Capítulo 7: La pesadilla.

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–Oh Dios mío –murmuraba Lily, sin poder creer lo que escuchaba– ¿El Sr. Myers? ¿Cómo es que no me habías dicho nada?

–No estaba segura si debía, pensé que tal vez empeoraría las cosas... –Traté de excusarme.

–Mailen ¿Te das cuenta de lo que esto significa? –preguntó preocupada–. Es decir, no te lo voy a negar, el hombre está como quiere, probablemente todas nuestras compañeras han fantaseado con él, y si te soy sincera me incluyo...–carraspeé incómoda–. Bueno, el punto no es ese, el punto es que estás en problemas. De los grandes ¡Dios mío, Mailen! De todas tus estupideces...

–Gracias –comenté sarcástica tapando mi rostro con mis manos, no necesitaba que me hicieran sentir peor.

Ella se quedó sentada frente a mí, absorbiendo todo lo que le acababa de confesar. Tenía una mano tapando su boca y la mirada pérdida en algún rincón de la habitación. Estaba buscando una solución. Lily siempre buscaba una solución.

–¿Qué? –pregunté tratando de saber qué era lo que estaba craneando.

–No te va a gustar –dijo en un suspiro– pero sé qué es lo que tienes que hacer.

Yo ya lo intuía.

–Debo olvidarlo.

Ella hizo una mueca y asintió lentamente. Luego me volvió a mirar a mí.

–La que más tiene que perder aquí eres tú –concluyó–. Si algo sale mal, si a él le llega a dar uno de esos ataques de celos nuevamente, o se enoja porque su tostadora no funcionaba en la mañana, o cualquier cosa y tú te cruzas en su camino, tienes todas las de perder, Mailen Green. Puedes perder el curso, la beca, todo. Tienes que olvidarlo. Ningún hombre vale tanto.

Sabía que tenía razón, pero a la vez quería que estuviera equivocada. Quería pensar que Thomas no haría eso, pero la verdad es que no podía poner mis manos al fuego por ello. Al fin y al cabo, apenas lo conocía. Apoyé mi frente en las palmas de mis manos resignada.

–Lo sé –admití finalmente–. Pero no será fácil. Él va a querer hablar conmigo nuevamente. Pierdo los estribos cuando estoy cerca de él, Lily, no puedo controlar ni lo que pienso. No sé si voy a ser capaz.

–Tendrás que serlo, Mai–dijo convencida e hizo una pausa–. Yo te ayudaré –la miré intrigada–. Seré tu excusa, tu palo blanco. Si te pide que te quedes después de clase, le puedo decir que quedaste de hacer un proyecto en otra asignatura conmigo, o que tienes que trabajar, qué se yo. A la larga se tiene que aburrir de esperar.

Eso me hizo sentir aún más triste. Si eso pasaba, si él se aburría, yo seguiría pensando en él de la misma manera, pero él ya me habría olvidado. Sin embargo, sabía que era lo mejor. No podía pasar nada entre Thomas y yo, había mucho en juego.

–Claro –contesté desanimada–. Eso estaría bien.

–Dios mío, Mailen, no te vayas a morir de euforia –bromeó Lily pero yo no pude reír–. Hey, tranquila, ya verás cómo lo olvidas fácilmente. Quizás hasta deberías pensar en darle una oportunidad a Steven. Él sí que te ayudaría a olvidar...

–¡Ya basta! –La interrumpí golpeando su hombro juguetonamente, ella rió–. Por supuesto que lo voy a superar, solo dame un par de semanas –dije, pero no estaba tan segura de ello.

Esa tarde me quedé en el cuarto. Ahí nadie me podía molestar, sólo estaba Lily, y ella ya sabía todo, lo que significaba un gran alivio para mí. Ningún Steven me pillaría desprevenida, ningún Thomas me regañaría ni haría flaquear mi voluntad, ni nada por el estilo. Esta era mi guarida. O al menos eso creía.

Maldito destinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora