Me encuentro frente a las puertas de la cafetería. Antes de cruzarlas, tomo un profundo respiro y cierro los ojos esperando que eso logre calmar un poco la ansiedad que estoy sintiendo. Vuelvo a abrirlos y notó que unos chicos a mi lado me miran raro, no los culpo, ni siquiera yo sé porque estoy tan ansioso por ver a Chris. Después de la charla que mantuve con mi madre, pensé que tendría el valor suficiente para hacer esto sin dudar. Pero supongo que nunca puedo estar seguro cuando se trata de Chris.
Lo medito y, antes de que algún profesor venga y me pregunte que rayos hago parado como una estatua frente a estas puertas, decido qué es lo siguiente que haré. Entonces recuerdo lo que pasó ese día, la mirada de odio que mi antiguo amigo me dió y como me destrozó ver lo mal que había entendido todo lo que le escribi en las cartas. Recordar el dolor que me causó verlo marcharse sin poder evitarlo es lo que me ayuda a decidirme.
Lo enfrentaré y le diré lo que siento, lo haré entender. No me arriesgaré a perderlo antes de siquiera haberlo recuperado. No esta vez.
Él me ha estado evitando desde que llegué hoy a la escuela, lo sé, lo he visto salir girarse en dirección contraria cada vez que me veía en los pasillos, pero ahora no le dejaré evadirme.
Cruzó las puertas y el bullicio que reina sobre la cafetería es todo lo que escucho, pero cuando distingo entre la multitud de mesas aquella que solemos ocupar con Max, diviso que el rubio me está mirando. Lo saludo, pero el no devuelve el gesto, solo se me queda mirando y apunta con discreción al otro lado de su mesa. Entonces veo a Chris, él cual no ha reparado en mi llegada, y dejo de escuchar el ruido de la cafetería. Sólo me concentro en el y en lo que haré y camino —o más bien troto— hasta llegar a la mesa y ubicarme tras él, ni siquiera me detengo a buscar mi almuerzo. Debo parecer desesperado, porque algunos chicos se voltean a observar me cuando paso, pero enseguida pierden el interés.
Cuando por fin llegó pongo mi mano sobre su hombre. Si no estuviera tan decidido a hacer lo que estoy a punto de hacer la mirada de odio que me dió al voltearse y darse cuenta de que era yo me habría hecho arrepentirme. Pero no está vez.
—Tú y yo tenemos que hablar Chris —le digo con firmeza, y antes de que pueda decir algo agrego —. Ahora.
El frunce el ceño y rueda los ojos, entonces vuelve a voltearse y sigue comiendo como si no estuviera allí. Alzo las cejas y levanto mirada, las demás personas en la mesa —Max, Andrea e incluso Ian— nos observan a ambos como si esto fuera una película. Resisto el impulso de gruñir tan solo porque ya me esperaba algo como esto, pero tengo un plan.
—¿Ni siquiera piensas dejarme explicarte porqué te envié las cartas? —insisto cruzando mis brazos.
—Creo que ya entendí lo que quisiste decir con tu pequeña broma —contesta sin mirarme, puedo sentir el disgusto en su voz —. Imbécil.
Esta vez soy yo quien frunce el ceño. Frente a nosotros oigo a Max suspirar cansado.
—Parece que no lo has hecho, porque si hubieras entendido no estaríamos en esta situación ¿no crees? —replico irritado — ¿Si quiera las leíste todas?
Es entonces que él se da vuelta de nuevo, está vez por completo, e imita mi gesto antes de mirarme con condescendencia.
—De hecho lo hice —contesta ácido y su mirada se torna aún más intensa y, aunque no quiero, no puedo evitar perderme por un segundo en sus ojos marrones ¿siempre fueron tan brillantes? —. Y fueron las últimas las que me demostraron que a pesar de todo sigues siendo un idiota.
Por un segundo me quedo callado al recordar de qué trataban las últimas cartas y como pensé que serían justamente esas —en las que le confesé lo que siento— las que más llamarían su atención. Por lo visto no lo hicieron de la manera que esperaba.
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Hey, viejo amigo
Short StoryLas personas no comprenden el valor de lo que tienen hasta que lo han perdido. Y West lo ha comprendido de la peor manera. "Es difícil reparar algo roto, más aún cuando el que lo ha roto has sido tú". Secuela de "Hey, mejor amigo", se recomienda lee...
