbrándome a la oscuridad a la que estaba rodeada. No había ni una sola ventana que me permitiera saber si era de día o de noche, todo estaba en penumbra y demasiado silencioso para mi gusto.

Me senté sobre la cama y entonces recordé lo sucedido: Damien me había secuestrado.

Mi pulso se aceleró al darme cuenta del significado de aquellas palabras. Damien me tenía en su poder, podía hacerme lo que quisiera y no habría nadie que pudiera impedírselo, mucho menos ayudarme. Aunque, ¿cambiaba algo? Quizá no. Ya sea en el psiquiátrico o en cualquier parte, él haría lo que quisiera conmigo porque estaba convencido de que le pertenecía, peor aún, creía que me quería, que existía un tipo de amor de su persona hacia mí y eso, justo eso volvía todo más peligroso.

Sueles obsesionarte cuando pierdes el control y Damien lo había perdido conmigo porque no pudo mantener sus demonios a raya cuando nos conocimos. Él me quiso desde el primer momento, él fue vencido y yo ni siquiera hice nada para que eso sucediera.

Siendo cuidadosa me puse de pie. Aún usaba el vestido negro que me había puesto en el psiquiátrico. Caminé despacio por la habitación, fui hacia la puerta y traté de abrirla, pero estaba cerrada con llave. Maldije para mis adentros. Entonces me decidí a buscar el interruptor. Moví mis manos por la pared buscándolo hasta que di con él, sin embargo, al presionarlo, la habitación seguía estando igual.

Desesperada comencé a golpear la puerta. Sabía que era una mala idea, era poner en sobre aviso a mi secuestrador, pero sin pensar en las consecuencias seguí haciéndolo.

—¡Damien! —Grité— ¡Déjame salir de aquí!

Me detuve al escuchar pasos. Con miedo retrocedí y pegué mi cuerpo a la pared. La puerta se abrió y él apareció tras ella. Un poco de luz se filtraba dejándome ver parte del lugar donde me tenían. Parecía una habitación de algún departamento lujoso.

—Al fin, mi Sol —escuché su voz. Lo miré nuevamente. Usaba sólo unos jeans oscuros, su torso estaba desnudo. Traía un arma en su mano. Me llené de pánico.

—Déjame ir por favor —pedí.

Damien entró en la habitación cerrando la puerta a su espalda.

—No, Eira, no vas a ir a ningún lado. Ya te lo dije, debes aceptar que tu antigua vida terminó, entre más rápido lo hagas, mejor será para ti, créeme —aconsejó, convencido de que esto estaba bien.

—¿Y si no qué? ¿Vas a matarme? —Espeté.

—Nunca podría hacer tal cosa, sería como un suicidio de mi parte. Al morir tú, yo muero contigo —dijo como si esas palabras fueran lo más normal del mundo.

—¿Y si tú mueres?

—Te arrastraré conmigo —dijo seguro.

Vi su silueta acercarse a mí. Lo esquivé y corrí hacia la puerta. La abrí, pero me detuve al ver a sus hombres de pie frente a mí. Damien sujetó mi cintura y me hizo entrar de nuevo. Me lanzó con brusquedad sobre la cama, atrapó mis manos por encima de mi cabeza dejando caer su peso sobre mí.

—Por favor, Damien —susurré con lágrimas en los ojos.

—Shh... tranquila, mi Sol.

Giré mi rostro a un lado, él besó mi mejilla y luego mi cuello.

—No voy a lastimarte. Conmigo estás a salvo —trató de calmarme.

—Me has secuestrado, Damien —musité lo obvio.

Damien ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora