diecisiete - ella

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La mirada del chico que tengo delante me resulta tan familiar que me asusto y aparto la vista, pero él no para y lo peor es que no me quita ojo de encima. Está temblando. Le tiemblan las piernas, los brazos y todos y cada uno de los dedos.
¿Qué es esto?

Me entran ganas de llorar, y quiero despertar a Julia para decirle que me ayude, que qué hago, pero en vez de eso me quedo parada, sin poder reaccionar.

El tembleque aumenta y yo no puedo más, voy a estallar de los nervios.
Tengo que tranquilizarle como sea.

-Eh.. -digo sentándome en un extremo (muy extremo) de su cama.- Tranquilo.. tranquilo.. tsh.. no pasa nada.. estoy aquí..

Menuda tontería debo de estar haciendo, pero de verdad que no se me ocurre otra cosa. Me están empezando a temblar las manos a mí también.
Le incorporo un poco sacando fuerza de no sé dónde y, al poco, deja de toser.
Bueno, algo es algo.

Quiero que deje de mirarme con esos penetrantes ojos azules que me están poniendo tan nerviosa pero, al observarlos más fijamente, creo que consigo percibir ¿miedo? ¿temor? en ellos.

Acaricio su brazo por encima de la tela que le cubre, presionando un poco para ver si así sale del trance en el que parece encontrarse.

-Ha sido una pesadilla, ¿vale?- susurro sin parar de pasar mi mano por la tela que cubre su piel- Estás bien, no pasa nada.. estoy aquí..

Poco a poco, empieza a dejar de temblar.

-Tsh.. tranquilo..

El ambiente se relaja un poco y él ya no parece mirarme de la misma manera. ¿Estará dormido?
Por si acaso, continúo haciéndole cosquillitas, hasta que su cuerpo se relaja completamente. Entonces cierra los ojos y suelta un pequeño suspiro.
Tengo miedo de que le vuelva a pasar algo y que yo ya no esté ahí, así que continúo acariciando con suavidad su brazo que ahora está sobre mis piernas, cubierto ya solamente por el traje del hospital.

No sé cuánto tiempo pasa hasta que decido que ya puedo parar.
Recojo mis cosas, meto toda la mercancía de Julia en el cuarto cajón de su mesilla, le doy un beso en la frente y salgo por la puerta por la que entrado hace casi una hora y media.

Eso sí, antes de irme pienso avisar a un médico de lo que ha pasado.

Eso sí, antes de irme pienso avisar a un médico de lo que ha pasado

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-¿Necesitas algo, bonita?- dice la recepcionista con una sonrisa. Pobrecita, parece cansada.

-Quería informar a un médico o a quien esté disponible de que en la habitación número 211 un chico ha empezado a hacer cosas raras y, bueno, ya le he tranquilizado un poco pero creo que, por si acaso, quizá deberían echarle un ojo.

La señora me mira y vuelve a sonreírme.

-Un momento.

Marca un número que no conozco en un móvil antiguo de esos que tienen cable, y se comienza a enrollar el pelo con el dedo mientras habla con una voz mucho más dulce de la que tenía cuando ha hablado conmigo (¿de verdad está ligando por teléfono?).

-Sí[..] Sí[..] Ah, no, claro que no[..] Sí, por supuesto[..] ¿Dos minutos entonces?[..] Vale, perfecto. Pues hasta ahora[..] Adiós.

Cuelga y se vuelve a dirigir a mí de nuevo.

-Ahora baja, espera allí- señala un sofá a unos diez metros de donde me encuentro.

Asiento mientras me dirijo hacia el lugar señalado, y espero pacientemente.
Pasados dos minutos, levanto la cabeza y veo a una persona de bata blanca que se dirige hacia mí. Lleva un maletín en la mano.

-Hola, soy el doctor Jordi. ¿Qué tienes que contarme?

-Pues.. -digo juntando las manos, que casi me sudan por los nervios- En.. en la habitación 211 hay un.. un chico y esto.. antes le ha pasado algo y.. y pues ahora ya está bien, creo, pero yo.. pues quería asegurarme de que iban a estar pendientes de él.

El médico sonríe, como para tranquilizarme, y luego enarca una ceja.

-Y exactamente, ¿qué es lo que le ha pasado?

-Pues.. ha sido como que se ahogaba, no sé.. y luego.. luego se ha puesto a temblar- digo, y me estremezco sólo de pensarlo.

-Bueno, pues lo tendré en cuenta. Muchas gracias..

-Sandra.

-Bueno, pues muchas gracias, Sandra. Y ahora, es mejor que te vayas a tu casa. ¿Tienes a alguien conocido en este hospital? ¿Un familiar tal vez?

-Sí, una amiga mía. Julia, habitación 211. Tiene cáncer. Seguro que la conoce, lleva aquí ya tres meses.

-Ah, ¡Julia! - dice llevándose la mano al pelo, y esbozando una sonrisa triste- Es una buena chica.

-Sí, lo es.

Y los dos nos quedamos un poco perdidos entre un silencio tan espeso y tan lleno de pensamientos que se puede cortar con unas tijeras.

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