1 DE ENERO. UN DÍA DESPUÉS DE LA BODA.
Aunque tal vez, no tan segura.
Al llegar a su departamento bien escoltada por dos grandes hombres que ni mierda de dónde habían salido, me vi debilitada y las palabras no fluyeron. Solo no pude hacerlo.
—Tengo que decirte algo —Comencé, pero por más que lo intentara sabía que no iba a llegar muy lejos.
Era uno de esos momentos en los que prefería que él se diera cuenta por sí solo, pero era imposible lograrlo. Pero con el aspecto adormilado que cargaba encima solo provocaba hacerle mimos. Él no lucía tierno, en lo absoluto, lucía como un chico malo, pero había veces en que las cosas resultaban ser de otra manera. Para mí, alguna vez lo había resultado ¿Qué había cambiado ahora?
—¿Qué sucede? —Preguntó, sonriendo con nerviosismo y mirando a los hombres que habían entrado al departamento.
Habían llegado ahí, habían dicho que no se irían y yo solo había aceptado pidiendo que se callaran la boca y no interrumpieran mi conversación. Si tenían que sacarme cuando Vince enloqueciera, que lo hicieran. Me ahorro un trabajo.
—Señorita Wallace... —Comenzó uno de los grandes hombres. Lo miré, pero ya había pasado mi momento de enojo. El hombre de piel olivácea tenía una mano en la oreja, sabía lo que eso significaba.
—El señor Adkins quiere que la llevemos a casa.
—¿Connor? —Preguntamos Vincent y yo al mismo tiempo. Mi corazón sufrió un repentino golpe de emoción.
Ni modo que el padre de Connor, demonios, era el único Adkins que vivía. Al menos en este lado del mundo. La conciencia ebria me reprendió por mi estupidez.
Me acerqué al hombre y le quité el audífono. Hablé al micrófono en su camisa, me interesaba poco haber irrumpido en el espacio personal del guardaespaldas, ellos siempre hacían lo mismo conmigo.
—Vete a la mierda —Le dije. De cualquier otra manera no hubiese dicho aquello en voz alta, el alcohol había colaborado—. No eres nadie para estarme ordenando irme a casa. Quiero que me dejes en paz... diles que se vayan, Connor... no quiero que estén aquí. No sabiendo que tú estás atento a...
—No se lo digas —En serio era su voz. Me quedé helada escuchándolo, estaba siendo suave, no estaba siendo tozudo, ni idiota. Estaba siendo el Connor del que alguna vez me enamoré—. Seguro no quieres arruinar esto con él... yo...
—Adiós —Me quité el audífono y me senté en el sofá más cercano a reflexionar. Solo porque estaba ebria iba a reflexionar, de otra manera no hubiese durado tanto para decirlo o callármelo.
Más que todo reflexionar por qué le corté abruptamente a Connor el beso y la conversación. Yo era un asco de persona.
—Estaremos fuera del edificio —Me informó el guardaespaldas. Comprendí que en serio ellos me dejarían un rato de privacidad.
Luego hablaría con mi padre sobre esto, porque no me agradaba mucho la idea de estar siendo vigilada en contra de mi propia voluntad.
–Estás muy ebria, Tracey –Aseguró Vincent sentándose a mí lado. Pasó una mano por mi cabello.
Me dolió, porque el efecto del alcohol se estaba pasando y la resaca ya comenzaba a latir en mi cabeza. Me aparté. Además, qué tonto, como si no lo supiera.
Las pupilas de Vincent estaban dilatadas, sus labios delgados entreabiertos y esperando que yo reaccionara.
Lo besé, decidiendo pasar a segunda base de una.
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Los Amantes©
Romance«-Tengo miedo. -¿A qué le temes? -A dejes de quererme» No se trata de una elección, se trata de saber qué chico corresponde sus sentimientos. Una noche lleva a más y ese 'Más' se convierte en consecuencias.
