Capítulo 2

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23 DE DICIEMBRE. OCHO DÍAS ANTES DE LA BODA.

*Connor's Pov*

Siempre he dicho que meterse en la habitación de una chica trae malas consecuencias. Al menos que claro, estés dispuesto a tener un poco de acción. En mi caso y en el de Tanner, solo esperábamos viendo un poco de tele. ¿Por qué tuvimos que hacerlo ahí?

El cuarto de Tanner había sido invadido por su hermana que hacía Dios sabe qué, por lo que no pensábamos que Tracey entraría en una toalla, se detendría frente a nosotros y nos miraría esperando que saliéramos de allí. Muy tarde para arrepentirme de haber entrado en primer lugar. Una mirada de crueldad adornaba sus dulces ojos, ¿Cómo es que alguien podía ser tantas cosas al mismo tiempo?

Suspiré bruscamente. Sus largas y delgadas piernas me daban derecho a que las viera, o eso suponía yo.  Vi a aquella rubia como una modelo de revista, sensual y provocadora, con todo el agua cayendo por su cuerpo, esa mirada en ella, sus manos sosteniendo la toalla y sus labios... puestos para provocar. Me puse de pie con tanta brusquedad que causé que la rubia retrocediera del susto. Creo que debo ser más precavido, estaba siendo tan torpe que quizá ella jamás volvería a acercarse a mí.

–Connor –Rió Tanner.

Miré atentamente el pecho de la muchacha. ¿De qué tanto se reía Tanner? No me parecía que estar sufriendo un dilema sexual era algo de lo que se debe reír. Menos cuando se trataba de su hermana. Creí que Tanner sería un sobreprotector, pero en este momento me estaba equivocando. ¿Dónde había quedado el idiota que alguna vez me armó una guerra por besar a su gemela? ¿Dónde? Porque lo necesitaba para dejar de pensar en la hija de mi jefe como una conejita playboy, que me golpeé y me advierta sobre las miradas deseosas a su hermana. 

O quizás, del uno al diez, él sabe que yo era un nueve coma cinco responsable ¿Y las otras cinco décimas? Era la irresponsabilidad. Tracey era provocadora y encantadora, y demás palabras que terminen por "dora", por lo que el nueve coma cinco podría ser vencido por tan solo cinco décimas.

Y yo podría acabar como un imbécil perdido en la hermana del que me hizo su padrino de bodas por ser su más sincero amigo. Y Tracey había acabado como mi acompañante.

–Lindas piernas, Trey –Jadeé.

Lo idiota y la sensualidad me estaban haciendo víctima de una rubia no-hueca. Una de las pocas mujeres por las que de verdad merecía la pena luchar. 

–Eso me han dicho –Agradecí que dijera eso, porque calmó en mucho en mí. Mientras tanto, sentí algo arder en la boca de mi estómago.

Intenté recordar, ¿Cuántas veces le había dicho yo las buenas piernas que tenía? Sabía que esta no era la primera vez, tanto como sabía que varios hombres le habrían dicho lo mismo.

Tracey no era una mujer fea, esa palabra se perdía en la boca de los hombres al describirla. Tenía unos bonitos y grandes ojos verdes con un coloreado ámbar en ellos, su labio inferior carnoso y el inferior un poco más delgado.

Labios que había adorado besar tantas veces. Su cabello rubio... o quizás castaño claro. Para mí era rubia y así se podría decir que he estado con una de las pocas rubias que tienen todo menos un interés muy pronunciado en su apariencia. Tracey era relativamente sencilla, nunca le hacía falta mucho para lucir como una modelo.

–¿Te vas a ir o qué? –Preguntó. 

Me había quedado embobado pensando en ella. Sacudí la cabeza, luego asentí. Pero qué carácter había sacado esta muchacha. Y ni eso quita lo hermosa que es, ningún defecto la hará lucir menos, solo la hace lucir... ¿Más real? ¿Alcanzable? 

Los Amantes©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora