100% de la vida normal.
El 10 de octubre, por la mañana, me dispuse a salir a correr; con tenis deportivo y ropa ligera. Llevaba nueve días encerrada en mi habitación. Mis padres y hermano hicieron el intento de alentarme para salir de mi enclaustramiento, no les funciono. Tan solo quería sostener mi almohada en mi cara y llorar hasta que se empapara; después contemplar las fotografías de Jasón e imaginarme que me besaba. Eso se volvió una rutina de mis días anteriores. Entonces me volví en un tipo de depresión.
Si antes de eso me hubieran preguntado qué significado tenía la depresión para mí. Les hubiera contestado con absoluta seguridad: "una idiotez y gasto innecesario de tiempo". Sí, me burlo de aquellas personas que se tiran en su cama y no quieren saber de la vida. Me burlo de su idea ridícula de morir por un suceso pasado del que se arrepienten. Me burlo de lo patético que es la definición («opresión», «encogimiento» o «abatimiento»). Me burlo de que se aferran al sufrimiento y no ven que hay un sol resplandeciendo. Me burlo más de la idea absurda de querer acabar con su vida. En conclusión: me burlo de mi situación.
¿Cómo una persona que pensaba que la vida es un regalo, ahora la ve como un suplicio? Hay varios conceptos que evolucionan a lo largo de todo humano. Los míos cambiaron. Digamos que antes eran de colores llamativos, y ahora son de una tonalidad opaca. Lo más cierto de todo lo que tenemos, es que, según lo que nos pasa, es nuestra apreciación y evaluación.
Antes no sabía lo que era las ganas de no vivir, ahora lo sé. Y ese concepto cambio por una partida. ¿Lo veo? Si, ahí está. Mis ganas de afrentarme a existir, se apagaron. Por un suceso que no debió pasar, pero así fue. Esto hizo girar mis pensamientos a una vuelta de 180º. Ahora que estoy de lado oscuro (por así llamarlo), comprendo muy bien esas ganas de dejar respirar.
Todos esos chicos que se han suicidado, lo hicieron por un motivo. Motivos que quizá no eran suficientes para abandonar el arca, pero eran los justos para querer desaparecer. Es fácil juzgar cuando las cosas no se palpan en propia piel. Llamaría a todos esos suicidas "estúpidos". A mi criterio lo fueron. Pero qué tal si nos visualizamos en su situación. Puede ser que al chico lo maltraten, o tenga problemas en casa y su papel solo sea el de la víctima. ¿Qué más solución se da cuando no hay otra alternativa? La más práctica que deslumbra en un momento de desesperación, es la muerte.
Respuesta fácil, eh. Y la más difícil al tiempo.
Quizá esto paso por mi mente en muchas ocasiones, cuando estaba acogida en la soledad de mi habitación. Pero descubrí que hay 50% de razones para vivir; y un 50% de razones para morir.
50% de razones para vivir: las personas que me han visto crecer y han aprendido a amarme.
50% de razones para morir: la pérdida de mi gladiador, que se había convertido un todo.
Juntándolas se vuelven un 100% de la vida normal.
Y, ¿qué obtengo? Las mismas razones que tenemos todos al pisar la tierra.
¿Por qué yo sería especial y solo tendría razones buenas para vivir? ¿O por qué yo sería un caso exclusivo de razones para morir? Es que no hay tal cosa. Todos contamos con la misma balanza de posibilidades (50/50). Solo que a veces estamos puesto el lugar de "50% de razones para morir", y cuando nos encontramos inclinados en ese sitio, el "50% de rozones para vivir" se disminuye. O viceversa.
No se confundan, no quieran morir cuando pueden vivir en un mundo de destrucción/alegría. ¿Es que todo lo queremos perfecto? Pues no hay tal cosa. Se viene a experimentar. No se viene a gozar y a todo el tiempo a bailar; venimos por una misión agridulce.
Decidan la vida ante la marea de conflictos. Somos iguales y tenemos los mismos porcentajes. Podemos decidir a cuál darle mayor importancia.
La costa se percibe apaciguada cuando llego. En el amanecer, unos que otros espectadores se reúnen en la orilla; por eso ahora, que ya ha pasado, la playa se ve un tanto deshabitada. Dejo de trotar cuando piso la arena. Me detengo ahí y observo el horizonte. Las dibujadas nubes que se mezclan en el color azul del cielo, claro e inmenso. El sol apenas y quitándose la flojera para salir en un nuevo día. El viento galopa con la marea, creando un ritmo patrón. Muy de lejos, se ubica una pequeña isla, que muy de apenas se distingue en forma de roca. Sería una aventura ir llegar hasta ahí. Los bañistas tiemblan por la frialdad del agua salada; igual no interesa, se quedan adentro.
Cuando me alejo del paisaje y retomo la trota, tengo un pensamiento «saldré adelante».
***
¿Cómo llegue está aquí? Mi pregunta queda en incógnita.
Solo sé que camine lo justo para llegar a la casa de mi adorada amiga Kate. Ahora espero, con gusto, que abran la puerta.
Pisando el tapete de bienvenida, rememoro las veces que he parado en esta casa por azares de la coexistencia. Son unas cuantas que no sé con exactitud el número por ser demasiadas. Todos los que gozamos de tener mejores amigos, sabemos que a veces ni nosotros mismos planeamos el momento, tan solo llega la situación en que necesitamos de apoyo.
Una trabajadora abre la puerta con la misma seriedad de siempre. Me deja entrar y me da instrucciones de que pase al cuarto de mi amiga. Agradecida por el servicio, subo por las escaleras. Al llegar a planta alta, avanzó por el pasillo derecho. La habitación de Kate es la primera puerta de color blanco, las demás son color caoba. Para mi amiga todo lo perfecto es blanco; según ella, es el símbolo de su pureza.
Toco con mis nudillos, apenas rozándola. Kate habré en el tercer intento; asoma su cabeza por la rejilla. Su ceño es uno confundido; tiene la boca abierta y sus ojos azules inmóviles en mi rostro. Entiendo que no hay mucho que decir. La he ignorado durante los días de mi encierro. Me he negado a contestar sus llamadas y mensajes. En mi defensa, no estaba de humor para soportar a nadie. Creo que igual no es una justificación buena.
–Hola –Le saludo sonriendo.
Apenas y me escucha hablar, se quita de su aturdimiento.
–Hola. –con voz tiembla me contesta. Es capaz de esbozar una sonrisa discreta –. Adelante.
Con menos complejidad y miramiento, se hace un lado para que pueda entrar. En cuanto piso su habitación, me cae una vasca de buenos momentos. Aquellas noches que pase en su casa, organizando cada plan loco que a mi se me ocurría. Ella nunca fue muy ocurrente, por lo tanto siempre era yo la que la sonsacaba a hacer cosas malas. Me alegro de que Kate no se deje corromper por mi maldad, porque creo que seríamos un caso perdido. Por lo contrario, ella ha sido mi mentora para tomar buenas decisiones.
Me siento el sofá de alado de su ventana. La cortina amarilla me toca cuando desciende por el aíre que se cuela. El color de su habitación es blanco; con cuadros de artistas desconocidos, de igual manera, es un arte piadosa. Su cama es todo un desastre, tiene un reguero de ropa esparcido. Creo que en eso no es tan diferente a mí; somos un desastre al escoger ropa. La mueve a un lado, donde se acumula como una montaña. Se sienta en el colchón y apoya sus codos en las piernas; espera a que comience a hablar.
Ahora que ya estoy en su compañía, no tengo intensiones de decir nada. Con observar sus ojos celestes, sé que me entiende. Lo dicho, lo nuestro es una conexión confina.
–Nicole, te extrañaba. –Me dice, y es sincera. Miro al piso, incapaz de sostenerle la mirada. Siento un agujero en el pecho, lo que me indica que empezaré a llorar –. No tienes que contestarme, ¿Sabes? Te comprendo, siempre lo hago y lo haré. Solo quería que estuvieras al tanto de lo mucho que me haces falta. Lamento no haber hecho mucho por ti en esos días, pero es que yo también estaba desecha.
Doy una respiración profunda, mis pulmones se purifican del olor a manzana. Me aliento para mirarla a la cara. Sus ojos son cristalinos, sé que contiene las lágrimas por mí, porque quiere ser la fuerte. Es irónico, ella por lo natural es la dureza en nuestra amistad, pero ahora siento que es la más vulnerable y propensa a sufrir.
–Yo también lo lamento. No debí ser una tonta que cree que puede soportar todo. No puedo, Kate. –A medida que hablo, a ella se le sueltan las lágrimas. Bajan por sus mejillas y se retienen en su mentón –. Perdóneme, pero necesito a mi mejor amiga. –Comienzo a llorar. De inmediato Kate se acerca y me abraza.
Las alaridos de las dos retumban por la grande recamara. Me identifico con mi mejor amiga; y nos aferramos a nuestros brazos. Una a una de nuestras aventuras me pasa por la mente. Que niñas tan inmaduras.
Me consuelo con mi amiga, y pretendo que todo seguirá mejor después de todo.
***
–Nunca te han gustado las películas románticas, siempre prefieres las de acción. ¿Por qué? –Me tiro en su cama con mi paleta de caramelo en mano. Ella se hace para un lado y me habré espacio. Me rio de su mueca cuando le pego en su estómago intencionalmente. Es una debilucha.
–Porque son muy cursis y poco realistas. Igual que los libros. Por cierto ¡los odio! –remarco un énfasis. Kate menea su cabeza en negación.
–Pues los libros no tiene como objetivo ser realistas. Solo buscan satisfacer tu jodida vida real a algo irreal y fantasioso. Digamos, una realidad que quieres. –Me acodo de costado y apoyo mi cabeza en mi mano en puño.
–Pues no quiero una realidad con palabras cursis. Quiero una realidad que me pegue de lo real que es.
–Pues aquí lo tienes. ¡Eres una masoquista! –Dictamina rodando sus ojos. –Jamás estaremos de acuerdo en ese tema. –Digo un poco encogida –. Sin ofender, Kate; pero si quieres un mundo irreal es que no estas satisfecha de tu vida. Los que buscan empaparse de esas porquerías de libros, son solo aquellos los que le temen a vivir. –Me aplaudo interiormente. Creo que he ganado en esta partida de debate improvisado. No tarda tanto en volver a opinar.
–Te equivocas. A los que nos gusta leer, no buscamos evadir nuestras vidas; buscamos la sabiduría de los escritos y aprender de los errores de los personajes. Absorbemos los conocimientos y nos empapamos de irrealismo. Eso nos genera satisfacción.
Me quedo callada. Podría discutir un poco más –y ganas no me faltan– pero creo que me he quedado sin argumentos después de tanto llanto. Es la primera, vez en mucho tiempo, que uso mi cerebro para pelear una tontería. Ya estoy mejorando.
–Da igual. –Chupo de mi paleta. No dejo pasar la sonrisa de complacencia de Kate. Solo por esta vez me ha ganado. – ¿Qué hay de nuevo en la escuela? –Ella se rasca el cabello y lo retira de sus ojos.
–No mucho. Solo más de lo mismo. Créeme, no te has perdido de nada. –Contesta sin una gramo de entusiasmo. Mi preparatoria nunca ha sido de las divertidas, por lo tanto no creo que hubiera pasado mucho. Salvo lo de Jasón. Pero Kate no quiere hablar del tema. Mucho menos yo. Con saber que su auto fue pérdida total y una muerte que pudo haber sido instantánea, me conformo. No quise ver las fotografías que salieron en el periódico; ni quise dar entrevistas a los reporteros. Solo supe por mi mamá que el encabezado fue "Muere hijo del empresario Anderson en aparatoso accidente en busca de su novia". Con eso me quedo del accidente que volcó mi corazón.
–Entonces, ¿Qué tal con Victoria? –Insisto en preguntar sobre algo. –Ella está bien. Brad y ella has sido más inseparables desde que... -Deja inconclusa la frase, pero sé lo que iba a decir "...murió Jasón" –. Creo que su relación va en crescendo.
–Brad se lo merece. Victoria también. Aunque más él. –Kate se ríe de mi sinceridad.
–Tienes razón.
–Y tú y Justin, ¿qué hay de nuevo? –Soy receptora de que su cara se ilumina; aparecen manchas rojas en sus mejillas. Se levanta de un tirón, y no contiene su alegría al hablar del tema. Mira por su ventana, y se vuelve hacía conmigo.
–Él es fantástico. –Declara, otra vez sonriendo con dientes blancos –. No ha pasado mucho de lo que puedo contar. –Se acumula esa duda en mi sistema mental –. Solo sé que él es único en toda la expresión de la palabra. –Puedo asegurarlo. Él lo es para mí también. Es un excelente amigo; como novio debe ser mejor.
Hago esa pregunta indiscreta que muero por saberla –: ¿Ya se besaron?
Kate camina a lo largo de su pieza. Se muerde el labio. Contengo el aíre. Hay varias posibilidades de que ya hubiera pasado; llevan 2 meses de relación, ¿Por qué no? Yo no hubiera soportado tanto sin besar sus labios. Son tan irresistibles que hasta duele tenerlo de tan cercas y no poder saborearlos.
–Sí. –Contesta con inseguridad. Me siento y cruzo mis piernas arriba del colchón. Abro y cierro las palmas de mis manos. Que irracional momento de celos estoy pasando. Entonces hago la otra pregunta requerida para bofarme con la respuesta.
– ¿Qué tal besa? –aprieto los dientes. Kate deja de caminar y me da la espalda.
¡Maldita sea por ser curiosa!
Soy una venenosa que necesita detalles para alimentar los celos. ¿A dónde me lleva esto? A la destrucción de mis sentimientos. Viéndolo de esa manera, necesito detalles para saldar mi atracción por Justin.
–No sé cómo explicarlo.
–Pues puedes decir algo como "de lo mejor", o algo así. Quiero saber cómo fue el primer beso de mi mejor amiga. –Se vuelve. Se está mordiendo el labio. Puede ser que analice cómo describir lo absolutamente maravilloso que fue. Si yo fuera ella, no encontraría palabras para describirlo. "Perfecto" sería una aclamación corta.
–Fue... –vocaliza y se queda muda. Me estoy comenzando a desesperar. Por qué se la piensa tanto. Tan solo con una palabrita me tumbaría. Digamos que estoy en la posición de víctima de una boxeadora profesional.
– ¿Qué? ¿Qué fue? –Exijo ya sin paciencia.
–Fue raro.
¿Raro? En qué sentido podría ser raro. O se refiere de ese raro del bueno. Raro de una manera tan jodidamente-del-infierno bueno que se queda sin palabras para describir lo candente que fue. El "raro" no me dice mucho cuando estoy deseosa de detalles.
Avanza, temeraria, hasta el borde de la cama. Se queda ahí con gesticulación de ida.
–¿No hay más información?
Niega con la cabeza antes de dejarse caer sentada a la cama.
–Fue bueno. Pero intenso. –Ahí está la palabrita que tanto me temía "intenso". Me paso un trago amargo de saliva –. El beso fue salvaje. Me mordió mi labio, el cual sangro. Yo quería que me besara lento y suave. Pero hizo lo contrario a lo que yo había soñada como primer beso. –Suspira –. No me gusto.
Mi mandíbula cae abierta cuando dice lo último. La miro como si fuera egresada de un planeta diferente. Ella no tiene movilidad; se excusa con encogerse de hombros.
Tiene razón. Las mujeres soñamos con ternura nuestro primer beso. Ese momento especial que recordaremos por siempre. De ahí partirán las comparaciones con los demás. Luego la escala irá subiendo según los puntajes de cada hombre y su manera de besar. Yo prefiero los besos apasionados, pero mi amiga no.
–Aunque no fue lo que soñé, a una mínima parte de mí ser le gusto. Él sabe besar, Nicole. –Me reduce con su discreta sonrisa. –Lo malo que no lo ha vuelto a intentar ni yo tampoco. – ¿Su único y primer beso? eso es de locos. Ellos están locos. Su relación es más de amigos, a mi parecer. Me muevo un tanto incomoda –. Pero lo amo, Niki. Lo amo mucho. Es su manera de hacerme sentir cuando toma mi mano. Me hace sentir grande, maravillosa, deseada y valorada. Con tan solo un rose de su mano yo muero de dicha.
Puedo ver la verdad de esas palabras en sus irises azules. Me conmuevo hasta quedarme muda. No hay mucho qué decir sobre el tema. ¿Qué debo de decirle? Dudo profundamente que Justin se sienta igual, pero no se lo digo. Puede ser que este equivoca y, solo tal vez, él sea –como siempre me lo ha demostrado –un diferente caso de rareza entre todos los hombres. No apostaría mucho en esa relación. No confió en mi amigo y su falso sentimiento hacia Kate.
Le sonrió mágicamente; pero mi sonrisa es falsa.
