Te He Echado De Menos

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- ¿Alexander? ¿qué haces aquí?
Magnus abrió la puerta de su apartamento y se sorprendió al ver a Alec parado en el umbral de la casa.
- Yo... No sé, mis padres están de viaje y los demás durmiendo... Quería verte. -Susurró el cazador de sombras bajando la mirada.
- Anda, pasa.
El brujo abrió la puerta de par en par y la cerró cuando Alec hubo entrado.
Estaba a punto de preguntarle a su nefilim qué quería hacer, pero al darse la vuelta se encontró con que Alec le había empujado hasta quedar de espaldas a la pared. Este comenzó a besarle con una pasión que pocas veces había usado cuando estaba con el brujo, lo que hizo que Magnus soltara un gemido de sorpresa.
Alec coló sus manos por debajo de la camisa del otro y comenzó a acariciar su espalda.
Magnus pensó que nunca había visto a Alexander besarle con esa urgencia y que si seguían así sería él quién tendría que luchar por no perder la razón.
Cuando se separaron en busca de aire, Magnus habló:
- Alec, ¿qué te pasa?
El chico le miró confundido de manera que siguió hablando.
- Nunca me habías... Besado de esta manera.
- Hace dos semanas que no te veo, Magnus. Te necesito.
El cazador de sombras habló de forma sincera, la única manera de la que sabía hablar.
- Yo también te he echado de menos, pero me encantas demasiado como para poder frenar lo que vaya a pasar. Necesito que me digas a dónde podemos llegar. -Le pidió el brujo.
Las mejillas de Alec se volvieron extremadamente rojas pero no quitó su mirada de los ojos dorados de su novio.
- Lo siento, no estoy preparado para... Ya sabes... Pero no soporto la idea de que te canses de esperar y me dejes.
- Mi amor, no voy a dejarte, siempre voy a estar contigo. -Le prometió y besó sus labios rápidamente.
- Entonces... -El deseo no había abandonado los ojos de Alec, pero ahora también se sentía confundido.
- Entonces, no haremos nada que no quieras hacer, pero eso no me impedirá besarte hasta que olvides tu nombre.
Una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Magnus y a Alec no le dio tiempo a reaccionar antes de volver a sentir los cálidos labios de Magnus sobre los suyos con desesperada urgencia.

Fueron dando traspiés hasta llegar al sofá, donde Magnus empujó a Alec, quedando sobre él. El brujo mordió el labio del más joven, haciendo así que este separase los labios. Magnus aprovechó para profundizar el beso haciendo que sus lenguas se encontraran.
Eso fue lo único que le hizo falta a Alexander para abrir la camisa de Magnus y hacer que acabase en el suelo junto al sofá. Al momento le siguió el sencillo jersey que llevaba el de los ojos azules.
El cazador de sombras notó como los fríos dedos del brujo le recorrían el pecho una y otra vez. Él le recorrió la espalda hasta llegar a su pelo negro lleno de mechas, donde hundió los dedos y sintió los mechones enroscarse en sus dedos.
Magnus comenzó a besar a Alec en el cuello y besó una zona donde éste tenía cosquillas, haciendo que diera un respingo.
Como consecuencia acabaron los dos en el suelo, sobre la alfombra. Alec soltó una carcajada.
- ¿Estás bien? -Le preguntó a Magnus, que estaba a escasos centímetros de él.
Levantó la cabeza haciendo que sus labios se rozaran.
- Estoy genial.
Magnus le agarró el rostro con sus manos decoradas de anillos dorados y volvió a besarle.

Entonces algo vibró en los pantalones de Alec y este, aún estando sobre Magnus, se puso rápidamente de rodillas y buscó su teléfono. Hizo una mueca al ver quién llamaba.
- No lo cojas. -Le pidió Magnus sentándose y besando la mejilla de Alexander.
- Es del Instituto. -Descolgó y escuchó, cada vez más molesto por haberlos interrumpido. Cuando volvió a guardar el teléfono estaba totalmente serio.
- ¿Qué pasa?
- Hay una emergencia con un montón de demonios, tengo que irme.
Se levantó maldiciendo en voz baja y se puso de nuevo su jersey. Se pasó las manos por el pelo intentando arreglar sus alborotados cabellos.
- ¿Cómo estoy? -Preguntó consciente del rubor de sus mejillas y el brillo en sus ojos, al igual que en los de Magnus.
- Sexy. -Respondió este con voz ronca.
Se había levantado y estaba de pie frente a Alec.
- Hablo enserio. -Le reprochó el nefilim.
- Yo también, será mejor que vayas a cazar demonios o no te dejaré salir de aquí en tres días.
Le guiño un ojo y le acompañó a la puerta donde le besó apasionadamente y luego le observó mientras bajaba los escalones casi corriendo.

MALECDonde viven las historias. Descúbrelo ahora