No pude asistir al funeral de Lily, ya que lo hicieron mientras aún estaba inconsciente en el hospital. Los padres de Lily, según escuché, quedaron muy mal. Quisieron hacerlo lo más rápido posible, intentando sanar cuanto antes. La enterraron en el cementerio de Princeton, donde dijeron que a ella le habría gustado estar. Probablemente tenían razón.
Le pedí al doctor que me diera permiso de ir a verla, al principio se negó, pero finalmente, bajo mi insistencia, y usando un poco de culpa por el episodio del Jenga, logré que accediera, con la condición de que evitara permanecer de pie durante mucho tiempo o hacer esfuerzos, ya que podría abrir la herida, y tenía que estar de vuelta antes de las seis.
A los que sí me costó convencer, fue a mis padres. Estaban asustados, aliviados de que hubiera salido con vida de todo esto, pero reticentes. Después de todo, se enteraron de muchas cosas de golpe. Pobres... Era una pésima hija, los apartaba de todo. Me propuse que, desde ahora en adelante, sería más abierta con ellos. Iría más seguido de visita a casa, los llamaría de vez en cuando, todo lo que sea necesario para hacerlos felices. No más sufrimiento.
–Gracias por traerme –Le dije a Thomas.
Él sonrió dulcemente y apagó el motor. Ya habíamos llegado.
–Recuerda que debes ser rápida, no quieres sobre exigirle a tu cuerpo.
–Estoy bien –Lo tranquilicé.
Él hizo una mueca.
–Dices eso muy a menudo –Su semblante serio.
–Es la verdad –dije segura esta vez–. Estoy viva. Tú también lo estás. Quizás, después de todo, tienes razón –Lo miré intensamente, quería que se diera cuenta de que hablaba en serio–. Tenemos una oportunidad para nosotros.
Frunció el ceño y me acarició la mejilla. Yo le sonreí sutilmente, finalmente su rostro se relajó, pero en sus ojos aún había un brillo extraño, como si ocultara algo.
Me dio un rápido beso en la frente.
–Vamos.
Cuando bajé del auto el frío me impactó. Estaba muy abrigada, pero dentro del auto de Thomas estaba la calefacción prendida, por lo que el cambio fue brusco.
Los copos de nieve seguían cayendo serenamente. El paisaje estaba todo cubierto de blanco, todo hermoso, como de película. Había una pequeña florería junto a la entrada del cementerio que captó mi atención. Le tomé la mano a Thomas y la presioné un poco.
–Voy a comprar unas flores –Le avisé.
Él me miró a mí, luego a la florería, y luego a mí de nuevo.
–Te acompaño.
Rodé los ojos. Ahora me seguía a todas partes. Estaba cerca de acompañarme al baño también para asegurarse de que no necesitara ayuda. Estaba mucho más protector que antes. Supongo que era entendible, tuvo que pasar por momentos difíciles también.
Entramos al lugar y una mezcla de exquisitos aromas florales nos arrolló. Inhalé profundamente, llenando mis pulmones, y mi herida dio una punzada. Hice una mueca y Thomas colocó una mano en mi espalda, me observaba preocupado, aún con ese aire raro. Le sonreí para tranquilizarlo y él se relajó un poco. Nos acercamos a las rosas, tenían de todos los colores, un hermoso degradé. Se nos acercó una vendedora de mediana edad.
–Hola, ¿En qué le podría ayudar? –preguntó dulcemente.
–Hola –La saludé y apunté a unas de la esquina superior de la vitrina–, quiero de esas.
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Maldito destino
RomanceMailen es una chica que ha pasado por momentos difíciles, y está dispuesta a hacer cualquier cosa para que su pasado permanezca en secreto. Sin embargo, el destino tiene preparado para ella un camino lleno de baches y de sorpresas que le harán todo...
