Capítulo Ocho

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Por quince minutos nos quedamos totalmente en silencio, sin contar la música que se escuchaba en el auto de Logan. Nos dirigiamos al sureste de la ciudad, donde se encontraba el hotel en que mi padre vivía.

       —¿Estás segura de esto? —preguntó Logan volviendo a mirar la tarjeta con la dirección del hotel.

       —El día tenía que llegar ¿no?

       —¿Te espero afuera?

       Negué con mi cabeza ladeando una sonrisa.

       —No, ya has hecho demasiado por mí, ve a tu casa y descansa como mereces, es Domingo, quédate en cama y ve alguna película que den por el cable.

       —No me costaría quedarme a esperarte. Entre una película y quedarme afuera del hotel esperando no hay mucha diferencia —ladeó una sonrisa mirándome por unos segundos. —Y llegamos.

       Miré por la ventana. Un rascacielos se encontraba frente a mis ojos. Estaba a pocos segundos de enfrentar a mi padre, de pasar un rato con él después de ocho meses.

       —Son casi las dos de la tarde y no sé cuantas veces en el día te he dicho esto, pero…gracias —me quité el cinturón de seguridad y lo miré, dedicándole una sonrisa.

       —Cuando quieras.

       Abrí la puerta y antes de bajar noté como su mano me detenía, tomando la mía. Lo miré por sobre mi hombro y reí ante su mirada, sus grandes ojos azules no dejaban de mirarme, haciendo que de alguna forma me sintiera avergonzada.

       —¿Te ibas a ir así sin más? —preguntó enarcando una ceja.

       —¿Y de qué otra manera podría irme?

       —Despidíendote como se debe —Logan sonrió, atrayéndome a él para besarme nuevamente. Llevó su mano a mi mejilla, acariciando esta con su pulgar, alejándose para así mirarme, volviendo a sonreír. —Así.

       —Tendré en mente que desde ahora tengo que despedirme así —reí saliendo del auto. —Nos vemos. Gracias por traerme.

       —Deja de agradecer —se encogió de hombros soltando una carcajada. —Llámame cuando salgas.

       —Lo haré.

       Y vi como el auto de Logan se alejaba de a poco, dejándome completamente sola.

       Dejé salir un suspiro y entré al hotel, di el nombre de mi padre en recepción y subí hasta la habitación en donde se encontraba. Mi padre se encontraba esperándome en la puerta.

       —Delilah, que bueno que viniste, me sorprendió cuando me dijeron que venías.

       —Tenía que hacerlo, en algún momento —me encogí de hombros y mordí mi labio inferior. —Hola.

       —¿Vamos a comer?

       Asentí y lo seguí. Bajamos hasta el primer piso y él me llevó hasta el restaurant del hotel.

       —Me alegra que hayas decidido venir, Delilah.

       Lo miré por unos segundos. Sus ojos se encontraban cansados, unas grandes ojeras me llamaban la atención y se notaba como de a poco iba envejeciendo.

       —Vine para saber por qué me dejaste.

       Sus ojos se encontraron con los míos, la sorpresa en ellos era evidente, no se esperaba eso por parte mía.

       —Todo fue demasiado, hija.

       —¿Y crees que para mí no lo fue? —pregunté mirándolo con los ojos completamente abiertos. —Soy una adolescente, una adolescente que de un momento a otro se quedó sin hermano, sin mamá y sin un padre, el cual perfectamente se podría haber quedado cuidándome en vez de abandonarme e irse de fiesta por diferentes clubs de la ciudad. Esto es tan difícil para mí como lo es para ti, pero yo a diferencia sí intenté seguir con mi vida, volviendo a la maldita escuela y viviendo en esa casa completamente sola, sin tener ayuda de nadie en los últimos ocho meses, ¿crees que es fácil? —tapé mi rostro con ambas manos, quitándome las lágrimas que habían salido al hablar. —Tuve que ingeniármelas por mi cuenta, tuve que soportar como todos hablaban a mis espaldas y he intentando ser la mejor alumna de lo que siempre he sido en la vida ¿y para qué si ni siquiera tengo un padre o una madre a quien decirles mis calificaciones o lo bien que lo estoy haciendo en el colegio?

       —Hija, no sabía…

       —Claro, no lo sabías porque nunca llamas y cuando lo haces es para avisarme que llevarás el dinero, pero no te importa nada más. Además de eso me has mantenido en secreto donde se encuentra internada mamá… y no sabes cuantas veces he deseado poder ir a verla.

       Mi padre se quedó en silencio observándome.

       El mozo se acercó con ambos platos a nuestra mesa, dejándolos rápidamente al notar que había llegado a interrumpir una gran discusión.

       —Permiso, no tengo hambre —me excusé, levantándome de la mesa para salir corriendo del lugar.

       Escuché a mi padre hablar con el mozo y sus pasos detrás de mí.

       —Delilah, —mi padré llamó mi atención, haciendo que me detuviera, mirándolo por una vez más, esperando a que volviera a hablar. —he sido la persona más egoísta y no puedo negarlo, no pensé en ningún momento en lo que tú o tu madre sentían, fue un error, fue el peor error porque perdí a mi familia, ni tu madre ni yo supimos como seguir adelante y de todos fuiste tú quien supo hacerlo. Me siento el peor ser humano del mundo y recién hoy puedo darme cuenta del daño que te hice.

       —Papá, yo también sufro a diario por la muerte de Beau y se me hace más difícil porque tengo que vivir en esa casa en donde viví la mayor parte con él, y tengo que vivir sola y sufrir en silencio. Lo único que pido es que intentemos ser una familia nuevamente, porque todavía soy una niña, una niña que necesita un padre.

       Mi padre se acercó y me acogió en sus brazos, después de ocho meses tenía los brazos de mi padre alrededor mío, haciéndome sentir tan protegida como cuando tenía seis años y me asustaba la oscuridad. Todas las noches era él quien me abrazaba y se quedaba junto a mí hasta que me volviera a dormir. Me había vuelto a sentir como la Delilah de seis años, esa Delilah que tenía un padre que la protegía y apoyaba.

En la Oscuridad y la LuzDonde viven las historias. Descúbrelo ahora