2.

552 43 16
                                        



Me quedo mirando como ese niño coge el skate que tenía en brazos y empieza a patinar, dejándome a mi con el gorro. ¿Ahora he hago yo con esto? Un poco en shock me doy la vuelta y sigo andando hacia casa.

A parte de repelente y no aceptar sus errores, regala objetos a desconocidos. Bien, bien.

Bueno, no importa, seguiré pensando en mi encuentro con ese trozo de pizza. Y minutos después, cuando estoy a punto de coger el primer trozo...
Vuelvo a tropezar con alguien, y esta vez soy yo la que besa el suelo.

— Que pesado eres. —ruedo los ojos, al ver que es el mismo tipo de antes, solo que ahora iba a una velocidad denunciable. Lo miro de arriba a abajo. —¿porque te cambias de ropa?

— No se de que hablas. —dice mirándome a los ojos, con una mirada más sincera que la de antes, ofreciéndome la mano para levantarme. La acepto y consigo ponerme de pie.

— Venga ya. Acabamos de hablar, ¿no te acuerdas? —alzó una ceja. El me mira sin entender. —¿sabes? No importa. Adiós. —lo esquivo empezando a andar, hasta que me doy cuenta de algo.

¡Sigo con el gorro! No quiero tenerlo.
Me giro para devolvérselo, pero ya no queda rastro de él.
Mierda.
***

— Y entonces me vuelvo a chocar con el, ¿sabes? —explicó a mi amiga por el móvil, acabándome mi último trozo de pizza.

¡No la he disfrutado pensando en lo que acababa de pasar! Agh, ya odio al niño ese. Con la comida no se juega.

— Qué raro. ¿Tú crees que le a dado tiempo a cambiarse?

— Seguro, ya habían pasado unos cuantos minutos. La pregunta es porque lo ha hecho.

— No se tia. A ver si te lo encuentras mañana otra vez. Me tengo que ir, Mike me espera en su casa. —Mike es el novio de Alba. Los tortolitos. Los enamorados. Las victimas de cupido. Los estúpidamente enamorados.

— Adiós. —corto. ¿Cuando encontrare a alguien con quien vivir algo bonito? Eso parece imposible para mi.
***

— Sam, sal a comprarme el pan por favor.

— Mama, ahora no me apetece.

— ¿Te quieres quedar sin pizza todo un año?

— ¿Cuantas barras dices que quieres? —me levanto del sofá, con una gran y falsa sonrisa.

— Dos. Toma el dinero. Ya que estas cómprale algo a tu hermano.

— Ma, tiene 18 años.

— Lo se, pero estos días está de mal humor. Va, hazlo por el.

Soplo y salgo de casa, con el dinero en el bolsillo.
Siempre me toca a mí salir de casa, Marcos es un vago de cuidado. ¡Con su edad!
Camino hasta la panadería más cercana, compro el pan y salgo. ¿Que le puedo comprar? Como no sea una goma de pelo no sé que podría gustarle...
Camino hacia una tienda de ropa a la que mi hermano va alguna vez, cuando levanta su obeso culo del sofá.

Al entrar, suspiró pesadamente.

— ¿Podrías dejar de seguirme? —le preguntó al chico de antes.

— Yo no te he seguido. Lo que pasa es que te has caído por torpe. No creo que te duela tanto el culo como para quejarte así. —aparta la mirada de la sudadera con capucha que miraba para mirarme de reojo, con una inocente sonrisa.

— ¿Tu que vas a saber si me duele el culo? —me sonrojo, habla de el como quien habla de un programa de televisión.

— Porque solo he estado contigo minutos y has estado amargada, no puedes ser así por naturaleza.

— Yo me rindo contigo chico. —ruedo los ojos, hasta que caigo en algo.

Es un chico.

Mi hermano también.

¿Y si le pido consejo? Lo intentaría por mi misma, pero regalándole a mi hermano una chaqueta con purpurina me di cuenta de que no. No sé de chicos.

— Oye...eh... —carraspeo— ¿tu que ropa le comprarías a un chico de 18 años? —digo sin apartar la mirada del suelo.

— Mm... ni idea. ¿Porque?

— Me han obligado a comprarle algo a mi hermano y no tengo ni idea. Y como tú eres un chico... ¿o no lo eres? —lo miro.

— Que yo sepa si. —se desata el cinturón.

— Vale vale. Te creo. Para. –alzó las dos manos, en señal de que pare. No quiero más traumas. El ríe y se lo vuelve a atar.

— Bueno vale. Entonces, para tu hermano... yo creo que podrías comprarle esto. —señala con la cabeza la sudadera que hace segundos miraba. —la quería comprar para mi pero es demasiado grande, y es talla única.

— Vale, la cogeré. Gracias. —sonrío y cojo la pieza de ropa. Más me vale que le guste. —por cierto, ¿como te llamas?

— Harvey. —responde sonriente— tu?

— Sam. —le respondo.

Asiente con la cabeza, y me dirijo a la caja, donde acabo de comprar la sudadera.

DIFERENTES (Completada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora