-¿A dónde vas? -Papá me interceptó de camino a mi huida, lo único es que tenía el teléfono en una mano y no me miraba.
Al menos no iba a ver cómo me ruborizaba.
Miré la puerta de caoba y pensé en la perfecta excusa para escaparme de casa.
Luego lo consideré: Yo realmente no vivía aquí, podría irme sin preocupaciones, porque, digo, soy mayor.
-A mí departamento -Me encogí de hombros y salí de la casa mirando al frente.
De vez en cuando, consideraba que ser mayor de edad era lo mejor que alguna vez me pudo haber pasado en mí vida.
El guardaespaldas de Connor me abrió la puerta de mi auto, me aseguré de que papá no estuviese viendo hacia afuera, porque quizás yo sería la más tonta de todas.
En mi auto tomé un respiro y ojeé mi teléfono. Era la tercera vez que hacíamos semejante cosa y he de admitir que me empezaba a gustar su compañía, de la manera en la que te gusta estar con él y querer quedarse en cama todo el día con él.
Dejé el teléfono entre mis piernas y puse en marcha el auto, sin detenerme a mirar cuántas maldiciones estaría echándome Elliott de estar en mi auto.
Yo no veía a nadie más quejarse por ello, sinceramente, comenzaba a pensar que Elliott tenía alguna especie de trauma automovilístico.
Observé la gran casa Adkins, sin llevarme ninguna sorpresa sobre que hay al menos tres personas atendiendo el jardín y a Connor, quien estaba sentado con la vista en su teléfono.
Lucía relajado, como si no hubiese nada más que debiera preocuparle. Me fijé en que su pecho estaba libre de cualquier tela y que de sus caderas colgaban unos pantalones de pijama.
Alzó la vista de su teléfono y pude notar aquella reluciente mirada en sus ojos.
Sentí un inmenso alivio al darme cuenta de que su madre no estaba en casa. Ella posiblemente ha de estar salvando vidas.
Por dentro, la casa de Connor siempre me ha parecido sencilla y lujosa al mismo tiempo, tenía ese toque clásico y moderno que maravillaba. Era una casa grande, quizás demasiado para ser nada más dos personas, pero pequeña si fuese una familia como la mía.
Lo que más me gustaba de estas citas con Connor, es que él no iba directo al grano.
Besó mi frente y me tomó de la mano para llevarme dentro de su casa.
Supongo que él me notaba un tanto nerviosa, cosa que resulta absurda, pero sabía como hacerme sentir bien. Siempre se sentaba conmigo y se dedicaba a establecer conversación con tranquilidad como si nuestra relación no fuera solo sexo.
Sólo sexo sonaba como la mierda.
Pero ya las cosas estaban sucediendo, no había manera de remediarlo.
-¿Quieres un chocolate caliente? ¿Un té? ¿Quieres algo? -Se detuvo frente a mí y llevó mis manos a su pecho, creo que se le había hecho costumbre que yo sintiera su corazón latir.
Quería evitar sonreír ante el hecho de que él era tan tierno, pero era inevitable.
Yo estaba sonriendo como idiota.
-Quiero agua.
-Eres una muy linda, - Me hizo sentarme en el sofá con delicadeza.
Me sentía como actriz porno, sentía que estaba haciendo servicio a domicilio y quería quitarme esa sensación de encima, porque simplemente, a mí no me sentaba bien eso.
Y no solo por el hecho de que esas mujeres tienen grandes atributos y labios que dan miedo, solo porque me sentía demasiado tímida para ser una de ellas.
Sobre la mesa del centro, estaba un libro de color azul de algún material resistente a los años y al agua, puesto que estaba siendo utilizado como un porta vasos.
Tomé el álbum, odiando que Connor lo dejará ahí en la mesa y que, posiblemente, él se lo hubiese estado mostrando a alguien.
Sé que él lo consideraba algo muy privado como para mostrárselo a cualquiera y su madre solo se lo muestra aquellos que considera importantes para su hijo.
No quise hacer ningún comentario cuando Connor apareció, no quise parecer indiscreta.
Sonreí viendo la imagen que adornaba la portada, una foto de él de muy pequeño sentado de espaldas con un oso de peluche.
Según lo que me había contado, ese oso fue su mejor amigo y esa tarde, Connor se había sentado en el patio de su casa en Londres y se había dispuesto a hablar con el oso.
El padre de Connor no había perdido el tiempo y capturó la imagen de su único hijo haciendo una escena digna de admirar.
Él es adorable.
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Los Amantes©
Romance«-Tengo miedo. -¿A qué le temes? -A dejes de quererme» No se trata de una elección, se trata de saber qué chico corresponde sus sentimientos. Una noche lleva a más y ese 'Más' se convierte en consecuencias.
