8 DE MARZO.
Me encontraba con Connor tendidos en el suelo de mi departamento.
Se me habían quitado las ganas de todo cuando me empecé a sentir mal y él no protestó al respecto. Teníamos una cita.
Me mantenía acurrucada contra su pecho, mientras pequeñas convulsiones aceleraban mi corazón y me hacían sudar.
Presioné mi frente contra su pecho y cerré muy fuerte los ojos.
Mi piel se ponía de gallina cada cierto tiempo. Solo quería inclinarme y vomitar el terrorífico almuerzo.
Sabía que comer tanta grasa no resultaría muy beneficioso para nadie.
No sé qué se me había pasado por la cabeza en el momento es que comí esa comida.
—Me siento muy mal —Jadeé.
Si tan solo pudiese verme en un espejo, reconocería las ojeras marcadas y la piel amarillenta -como una asiática-. Sabía que lucía horrible y, lo mejor de todo, es que no me importaba que Connor me viera de esa forma.
Unos toques en la madera de la puerta y estaba segura de que no quería ir a abrir.
Connor se levantó, dejándome a mí con mucho cuidado sobre el suelo. Apreté mis labios.
Creo que ahora veía como una mala idea acostarse en el suelo. Hacía frío.
Me puse de pie y arrastré los pies hasta el sofá.
—¿Qué le hiciste? —Bramaron desde la puerta.
Lancé mi cabeza para atrás al reconocer la voz.
—Tiene malestar estomacal —Muy pacíficamente, me dejé caer en el sofá con la cabeza hundida entre los cojines.
—¿Connor? —Llamé—. Hay un termómetro en el baño ¿Puedes buscarlo?
Solo cruzaba los dedos para que él me hubiese oído, porque no creo poder volver a repetirlo.
Una manta cubrió mi cuerpo y mi corazón se encogió.
—¿Cómo estás, linda? —Cuestionó Vincent con voz muy dulce.
—¿Cómo parece que estoy?
Aun con la cabeza hundida entre los cojines, dije. Me arropé con la manta, mientras gruñía.
—¿Qué te cayó mal?
—Almorcé unas papas muy grasientas —De tan solo pensarlo, mi estómago se revolvía.
Esto daba asco.
Qué mierda.
Estaba a escasos segundos de salir corriendo hasta el baño.
No me faltaba mucho para sacar todo de mi interior.
Una vez más.
—Déjame ver, Trace —Giré mi cabeza.
Connor estaba de pie frente a mí con el termómetro en la mano. Pasó una mano por mi cabello.
Tenía una sonrisa que inspiraba seguridad en su rostro. Se arrodilló y muy lentamente metió el termómetro en mi boca, sin dejar en ningún momento que sus ojos inspirarán la tranquilidad suficiente como para que yo quisiera entregarle mi virginidad.
Ya lo había hecho, digo, pero lo volvería hacer.
Eso es a lo que me refiero.
Mantengo su mirada hasta que recuerdo a Vince, y entonces me di la vuelta y cerré mis ojos.
—¿Cuántas veces te he dicho que no comas cosas así? Tienes un colesterol muy delicado, Tracey Wallace. Además, estás muy delgada. Tienes que cuidarte —Hice una mueca.
Connor estaba a modo mamá gallina. Vincent bufó, o eso me pareció haber escuchado.
Y entendía por qué lo había hecho, hasta yo lo haría, pero no de la manera tan absurda en la que él lo hizo sonar, era como si no aceptara que Connor me estuviese cuidando.
—¿Qué?
Dios, ya se iban a poner a pelear.
—Tracey es delicada —Respondió mi castaño.
Ambos están juntos y eso no me parece bien, se nota mucho que Connor está enamorado de mí y si Vincent nota que quizás yo lo observo de la misma manera...
—¿Y por qué tienes que tratarla como una niña?
—Porque la conozco y sé en qué momentos hay que hablarle como una —Sentencia Connor.
Oh, demonios.
Me saqué el termómetro de la boca. A través de mi nublada vista quise identificar cuál era mi temperatura.
—Treinta y siete —Dije.
He de decir que mi voz tembló.
—No tienes fiebre... qué raro.
—A parte del chico perfecto, también eres doctor —Juzgó Vincent.
Creo que debía intervenir.
Pero no tenía ganas de hacerlo, discutían por gusto y si pudiese contar las veces que ellos harían algo como esto, creo que mis dedos no alcanzan lo suficiente.
—A parte de idiota también celoso.
Un terrible revoltijo en mi estómago me subió todas las energías.
Me levanté muy rápido, tanto que obtuve un mareo, pero eso no detuvo el hecho de que yo corriera al baño. Casi no llego, de verdad, casi vomito en el suelo.
Eso hubiese sido asqueroso y malditamente catastrófico.
Solté todo en el retrete, sin preocupaciones de si los dos chicos me estaban viendo.
Iba a llamar a Katelyn, quizás ella me ayudaría, porque la presencia de Connor y Vincent solo hacía que yo me sintiera pero, tanto física como emocionalmente.
Las arcadas era una más fuerte que la otra.
Me sentía como si hubiese estado trotando largas horas, mi cuerpo reclamaba descanso y ambos chicos no dejaban de pelearse por quién me iba a sostener el cabello.
Fue tanto así, que ya había dejado de vomitar, me había lavado la boca y ellos seguían peleando. ¿
qué me había metido?
—¿Alguien puede llamar a Katelyn?
—Yo la llamo —Dijo Vincent.
—Ni siquiera tienes su número —Vincent lució molesto y se le veían las intenciones de querer objetar algo.
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Los Amantes©
Romance«-Tengo miedo. -¿A qué le temes? -A dejes de quererme» No se trata de una elección, se trata de saber qué chico corresponde sus sentimientos. Una noche lleva a más y ese 'Más' se convierte en consecuencias.
