Fin del maratón
El beta entró al baño, jadeó al ver el castaño inconsciente en el suelo, desnudó. Olfateó el aire, encontrandose con que el aroma del omega estaba llendose, era muy débil y suave.
Tomó una toalla y cubrió la desnudez del chico, lo alzó sin problema. Liam era pequeño y sin haber comido cuatro días, no ayudaba mucho su condición. Ethan, lo llevó al sucio cuarto y lo ayudo a secar, tratando de no tocarlo mucho, no quería lastimarlo.
Lo cubrió con las sabanas rotas, la respiración del omega era lenta y su rostro no tenía color. Los hematomas eran lo único que resaltaban en su cuerpo.
—Te voy ayudar, lo prometo— le canturreo, tristeza sé envolvía en su lengua.
Dejó al castaño solo en la habitación y salió en busca de la única persona que podría escucharlo y ayudarlo.
[...]
La noche había caído, el silencio era como neblina en el pueblo. Quedarse callados era una órden que se debía cumplir, enfadar al alfa Jack sería un acto de suicidio.
El único que desafiaba la noche era un hombre sin miedo a nadie, ni al mismo Jack. Se movía con audacia entre los pasillos iluminados por candelabros lujosos, se mantenía en alerta pero sus facciones no mostraba ningún sentimiento.
Entró a la habitación donde Liam permanecía inconsciente. Si no fuera por la situación, creería que el omega dormía plácidamente en la cama.
El alfa le miro con cautela.
De la puerta, entro el beta. Ethan cargaba unas sabanas limpias, solo pudo conseguir unas telas blancas que se encontraban al fondo de su ropero.
—Hay que sacarlo de aquí— Ethan asintió y se acercó al chico, mordiendose su labio nervioso. —Tenemos que movernos rápido.
—E-esque no puedo hacerlo, me siento fatal tocarlo sin su consentimiento— dijo apartándose, el alfa solo suspiro. —Cuidare la puerta, por favor, váyanse.
El hombre retiró las viejas sábanas y envolvió a Liam con las limpias. Le cubrió la cabeza y lo cargó en sus brazos, haciendo una mueca ante el poco peso del omega.
Le asintió al chico antes de salir por el pasillo y salir de la casa por la puerta trasera. El beta se encargo de frotarse ligeramente en las paredes del cuarto, ahuyentando el aroma del alfa.
La brisa hacia cosquillas en los pies desnudos del omega, un quejido brotó de sus labios y por fin abrió los ojos. Árboles se movían borrosos y el sonido de los bichos se abrieron paso en sus oídos. Un ligero mareó le envolvió y no tenía fuerza para detenerlo.
—Llevas mucho tiempo dormido, cachorro, comenzaba a preocuparme— el hombre desconocido le habló con calma, su voz era áspera y profunda.
Liam tragó saliva y abrió sus labios, pero su garganta estaba seca y libero más aire que una vocal. Sus párpados pesaban, él solo quería dormir más.
—¿A d-dónde me llevas?— logró gesticular, su garganta picó y el ardor subió lastimando el paladar.
—Te llevo a tu hogar, estamos cerca del límite de mi territorio. No puedo entrar al tuyo sin permiso alguno, pero cuando entre a la frontera ellos se darán cuenta de mi presencia. No te preocupes cachorro, estarás a salvó— aliento de menta que desprendía el alfa le golpea el rostro, le adormilaba pero ahora podría descansar en paz. Pronto estaría en casa.
Se acurrucó en el pecho del hombre y gimió al sentir como éste le apretaba contra su cuerpo, arropando su cuerpo en las sábanas.
En cuento puso pié dentro del territorio de Zayn, su aroma se lo llevó el viento. No tardó en escucharse los aullidos en alerta, buscó un lugar seguro y dejo al omega recargado a un árbol, rodeado de pequeñas flores que podrían mantenerlo cálido por unos minutos. Le cubrió los pies y salió del lugar, aullando su marcha.
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Zona de guerra
FanfictionLicántropos, manadas, guerra. Alfa y Omega. Son las palabras más escuchadas por Liam y Zayn. Mientras el mundo de los humanos está en paz, los licántropos viven en constante guerra, todo por querer conseguir el poder absoluto. En estado de guerra no...