No había visitado a la Doctora Coleman desde antes de las fiestas y ya era hora de visitarla. Había estado escribiendo en el cuaderno como ella me lo había pedido y por suerte todo marchaba de maravillas. Había dejado de lado los cortes, lo que se me había hecho una tarea difícil, pero que al fin lo había logrado, ya no sentía esa oscuridad en mí e incluso podía hablar sobre Beau sin sentir ganas de morir o de llorar, podía hablar de mi hermano con una sonrisa en el rostro ante los recuerdos de los dos juntos.
La Doctora Coleman me estaba esperando con una sonrisa en el rostro y al verme se levantó para darme un cálido abrazo, el cual no dudé en responder.
—¿Cómo estuvieron tus fiestas, Delilah? —preguntó Jenna sentándose en la silla giratoria frente a su escritorio.
—Todo está aquí —le deslicé el cuaderno por sobre el escritorio y ella lo tomó. —¿Y sus fiestas?
—Como cada año. Mi familia y yo viajamos a Minnesota para visitar a los padres de mi esposo y nos quedamos hasta el 3 de enero, cada año igual y cada año es mejor que otro —los ojos de la doctora reflejaban felicidad, una felicidad que llegaba a contagiarme.
Pasó su mirada de mis ojos al cuaderno que tenía frente a ella. Miré a mi alrededor jugando con mis dedos mientras ella se dedicaba a leer, no sabía la razón pero me sentía incómoda cuando leía mis escritos.
—Entonces todo bien con tus padres, con tus amigos y con tu novio —dijo después de unos segundos.
Yo simplemente asentí ladeando una sonrisa. Jenna pasó una de sus manos por su rostro y se quitó los anteojos que llevaba, colgándolos en el cuello de su camiseta.
—Te tengo una tarea, Delilah.
—¿Una tarea? ¿Qué es? —enarqué una ceja algo expectante ante su respuesta.
—Quiero que algún día vayas a visitar a tu hermano.
La sonrisa que llevaba en mi rostro por varios minutos desapareció. Sí, podía hablar de Beau y no llorar, podía acordarme de anécdotas con mi hermano y sonreír o incluso reírme, pero otra cosa era visitarlo. No había ido desde el entierro, no me sentía capaz de poder pisar el cementerio y ver una piedra con su nombre. No sabía si podía llegar a hacerlo…
La Doctora Coleman pudo leer mi expresión y tomó mi mano dándome dulces caricias con su pulgar.
—Sé que es una tarea difícil, por eso no te lo estoy pidiendo ahora mismo, quiero que recapacites un poco y que cuando te sientas cien por ciento lista vayas. Vas a ver lo bien que te hará… muchas personas van al cementerio y se sienten seguras ahí, incluso le hablan, quizás eso te sea de ayuda, ¿qué piensas mi niña? —la voz de la Dr. Coleman era tan dulce que hizo que una sonrisa se asomara en mi rostro.
Suspiré y tomé de vuelta mi cuaderno, asintiendo débilmente.
—Le prometo que cuando me sienta capaz iré, se lo prometo —aseguré y me levanté del asiento. —Ahora debo irme, Logan espera por mí afuera. Nos vemos el próximo domingo.
—Nos vemos y saludos a Logan.
Salí de la blanca sala para ir en busca de Logan, quien se encontraba leyendo un libro en la sala de esperas. Me senté a un lado de él y deposité un beso en su mejilla, él enseguida dejó de lado el libro y me sonrió.
—¿Cómo te fue?
Pasé mi lengua por mi labio inferior, remojándomelo y me encogí de hombros.
—Bien, la doctora Coleman está feliz con todo lo que llevo escrito —aseguré dándole una de mis mejores sonrisas. —¡Ah, y te mandó saludos! —recordé.
Logan simplemente sonrió y entrelazó sus dedos con los míos para levantarnos e ir hasta su auto.
—Yo, al igual que la Doctora Coleman, estoy muy feliz y orgulloso por ti —dijo una vez dentro de su camioneta. —Has avanzado mucho en poco tiempo. Eres una persona muy fuerte, Delilah.
Se me hizo difícil no sonreír ante sus palabras, tomé su rostro con una de mis manos y me incliné para besar sus labios, una de las cosas que más me gustaba hacer desde hace meses.
—También… también quiere que cuando esté preparada vaya a ver a Beau —hablé dejando salir un suspiro al separarme de sus labios.
Su mirada azul se cruzó con la mía y sabía exactamente lo que yo estaba pensando. Logan me conocía a la perfección.
—Pero no estás lista aún —completó.
—Exacto —murmuré y me encogí apenas de hombros. —Pero… pero creo que pronto lo estaré, además creo que Beau merece una visita de mi parte. No he ido desde el entierro y me siento muy mal por eso —admití mordiéndome el labio inferior. —Creo que es lo mínimo que puedo hacer por mi hermano mayor y mejor amigo, ¿no lo crees?
—Todo a su debido tiempo, Delilah —acarició suavemente mi mano con su pulgar y prendió el motor del auto para salir de ese lugar que yo frecuentaba visitar.
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En la Oscuridad y la Luz
Teen FictionLa vida de una adolescente puede cambiar de la noche a la mañana, y ese es el caso de Delilah Schneider, quien después de la muerte de su hermano vuelve a vivir en la oscuridad: un infierno viviente. Todo en su vida cambia y termina por sí sola, vol...
