Chris se acercó a mí.
–¿Mai? ¿Estás bien? –preguntó tomándome por los hombros.
Yo la miré, volví a mirar la escalera, y luego a ella de nuevo.
–No lo sé –respondí–.Creo que acabo de darle mi número de teléfono –Seguía pasmada, es que realmente no me di cuenta de lo que haría hasta que lo hizo.
Ahora Thomas tenía mi teléfono. Esto complicaba las cosas.
–¿Crees? ¿A qué te refieres?
–Creo que estoy en problemas–Continué sumida en mis pensamientos.
–¿Qué te hizo? –En seguida su voz se endureció, y tuve que detener la corriente que sus pensamientos estaban tomando.
–Nada, en serio, solo guardó mi número de teléfono sin que yo lo notara.
–¿Y eso es muy grave? –preguntó confundida.
–No. Bueno, en realidad sí –Intenté explicarme–. Es que le mentí, traté de ser atrevida y todo eso y le mentí. Le hice entender que era mayor de lo que era y ahora tiene mi número y si salgo con él lo va a descubrir –Me fui acelerando mientras hablaba.
–Hey, hey, tranquila –Me interrumpió Chris–. Simplemente no le contestes, es así de sencillo.
¿No contestarle? Claro, supongo que podía hacer eso, pero era bastante frío. Me sentía enferma. Él había sido tan amable conmigo durante toda la noche, me ayudó cuando estuve en problemas y yo simplemente lo iba a ignorar. No era ese tipo de chica, pero creo que esta vez tenía que hacerlo. Si confesaba mi mentira tal vez se sentiría defraudado y se alejaría, en cambio si simplemente no le contestaba, se aburriría tarde o temprano.
–Claro –contesté finalmente.
–Hmm, ok. Vamos a casa.
En el camino a casa Chris se quedó dormida, pero yo no pude pegar un ojo. No dejaba de pensar en Thomas. Recordé la voz que tenía cuando enfrentó al chico que no me dejaba ir, y se me puso la piel de gallina. Luego reviví en mi mente el segundo previo a que Chris nos encontrara y cerré mis ojos. Esa era la imagen que quería dejar en mi mente. No su expresión de intriga cuando me recriminaba que sentía que me escapaba. Reviví el momento una y otra vez en mi mente hasta que llegamos a la residencia.
Al día siguiente desperté antes que Chris. Seguramente aún tenía jetlag. Me tomé un café sentada en el marco de la ventana mirando hacía los árboles y caminos del campus. Pensaba que al día siguiente Chris se marcharía, Lily volvería pronto y yo volvería a mi rutina de siempre. Estudiar y trabajar en la biblioteca. Sería como si nada hubiera pasado, como si Thomas nunca hubiera existido. Sin mencionar que el alcohol hacia borrosos los recuerdos de la noche anterior, lo que le daba un aire onírico.
Me sentía triste. No sé por qué me afectaba tanto, apenas hablé con él, pero sentí una conexión que nunca antes había sentido. Quizás era porque estaba ebria. Nunca nada extraordinario sucedía en mi vida, Thomas fue como una bocanada de aire fresco. De haber decidido finalmente ir con él a ver el musical probablemente hubiera sido la cita perfecta, pero también hubiera hecho las cosas mucho más difíciles por no contarle la verdad. Ya era muy tarde, la mentira ya estaba dicha.
–Como sea, la vida continúa –Me dije a mi misma, en un susurro para no despertar a Chris, intentando convencerme a mí misma que lo olvidaría fácilmente.
Hablar conmigo misma siempre me había ayudado a superar momentos difíciles. Siempre y cuando, nadie me pudiera escuchar, de no ser así pensarían que estaba loca. Quizás lo estaba un poco.
ESTÁS LEYENDO
Maldito destino
RomanceMailen es una chica que ha pasado por momentos difíciles, y está dispuesta a hacer cualquier cosa para que su pasado permanezca en secreto. Sin embargo, el destino tiene preparado para ella un camino lleno de baches y de sorpresas que le harán todo...
