Llamé a los chicos, uno por uno para agradecerles los regalos, y ellos igualmente lo hicieron conmigo. Neil se rió ante lo que le decía, me había sorprendido y tenía que repetírselo.
"Sabía que te gustaría", "sabía que iba a gustarte", "es la mejor foto que encontré de ustedes", fueron las cosas que me decía por teléfono.
Preferí no llamar a Logan, solo me dediqué a mandarle un mensaje por el celular. "A las 5 en mi casa. Te quiero".
El día estaba frío, pero eso no era novedad en esta época del año. Elegí un sweater verde militar después de darme una ducha, el que acompañé con unas calzas negras y mis converses negras también. Mi cabello lo peiné en una trenza, ya que siempre me quedaba desastroso.
—Delilah —mi madre se acercó por la puerta y llegó hasta mí. —Vaya, que linda.
—Gracias —reí, sabía que solo lo decía porque era mi madre, no tenía nada de especial. —¿Pasó algo?
—Con tu padre iremos al... al centro de rehabilitación —le costó decirlo, pero yo ya lo sabía.
—Lo sé —murmuré y la miré. —Espero que te vaya bien —aclaré mi garganta. —¿Volverás?
—Espero que sí —se acercó y me dio un asfixiante abrazo.
—Ok, pero no tienes que matarme —dije entre risas y besé su mejilla.
Escuché como desde el primer piso mi padre gritaba el nombre de mi madre, llamándola para que bajara y se fueran. Le di otro abrazo, por si acaso no volvía a casa y nuevamente lo correspondió, dándome un beso en la frente.
—Te amo —dijo al salir.
—¡Yo a ti! —exclamé y después de unos minutos escuché el motor del auto y como de a poco se iba alejando.
Volvía a estar sola en esta gran casa, no sabía cuándo había sido la última vez que había estado sola, pero no me importaba, ahora podía soportar un par de horas de soledad, siempre y cuando mis padres volvieran a mí.
Poco rato después de que mis padres salieran el timbre sonó. Eran las cinco en punto.
Logan. Tan puntual siempre.
Bajé rápidamente y abrí con una gran sonrisa en mi rostro, abalanzándome a él como si no lo hubiese visto hace años (siendo que no había pasado ni 24 horas desde que nos habíamos separado)
¿Quién lo diría? Delilah comportándose de esta forma.
Ya me imaginaba a Beau riendo por esta imagen.
—¡Feliz navidad! —exclamó él, riendo por mi efusivo saludo. Tomó mi rostro entre sus manos y me besó.
—Feliz navidad —murmuré sobre sus labios y mordí el inferior, haciéndolo entrar al separarme.
—Muy lindo tu regalo —dijo de repente, quitándose el abrigo que llevaba, dejándolo en el perchero.
Me di una vuelta y volví a tenerlo de frente.
—¿Te gustó? Soy la peor dando regalos —esta vez fue mi propio labio inferior el que atrapé entre mis dientes.
—Me gustó mucho, Delilah —dijo con una sonrisa. —Sabes que Stephen King es mi autor favorito.
Le sonreí y asentí.
Su regalo me costó un mundo conseguirlo, pero lo había hecho. Había conseguido comprar una gran colección de libros de Stephen King y había logrado que él la firmara.
Fue una gran lucha entre e-mails con muchas personas, pero los libros llegaron firmados antes de Navidad.
—Cuando lo abrí no podía creerlo.
—Eso quería —dije con una risa.
Logan sacó algo de su bolsillo y levantó sus cejas. Desdobló el papel y antes de leerlo me miró.
—"Querido Logan: Gracias por dedicar tu tiempo en leer mis novelas, me enorgullece que sea quien te inspire en estudiar literatura, sigue adelante. PD: Cuida a esa chica. Saludos, Stephen King" —leyó Logan y luego sonrió. —¿Lo habías leído?
Negué suavemente. Wow.
—Cuida a esa chica, ¿eh?
—Sí, aunque no era necesario leerlo de su parte, yo ya sabía que debía cuidarte, eres increíble —murmuró y me dio un abrazo.
Sentí un cosquilleo en mí, ¿qué era lo que me causaba este chico? Me tenía loca, casi me sentía diferente a lo que siempre había sido yo.
—Mereces eso y mucho más.
Sí, esta vez era yo quien lo decía. Por fin había tenido la oportunidad de yo decírselo a él.
Él simplemente rió, negando lentamente con su cabeza mientras me miraba.
Lo tomé de la camisa a cuadros que llevaba y lo acerqué a mí, tal y como lo había hecho la primera vez que nos besamos en su auto. Busqué sus labios e hice que impactaran, comenzando así a besarlo de una forma en que nunca antes lo había hecho. Él sorprendido respondió el beso de la misma forma, rodeándome con sus brazos por mi cintura. Caminé escaleras arriba junto a él, deteniéndome en ocasiones para besarlo. Logan simplemente estaba sin palabras, solo respondía a todo lo que yo hacía.
Lo llevé hasta mi habitación y me detuve por un segundo para encontrarme con sus hermosos ojos azules, los que me miraban de forma aún sorprendida. Dejé salir una suave carcajada y deslicé mis manos por su camisa, aprovechando de desabrochar los botones en el camino. Pude sentir entre las caricias como su corazón comenzaba a latir cada vez con más intensidad.
Sus ojos azules me miraban de una forma penetrante y me parecía que mis ojos lo miraban de la misma manera.
Posé mi mano derecha sobre su pecho y sonreí con cada latido, atreviéndome a quitar su camisa por completo, dejando que chocara contra el suelo.
Se acercó a mí y me acorraló contra la puerta, haciendo que de un impacto se cerrara.
Oh, así que Logan ya dejó la timidez de lado.
Deslicé mis manos por su espalda y acaricié con la yema de mis dedos su piel. Juntó sus labios con los míos y me besó de una forma tan desconocida, que rápidamente hizo que sintiera un cosquilleo dentro de mí.
Dios, comenzaba a hacer calor.
Su lengua se encontró con la mía de manera agresiva y de a poco comenzó a subir el sweater que llevaba, haciendo que nuestros cuerpos se separaran para llevarme hasta la cama, deshaciéndose del sweater por completo.
Jamás me imaginé de esta forma.
Logan pasó sus manos por mi espalda, hundiendo sus dedos sobre mi piel mientras sus besos bajaban por mi mandíbula. Oh, se sentía tan increíblemente bien. Mi cuerpo reaccionó a sus besos y mi cabeza se inclinó hacia atrás mientras una de mis manos lo atraía a mí tomando su cabello, dejando de lado toda la ternura que en algún momento existió.
Mis latidos comenzaron a acelerarse de forma salvaje, tan así que hasta Logan pudo notarlo, lo que hizo que se detuviera. Mis ojos se encontraron con los suyos y se mordió el labio inferior.
—Puedo detenerme —dijo de repente.
Negué enseguida.
—No —se escuchó casi como un ruego. No quería que se detuviera, todo lo contrario.
Me aferré a su cuerpo y aproveché de sentarme sobre su cadera, esbozando una sonrisa que desconocía en mí.
Vaya, esto se sentía bien.
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En la Oscuridad y la Luz
Genç KurguLa vida de una adolescente puede cambiar de la noche a la mañana, y ese es el caso de Delilah Schneider, quien después de la muerte de su hermano vuelve a vivir en la oscuridad: un infierno viviente. Todo en su vida cambia y termina por sí sola, vol...
