8 DE FEBRERO.
En el momento en que sus labios empezaron una succión sobre los míos, supe que esto no acabaría. Tampoco quise detenerme.
Sus manos se presionaron en mi trasero con excesiva desesperación, solo no supe cómo reaccionar.
Pasé mis brazos alrededor de su cuello y caminé hacia atrás, considerando que si no dejaba de tocarme ahí, yo cedería mucho más rápido de lo que ya lo estaba haciendo.
Gemí cuando sentí parte del sofá presionarse contra mis rodillas, obligándome a saber que en cualquier momento me tendría debajo de él.
La idea era atractiva, pero no convincente.
Mientras tanto, su lengua se metió a mi boca dando rápidas lamidas que pronto me llevaron a darme cuenta de que no había nada que nos detuviera.
Metí mis manos en su cabello y disfruté de su textura mientras que su boca y sus manos no dejaban de querer hacerme suya.
Pronto nos estábamos quedando sin aire y ambos sabíamos, que en cualquier momento, eso tendría que acabar. Pero era más fácil pensarlo que hacerlo.
Sus labios dejaron los míos y sus besos se extendieron por mi cuello entre mordidas, succiones y lamidas que me estaban haciendo gemir.
—¿Sigo?
Quizás él solo lo decía por cortesía, porque aun si yo dijera que no, lo haría.
Ambos moríamos por hacer esto y por cobardes jamás lo habíamos intentado.
No tengo respuesta más que volver a unir sus labios con los míos, una maravillosa sensación que a todos enamoraría.
Sufrí mariposas en el estómago y corazones acelerados, pero creo que esta vez, ellas eran capaz de tomar vida y adueñarse de mi cuerpo.
Mi mente decía algo.
Pero mi cuerpo quería otra cosa.
La luna nos había vuelto amantes, las cosas se empezarían a poner calientes y por ello, ambos estaríamos pecando.
Mi piel ardía donde sus dedos tenía la osadía de deslizarse.
Connor jamás estuvo tan dispuesto a algo como lo está a esto y, sobre todo, jamás había estado tan bien haciendo esto.
Su lengua, sus manos y su respiración, en cualquier momento podrían acabar conmigo.
Solo esperé el momento en el que yo pudiese hacer todo eso a él, hacerle sentir que valía la pena estar arriesgando tanto. Porque él quizás se estaba esforzando por hacerlo bien y yo no me quejaba, pero yo también quería hacerle saber que había mejorado.
Sus labios ejercieron incluso más presión sobre mí boca en busca de un momento solo para nosotros, profundicé el beso.
Si es que acaso había espacio para profundizar.
Su lengua juguetona tanteó la mía, se vieron envueltas en un mar de húmedas exaltaciones. Suspiré sobre sus labios, mi pecho subía y bajaba anunciando una vez más la falta de aire contundente.
Me alejé en busca de aire, no me había dado cuenta de que estaba sobre él con mi espalda en la pared.
Tampoco era una molestia, vamos.
Su piel estaba hirviendo y la pared muy fría, claramente era una explosión de gloriosas sensaciones.
Me incliné y besé su barbilla. Un suspiro de deleite se alargó en sus labios. Besé las comisuras de su boca y proseguí con pasar mi lengua muy lentamente por ellos.
Eran unos labios memorables de los cuales no me podía perder ni un centímetro.
Mi vecinos curiosos quizás están viendo por el ventanal como muchas vecen lo han hecho, pero era demasiado para ir y cerrar la cortina. El peso de la excitación no me permitía apartarme de Connor
¡Él era como un dios en eso de los besos!
Y mientras los papeles se habían cambiado, yo pensaba en cómo hacerle saber que se podía besar siendo dulce y, a la vez, toda una bestia.
Seguí dando cortos besos en el rostro de Connor, hasta que con mis manos poco a poco fui buscando la forma de quitar esa camisa y lanzarla a algún lado.
Los labios de Connor estaban hinchados y en su rostro se demostraba el deseo que lo inundaba. Él era el tipo de chico que, al verlo, podrías imaginarlo en miles de situaciones, menos haciendo un oral.
—¿Haremos esto?
Me quedé con los labios fruncidos a punto de tocar los suyos nuevamente.
Suspiré.
—¿Qué sucedería si lo intentamos? —Pregunté acelerada.
Acaricié con mis manos su rostro, con cariño y dulzura. Le mostré una sonrisita.
Quizás demasiado dulce comparando nuestro estado.
—Dios, Tracey.
Cerró sus ojos sintiendo mis manos. Su vello facial raspaba mis palmas y era algo como que me encantaba, se sentía muy bien.
—¿Somos amantes?
—Según lo que hacemos, eso parece —Él sonrió un poco. —Voy a besarte, Connor —Sin escuchar protesta, junté sus labios una vez más con los míos.
Dejé que mis manos cayeran a sus hombros desnudos y las dejé ahí unos momentos mientras acostumbraba a Connor a la succión de mis labios. Capturé su labio inferior y tiré de este hasta mí.
Connor abrió los ojos y el deseo era palpable a miles de kilómetros de distancia.
Amaba esa mirada, quería hacer que estuviese ahí siempre, no quería hacerla desaparecer.
Yo me estaba sintiendo meramente vulnerable, porque no todos pueden hacerme sentir de esta manera y que él me haga sentirlo, es como un punto más para la posibilidad que tiene esta noche de llevarme a la cama.
Sin restricciones.
—¿Cuál es tú habitación?
—La del fondo —Respondí.
Con la misma desesperación con la que habíamos llegado a la pared, los besos continuaron a lo largo y ancho del departamento. Mientras más tropezábamos, más caliente podía sentirme.
Pronto el mundo se me estaba viniendo encima y las manos de Connor estaban para sujetarme.
Mi espalda chocó contra la puerta de la habitación.
Sé que no soy una chica débil, pero el picaporte se clavó en mi trasero logrando que yo gimiera y Connor murmurara una torpe disculpa.
Logró abrir la puerta, y sin un ápice de querer detenerse en ningún momento, me besó con más intensidad y profundidad, si eso era posible o como si yo fuese a detener esto que está sucediendo cuando estoy segura de que mi parte intima late tanto como la de él.
Sentí la madera tibia del armario contra mi espalda, mientras Connor, con todo ese sentimiento desesperado, acariciaba mis mejillas y dejaba que estás se detuvieran a masajear mis pechos por sobre la camisa.
No sé cuántas veces él haya hecho esto, pero sin duda se siente de maravilla.
Se entretuvo un poco ahí, hasta que bajó los dedos hasta el dobladillo de mi camisa y la arrancó sin pensarlo dos veces.
Un mundo de emociones me embargó.
No juegues, vamos a hacer esto. Aún no lo creo que posible. Me dejó en el suelo, creo que yo ya no podría estar un poco más alejada de él, porque era como si la necesidad se incrementara con cada segundo que transcurría.
Se arrodilló y muy lentamente besó la contextura de mi cintura.
Recordaba nuestra primera vez juntos, él había hecho lo mismo, solo que de verdad se había emocionado con eso y había exclamado lo duro que debió haber sido obtener una cintura como la mía.
Pero siento tan delgada, solo pude responderle que era genética y que jamás en mi vida había hecho ejercicio.
Me movió hasta que la cama estuvo detrás de mí rodillas. Sus manos me empujaron y perdí por completo la estabilidad de mis piernas, cayendo como idiota tirando de él conmigo.
Besó mi cuello y se entretuvo ahí, sentía sus dientes rozar mi piel y su lengua lentamente pasarse por esta.
ESTÁS LEYENDO
Los Amantes©
Romansa«-Tengo miedo. -¿A qué le temes? -A dejes de quererme» No se trata de una elección, se trata de saber qué chico corresponde sus sentimientos. Una noche lleva a más y ese 'Más' se convierte en consecuencias.
