Haber, explico el título. Serán dos capítulos, este narrará lo que hace Magnus y el siguiente lo que hace Alec en el mismo día, mismo tiempo, pero por separado. Y en el tercero ya saldrán los dos de nuevo y se contarán y solucionaran algunos problemas 😇.
- Magnus, despierta.
- Mmm... -Gruñó él.
- Venga, recuerda que tienes trabajo. -Esta vez Magnus no contestó.
Alec le tiró del brazo hasta dejarle boca arriba.
- Déjame dormir. -Se quejó el brujo tapándose la cara.
- Magnus... -Alec se inclinó para besarle. El otro correspondió sin abrir los ojos y tiro de él para dejarle sobre sus piernas. Hundió los dedos en el pelo del nefilim, ya totalmente despierto. El beso se volvió más salvaje y Alec se obligó a separarse y a tirar de su pareja para sacarle de la cama. Le arrastró hasta el baño y le besó en la mejilla.
- Arréglate, en media hora llega tu cliente.
- Puedo cancelarlo. -Sugirió con una sonrisa.
- Pero no debes hacerlo. -Alec salió del baño y oyó como el agua comenzaba a caer en la ducha.
Cuando Magnus salió de la ducha con su extravagante ropa y purpurina adornando sus ojos, que eran marrones ya que llevaba un glamour, había galletas y café en la mesa pero Alec no estaba. En la mesa también había una nota que decía:
"Debo hacer una cosa, voy con Izzy. Volveré tarde así que tienes el piso libre para tus hechizos, sólo intenta no llenar el salón de demonios ;-) Hasta la noche♥."
Magnus se comió unas cuentas galletas antes de oír el timbre de su piso. Abrió la puerta con un chasquido de sus dedos y entró un hombre alto con un traje negro antiguo que hacía resaltar su pálida piel.
- Buenos días, Rafael. -Dijo el brujo mientras se acercaba a él con una bebida rosácea en la mano. -¿Te apetece una copa?
- Son las nueve de la mañana. -Contestó el vampiro.
- En algún lugar es la Hora Feliz. -Magnus sonrió con astucia y bebió un trago. -¿Qué necesitas? Debe de ser importante si has venido hasta aquí, ¿cómo has llegado sin convertirte en polvo bajo el sol?
- Salí anoche, llevo aquí desde entonces, cosa bastante aburrida, por lo que sí, es importante.
- Pues tú dirás. -El brujo se sentó elegantemente en uno de los sillones y miró al vampiro.
- Necesito que encuentres a Camille. -Dijo y Magnus tardó en contestar.
- ¿Por?
- Porque es la jefa del clan de vampiros de Nueva York y lleva meses sin aparecer por aquí.
- Pero eso es bueno para ti, te deja en su puesto mientras no está. -Replicó Magnus.
- Pero ese puesto no me da poder ante la Clave, solo debo responder ante los problemas. Y eso es cosa de Camille.
Magnus miró al vampiro a los ojos y no vio ni rastro del chico asustado al que había ayudado casi doscientos años antes.
- Está bien, Rafael Santiago, te ayudaré. Pero sabes que rastrear a un vampiro tan poderoso y que seguramente no quiere que la encuentren, es un hechizo muy fuerte y tú conoces mi precio. -El brujo se puso en pie.
- Pagaré cuando la encuentres. -Dijo Rafael y le dio a Magnus un anillo antiguo. El anillo había pertenecido a Camille durante décadas y su esencia ayudaría a rastrearla.
- Tardaré un poco en prepararlo, puedes irte o esperar aquí. -Sugirió el brujo mientras apartaba los muebles y dejaba un gran espacio libre en medio del salón.
- Me quedaré aquí. -Rafael se sentó en la barra de la cocina, desde donde podía observar lo que Magnus estaba preparando.
El brujo dibujó un pequeño círculo con runas y comenzó a recitar algunas palabras en un idioma ancestral.
Entró en el círculo con el anillo en la mano y dijo el hechizo mientras las chispas azules de sus dedos crecían cada vez más.
La encontró casi tres horas más tarde y debido a que había gastado mucha energía, el glamour de sus ojos había desaparecido y se veían dorados y verdes con las pupilas verticales.
Salió del círculo y le devolvió el anillo a Rafael. Este le pagó y Magnus habló:
- Me ha costado tanto encontrarla porque esta rodeada de los hechizos de bloqueo más potentes que he visto pero...
- ¿Pero? -Insistió Rafael.
- Sigue en la ciudad. Concretamente en una estación de metro abandonada del este de Manhattan.
El asombro fue evidente en el rostro del vampiro. Le dio las gracias a Magnus y salió del piso aturdido.
A Magnus no le dio tiempo a cerrar la puerta antes de que su nefilim entrara de forma brusca. Alec llegó al salón con los ojos cargados de furia y a Magnus no le dio tiempo de preguntarle qué le pasaba antes de que el de ojos azules le empujase de espaldas a la pared y comenzara a besarle apasionadamente.
ESTÁS LEYENDO
MALEC
FanfictionHistoria del Gran Brujo de Brooklyn, Magnus Bane y su Nefilim, Alexander Lightwood. Aquí inventaré capítulos en los que se demuestra el amor que siente Magnus, (a su manera) y dónde intentaré que Alec venza su timidez en lo respectivo a su relación...
