Capítulo Dieciseis

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El regalo por parte de Logan había superado todas mis expectativas, ahora era oficial, éramos novios y se sentía increíblemente sensacional decirlo. Sí, nunca pensé que Delilah Schneider pensaría de esa forma, pero claro, tenía que llegar esa edad en la cual los hombres ya no eran un asco.

       Logan sin duda alguna no era un asco.

       Llegué a casa antes de que dieran las siete, tal y como Logan le había prometido a mi padre que sería.

       —Feliz Nochebuena y espero que te guste mi regalo —murmuré sobre sus labios y besé estos, bajándome a los pocos segundos para ir en dirección a mi casa.

       Entré después de tres intentos de meter la llave y cuando por fin lo pude me encontré con mis padres rezando frente al árbol, algo que nunca hacíamos: rezar.

       Me acerqué lentamente, dejando las llaves en la mesa de entrada al mismo tiempo que me sacaba toda la molestosa ropa que Logan me había hecho poner para que no terminara resfriándome.

       —…Y queremos pedirte Beau, que sigas cuidando a tu hermana, quien cada día se ha hecho más fuerte. Te amamos y te extrañamos, cuanto desearíamos tenerte por lo menos un día más con nosotros. Siempre estás en nuestros corazones y… es tan difícil pensar que las fiestas serán así a partir de ahora, sin tu hermosa presencia —la voz de mi madre estaba tan quebrada que tenía que hacer pausas entre las palabras para llorar.

       Nudo en la garganta, nudo en la garganta.

       —Nuestras vidas nunca más serán las mismas, nuestras navidades y años nuevos no van a ser iguales sin tu presencia, sin tu hermosa sonrisa —dije yo de repente, uniéndome a ellos. Mis padres se sorprendieron y ladearon una sonrisa a pesar de las lágrimas que estaba derramando. —Sin tus tontas bromas, te amamos, Beau y sé que donde sea que estés nos estás cuidando de la mejor forma. Gracias por todo, hermanito.

       Y como era de esperarse, terminé llorando.

       Lloramos los tres juntos abrazados a un lado del árbol, escuchando la insoportable música que provenía de una de las luces que decoraba el árbol.

       —No te sentí entrar, Delilah —dijo mi madre entre sollozos, usando un pañuelito que pasó por sus hinchados ojos.

       —Me sorprendió encontrarlos así.

       —Fue algo que me enseñaron en el centro de rehabilitación —respondió mi madre, esta vez más tranquila.

       —¿A hablar con un árbol? —dije intentando poner un poco de humor al momento.

       Mis padres me miraron y soltaron una carcajada.

       Misión cumplida.

       —Hm… huele excelente, ¿qué hay de cenar? —dije levantándome, pasando una mano por mi rostro.

       —Tu madre cocinó —sonrió James.

       —Sí, he estado lejos pero mis dotes de cocinera no los he perdido —mi madre se incorporó y me dedicó una sonrisa.

       —Se nota, mi estómago ya está pidiendo a gritos que cenemos —dije sonriendo.

       —Siempre tan hambrienta —se quejó mi madre y caminó hacia la cocina negando suavemente con su cabeza mientras reía.

       Mi padre me miró de pies a cabezas y luego esbozó una sonrisa, cruzando sus brazos sobre su pecho.

       —¿Y?

       Fruncí mis labios y entorné mis ojos en dirección a él.

       —¿Y qué? —pregunté confundida, imitándolo con su pose, cruzándome los brazos.

       —Vamos Delilah, escupe todo.

       Ahora sé de donde había sacado todo mi vocabulario.

       —Sí, papá, estoy de novia con Logan —dije poniendo mis ojos en blanco.

       Él soltó una carcajada y me abrazó, mirándome de una forma que nunca antes lo había hecho.

      —Bueno, este día tenía que llegar ¿no es así? —dejó salir mi padre con un puchero.

En la Oscuridad y la LuzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora