{Justin Bieber}
25 minutos faltantes marca el reloj. Todo lo que tengo que hacer es seguir esperando a que mi avión se marche. Más alejó de San Diego y voy de vuelta a Canadá, allá donde verdaderamente quiero estar, donde nunca debí salir.
Las personas van y vienen con su equipaje, algunas sonrientes, otras desanimadas. Abordan y salen de los avienes. Todas sus emociones las adivino por su gesticulación facial. Soy completamente bueno es saber los estados de ánimos por sus rostros, es mi talento.
Reviso mi pasaporte. Aún lo tengo en mis manos y no dejo de apretarlo con fuerza. Es como sí eso me mantuviera aferrado a la decisión de irme. Mis dos maletas están en el suelo a un lado de mi asiento, en la sala de espera.
Cuento los segundos en mi cabeza para sentirme menos culpable de mi huida tan inesperada. La única que sabe que me voy —aparte de mi familia— es Kate.
Se lo dije ayer por la noche que fui a visitarla y dar por terminada nuestra rara relación, que parecía más una amistad. Ser gay no tiene que ver con dejar de ser un caballero, ser gay no significa que dejes de ser hombre. Así que por eso deje por terminado nuestro noviazgo. No se lo tomo tan dramáticamente como una chica lo haría. Esa fue una de las razones por la cual se lo conté. Nuestra despedida fue una charla en la que le suplique que no actuara en contra de Nicole en el futuro, porque ella no tiene la culpa de que yo lo hubiera utilizado. Kate entendió el problema y juro perdonar a su amiga. Espero que cumpla el juramento, porque lo último que necesito es que René este sola cuando más necesitará de amistades.
Ahí está todo, Kate es realmente una amiga y agradezco que lo sea. Inclusive, ya estando en plena confianza, le conté sobre mi homosexualidad. Por supuesto, no se escandalizo ni hizo un berrinche, ella me comprendió y me dijo que sospechaba algo de eso. Si, fui completamente honesto y le conté todo sobre René y yo.
Me hizo sentir un verdadero bastardo hijo de puta cuando comenzó a llorar, no era un llanto insoportable, era algo como sí lo quisiera aguantar pero no pudo luchar contra ello. La abrace para consolarla, pero le dijo que estaba bien, que en todas maneras ya sabía que no podía competir contra Nicole por un chico.
Eso me pego directo en mi vulnerabilidad, porque Kate es preciosa y claramente puede conseguir al chico que quiera. Pero, como hemos visto, yo no estoy en el marcado de las mujeres, así que no puede sentirse triste por no conseguirme. Le dije sobre ello, entonces me preguntó:
— ¿Cómo fue que te consiguió Nicole?
Y esa pregunta no se la conteste, porque hasta yo sé que sí le hubiera respondido, Kate, tan linda y buena como es, hubiera tenido un odio insoportable hacia Nicole, a juzgar por sus tristes lágrimas. Podré ser lo que quiera el mundo, pero jamás me ha gustado ver a sufrir a personas por mi culpa.
Pueden anotar un punto en mi contra por ser un hijo de puta que hace llorar a las mujeres.
Así que sólo la abrace y evite pensar cómo fue que me consiguió René, porque sí lo pensaba, realmente no hubiera podido alejarme de San Diego.
Ahora estoy a unos minutos de irme definitivamente, con mi decisión tomada, pienso cómo fue que sucedió.
¿Fue cuando la vi por primera vez, después de 12 años, en su casa toda despeinada y con pijamas? No, fue más atrás, pero no voy a negar que ese encuentro me revolviera tantos sentimientos que me obligue a negar.
A mí se me habían olvidado qué eran los sentimientos por otra persona que no fuera parte de mi familia. Ahí anótenle un punto a René, que me hizo despertar de nuevo los sentimientos que había almacenado en una caja en mi niñez.
