Capítulo Treinta y Uno

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Las clases de matemáticas me aburrían cada vez más, ¿por qué no se trataba solo de números? Recuerdo cuando simplemente eran sumar y restar pero desde que metieron las letras junto a los números, matemáticas se había hecho más complicado que nunca, ¿a quién rayos le importaba cuanto “x” significaba? ¡A nadie! Jamás me serviría esto en mi vida, solo una pérdida de tiempo.

       —¿Cómo vas?

       La voz de Adam me sacó de mis pensamientos anti-matemáticos.

       —Una palabra: Asco —murmuré negando suavemente con mi cabeza. —Realmente jamás entenderé matemáticas.

       —Que exagerada —rió él —Yo fui testigo de que eres mejor de lo que piensas.

       —¿Pero por qué meten letras? Matemáticas son números —me quejé y él carcajeó.

       —Relájate, ya quedan como diez minutos de clases —me reconfortó y terminó por ayudarme en los ejercicios que me quedaban por hacer, es decir, todos los ejercicios.

       —Bien, para el examen tú y yo estudiaremos en mi casa y no voy a aceptar un no como respuesta —lo apunté fingiendo una amenaza de mi parte.

       Él levantó sus manos y esbozó una sonrisa mientras asentía débilmente.

       —Claro que sí, Delilah.

       Celebré moviendo mis brazos de arriba hacia abajo, un acto que debo admitir fue extremadamente estúpido y del que a los segundos me arrepentí, pero Adam no hizo nada más que reír y celebrar junto a mí.

       Miradas del resto de la clase, además del profesor, se posaron en nosotros, pero fue justo en el momento en que el timbre avisó que la clase había terminado.

       —¿Cómo te ha ido en los entrenamientos? —pregunté tomando mi mochila, saliendo de la sala junto a Adam.

       —Bien, aunque estoy exhausto, pronto se viene un gran juego —bufó y luego me sonrió. —Pero lo bueno es que el baile es mañana.

       —Cierto, esa tontería —murmuré y luego me di cuenta de lo que acababa de decir. El maldito baile era mañana. Mañana. —¡Oh dios! ¿Es mañana? —pregunté sorprendida.

       —Veamos… hoy es jueves, mañana es viernes… así que sí, me parece que es mañana —carcajeó.

       —Oh, no tengo nada para usar… —murmuré con rabia. —Ni siquiera quiero ir.

       —Entonces no vayas, ¿por qué tienes que ir? —me miró de costado.

       —Le prometí a los chicos que iría —me encogí de hombros y luego suspiré. —Jamás he ido a un baile, ¿sabes?

       —¿Jamás? —preguntó soprendido.

       —Nunca, nunca.

       —Es una lástima que prometieras ir con tus amigos porque la chica con la que me gustaría ir eras tú —dijo Sloan de la nada.

       Me quedé perpleja observándolo sin saber que decir. ¿Qué era lo que había dicho? ¿Adam Sloan quería ir junto a mí al baile? ¿El mismo Adam con el que años atrás yo soñaba y básicamente babeaba? Dios, ¿cómo era eso posible?

       —Uhm, hmmm… —aclaré mi garganta. ¿Qué rayos estaba haciendo? —Lo siento —murmuré y bajé mi mirada. —Yo creo que Cheryl es una buena alternativa, Adam.

       Él dejó salir una carcajada y se encogió de hombros.

       —Nos veremos en el baile, Delilah —me sonrió y observó por sobre mi hombro. Me volteé y vi a Logan acercarse hasta donde nos encontrábamos. —Adiós.

       Adam desapareció y Logan llegó mirándome confundido.

       —Es algo extraño, ¿eh? —dijo y me sonrió depositando un corto beso en mis labios.

       —Quizás —murmuré mirándolo.

       —¿Qué pasa?

       —¿De qué hablas?

       —Estás extraña, no sé, como nerviosa… —murmuró mirándome preocupado. —¿Estás bien?

       —Oh, eso —dije y reí —Sí, estoy bien —asentí y dejé salir un sonoro suspiro. —Solo recordé que el baile es mañana y no tengo nada, la semana se pasó volando.

       Logan me observó riendo de manera divertida y pasó su mano por mi cabello, tranquilizándome de esa forma.

       —¿Eso era todo? —preguntó divertido. —Ellen puede ayudarte. Aunque no lo creas es fantástica con los vestidos para este tipo de fiestas.

       —¿Sí? Está bien, le pediré ayuda.

       —Y mañana lo pasaremos excelente juntos en el baile —murmuró tomando mi rostro entre sus manos, dedicándome una de sus dulces sonrisas que hacían que las mariposas en mi estomago despertaran y revolotearan dentro de mí.

        —Eso espero —mordí mi labio inferior y me acerqué dándole un beso que duró solo unos segundos.

En la Oscuridad y la LuzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora