Pico a la puerta repetidas veces, hasta que Marcos abre.
— Que.
— Buenos días. Yo también te quiero. —le aparto dándome el gusto de entrar a su ordenada habitación. Todo lo contrario a la mía. Me siento en la cama, que tiene una ventana. Da a la habitación del viejo Marsh, ya con sus 100 años, que es nuestro vecino.
— ¿Porque has entrado? Deberías estar haciendo algo útil con tu vida. Estar conmigo no lo es.
— Bueno, bueno. ¿Y esos ánimos? Dime que mi hermano no se está volviendo un emo.
— No. Son cosas mías. No te importa.
— En verdad si me importa. Pero solo un poco.
— ¿Te acuerdas de Jess?
— La chica que de la que tan enamorado estás. Claro que me acuerdo.
— Me ha engañado. —suelta de repente.
Me quedo sin palabras, me ha dolido hasta a mi. —ow.... estas...bien?
— ¡Claro que no! Estoy de pena. Pensaba que lo nuestro iba a ser para siempre. Lo parecía, joder. Pero se ve que no. Yo era el único realmente enamorado.
— Bueno... si lo mejora... te he comprado algo. —le enseño la bolsa que llevo.
— No lo quiero. —aparta la mirada.
— Que negativo estas, Marcos. Te lo dejo aquí, ¿vale? Ya lo abrirás cuando tu humor mejore. —me dirijo a la puerta— ah, y Jess es una zorra. No te merecía.
Me doy la vuelta dispuesta a irme, después de lo que he dicho espero subirle un poco el autoestima. Mi hermano, es un chico guapo, un vago, pero tiene sus abdominales. Un inseguro, pero un gran chico que esa chica a dejado ir.
Cuando he salido de la habitación, me chocó con mi madre.
— Hola, ahora venía a daros una noticia.... —dice, girándome de hombros y llevándome otra vez a la habitación de Marcos.
Nos sentamos los dos en la cama, y nuestra madre se queda delante nuestro.
— ¿Es algo bueno o malo?
— Hay una cosa buena y una mala, por cual empiezo.
— La mala. —decimos a la vez.
— Bien...eh... el viejo Marsh, se muda. Quiere vivir la vida loca ya que su vida no parece tener mucho más futuro. Me lo ha dicho esta mañana, cuando he salido a recoger el correo. Lo siento chicos, se que es muy cercano a vosotros, pero no se lo podemos impedir. Es su vida. —Marcos y yo nos quedamos mirando a mama, fijamente.
No lo puedo creer. Marsh siempre ha sido el abuelo que nunca tuve. De pequeña me daba caramelos, lo recuerdo perfectamente. Me contaba sus aventuras de joven y lo loco que estaba. Siempre he creído que mentía, solo para entretenerme. Pero jamás se lo he dicho, pues me divertía con su astucia y diversión.
¿Y ahora quiere irse?
— No. —es lo único que logro decir.
— Cariño, no se lo puedes impedir. Ya lo tiene decidido.
— Que no, mama, me niego. Nos deja, ¿así porque sí? Y tú, ¿no dices nada o que? —digo dirigiéndome a mi hermano.
— Ya nada me importa. Que haga lo que quiera. ¿Que más te da? Debe tener una esperanza de vida de dos años...
— ¿Como puedes decir eso? ¿Es que nadie lo entiende? —indignada, me levanto de la cama.
Ya ni me apetece saber la buena noticia. Con la mala he tenido suficiente. Salgo de la habitación, y por un milagro nadie me interrumpe. Me dejan salir.
Salgo de la casa, muy cabreada. Pero...cuando llego a la casa de Marsh...
No está su cartel de bienvenida. Su alfombra vieja y anticuada. Las plantas que rodeaban su jardín han desaparecido. Su música de los años ochenta ya no resuena por toda la casa. Solo queda una cosa. Una caja, en la entrada. Con mi nombre escrito en ella.
Cuidadosamente, y con lagrimas recorriendo mi rostro, la cojo, y me alejo, me alejo todo lo que puedo, hasta llegar a un bosque en el que decido quedarme.
No puedo esperar, y abro la caja. Dentro, están todos mis recuerdos vividos con el, en forma de foto. En el medio de todas las imágenes, hay una carta, que parece estar escrita con pluma.
Hola, Sam.
Lo sé, no te había contado nada de esto. De esta escapada. ¿Pero no lo notaste? Mi cara deja ver muchas arrugas, mi cuerpo se cansa de funcionar. No quiero que pase eso sin antes haber hecho muchas cosas. A sido algo planeado. Desde joven me juré a mi mismo, cumplir todos los propósitos que de pequeño apunté. No me quiero defraudar a mi yo del presente, que antes era del futuro.
Te echaré mucho de menos pequeña, pero todo tiene un final. Quiero que me recuerdes haciendo esas caras que me hacían aún más feo, cuando estés mal. Al menos que te rías un poco.
¿Te acuerdas de mí piedra sagrada? Esa que encontré en la playa cuando tenias unos siete años, y que dije que la guardaría siempre.
Quiero que te la quedes. Como un amuleto de la suerte de esos que tenéis los jóvenes ahora.
Muchísimos besos, Sam.
No me olvides, yo no lo haré.
Marsh.
Tengo la sensación de que las lágrimas acabarán deshaciendo el papel, así que lo dejo en el suelo. Con tan mala suerte, de que el viento decide hacer su aparición. El papel vuela y vuela, y se aleja de mi. Al darme cuenta lo miro, pero mis piernas no se mueven. No quieren cogerlo. Hasta que el papel deja de volar, se queda ahí, en medio del aire.
Bajo la vista al ver, que alguien lo a cogido. Alguien que tengo demasiado visto.
— Llega a ser por ti y se escapa. —sonríe, Harvey.
— D-dámelo. —se lo quito de las manos cuando se acerca.— ¿no puedes dejarme sola por un momento?
— Pero si a penas nos hemos visto. —decido ignorarlo. No tengo fuerzas para hablar.— ¿que te pasa?
— Nada. —aparto la mirada.
— ¿Y porque lloras?
— No estoy llorando. —digo, y una lagrima cae al suelo.
— Puedes confiar en mi. No se lo diré a nadie. —en este momento me da todo igual. La vida me da igual.
— Marsh se va. El abuelo que jamás tuve, se va. —digo, y apartó la mirada, esta vez para mirarle a el. Me mira, sin dar expresión alguna.
— ¿Y esto es suyo?
— Si, lo escribió para mi. —no aguanto más, y rompo a llorar.
Supongo que no sabe que decir, porque empieza a leerla. Cuando acaba, mueve su mano hasta dar con la mía. Y la acaricia. No es algo que me moleste, al contrario, me tranquiliza. Y el propósito es bueno, así que no tengo porque apartarle.
— Se lo que es perder a alguien. Lo siento. —asiento, y nos quedamos así.
Sin hacer nada más que... mirar a la nada.
Quizás yo estoy esperando a algo.
Como que Marsh vuelva.
Pero no ocurre.
ESTÁS LEYENDO
DIFERENTES (Completada)
Fanfiction- Así que... gemelos. - Aha. -responden a la vez. - Ahora entiendo que fueseis iguales. - ¡No somos iguales! Somos diferentes. -..... sois gemelos. - Si, pero somos muy diferentes. - Si tú lo dices... *** Prohibido el plagio a esta novela, sed creat...
