Keith (Parte 6)

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Keith abrió los ojos.

La visión frente a él lo llenó de calma.

Se incorporó.

Se encontraba en el interior del león rojo. La cabeza le dio vueltas y contuvo las ganas de vomitar.

—Eres un verdadero idiota.

Keith miró a la figura de pie a su izquierda.
Su corazón latió con fuerza.
Se levantó de un salto de la silla y se arrojó a los brazos del chico.
—Creí que...
—Lo sé —lo cortó Lance—, creíste que todo era una maldita alucinación.
Fue mi culpa, no me imaginé que ésto sucedería.
—Me llamaste idiota —recordó Keith.
—Lo eres. Tu ataque de pánico hizo que los demás lo sufrieran también. Fue espantoso —Lance se estremeció.
—¿Qué hicieron?
—Lo mismo que tú, comenzaron a gritar y a retorcerse, Javier tuvo que salir de ahí o lo hubieran asesinado.
Keith se rió.
—No fue nada gracioso —regañó Lance—. Javier esta muy herido después de que Shiro lo atacará.  ¿Sabías que mi hermano sufre de ataques de pánico?—Keith negó con la cabeza—. Sufrió uno en un centro comercial cuándo yo tenía cinco años, perdió por completo la cabeza. Comenzó a gritar que no podía respirar, que se estaba muriendo. Fue horrible para todos y de pronto sólo se desmayó. Yo pensé que estaba realmente muerto—Keith le frotó la espalda—. Y vienes tú y haces un ataque de histeria colectivo.
—Lo siento.
—Está bien. Ahora están mejor.
—¿Y Javier?
—Nakir se ofreció a cuidarlo, no se ha separado de Javier en todo este tiempo, intenté entrar y me echó casi a patadas.
Keith se quedó callado un momento procesando la información. Al menos eso solucionaba un poco las cosas.
—Bésame —pidió Keith.
—Como digas.
Lance giró la silla y se sentó, atrapó a Keith de la cintura y lo sentó en sus piernas.
El beso fue todo menos  tranquilo, habían pasado tanto tiempo alejados que el deseo y la desesperación se juntaron. Keith quería consumirse en Lance, sus bocas libraban batallas feroces, el moreno chocó sus caderas contra el otro, el cuello de Keith fue el objetivo de suaves besos y lascivos mordiscos mientras él sólo podía gemir.
La silla tembló y los tiró a ambos golpeándose en el acto.
—¡Rojo! —gritó Keith sobándose la cabeza.
—Creo que no quiere ver nada de lo que hagamos —rió Lance ayudándolo a levantarse.
Sus rostro se endureció de pronto.
—¿Lance?
—Lo sabía, el bastardo siempre lo supo, maldito desgraciado—la voz de Lance era peligrosa.
—¿De qué hablas?
—Lotor. Él sabía que lo traicionaríamos.
Lance lo tomó de la mano y salieron del león.
—No entiendo de que me hablas —Keith lo hizo detenerse.
—Acabo de recordarlo, lo escuché una vez que estaba perdiendo la conciencia por que Lotor me tiró de la silla, habló con Haggar. Dijo que si no podía corromperme aún tenía a su experimento entre el resto de los paladines. Una bomba de tiempo lista para detonarla cuándo quisiera.
Keith se tambaleó.
—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —preguntó Lance sosteniendo con ternura a Keith.
—Soy yo —dijo en un susurro.
—¿Qué?
—El experimento.
—Keith, no puedes serlo, Lotor no te tuvo nunca, es absurdo que creas eso.
—No. Cuándo llegamos aquí después de que nos sacarán, recordé algo —bajo la mirada—. Mi padre no me abandonó, se lo llevó una flota galra y él les gritaba que yo no era su experimento —las lágrimas comenzaron sacarán brotar—. Eso soy, mitad humano, mitad galra, soy un maldito experimento y Lotor tuvo que ver en eso. Ahora lo sé.
Lance lo tomó de la barbilla y lo hizo mirarlo.
—No eres un experimento, K. Eres un hermoso chico que no merece pagar por los errores de sus padres. No te permito pensar eso de ti.
—Soy un monstruo.
—No. No lo eres. Y si por alguna razón es cierto que Lotor tuvo algo que ver con tu nacimiento, no debes pensar que eso te define. Eres más que eso.
—Los traicionaré, lo sabes tan bien como yo. En el momento en qué Lotor se cansé de jugar con nosotros me llamará y no creo que pueda resistirlo.
—Lo harás. Maldición que lo harás, resistiras hasta que te quiebres, y yo no permitiré que lo hagas. Si te vas, yo iré contigo.
—No puedes hacerlo —exclamó Keith al borde del pánico—, Voltron te necesita.
—Y yo te necesito a ti, da lo mismo.
—¡No! Yo no soy indispensable, debes continuar sin mí.
—No dejaré que te tenga, K. Iré contigo, no me separaré de ti nunca más, si tú vas con Lotor, yo estaré a tu lado —contestó Lance con calma.
—¡Eso es egoísta! Voltron te necesita.
—Al carajo Voltron. Yo me quedó contigo.
—Pero el universo...
—¡Keith, ¿es qué no lo entiendes?! —Lance comenzaba a perder la paciencia.
—¿Entender qué?
—¡Sacrificaría el universo entero sólo para salvarte a ti!
Keith lo miró anonado. ¿Lo decía en serio? ¿Sería capaz de abandonarlo todo, sólo por él?
—Te amo. Y si el precio es la muerte, lo pagaré con gusto. Mataría por ti, moriría por ti, ¿entiendes ahora lo mucho que me importas? —Lance lo abrazó—. Tú eres mi universo. Mi futuro. Y lo serás siempre.
Keith lo besó.
—Te amo.
Lance se separó.
—Quiero darte algo— dijo hincándose frente a él—. Mi padre una vez nos dijo que cuándo encontráramos a la persona indicada debíamos hacer esto —Lance sacó un anillo plateado de su bolsillo, Keith nunca lo había visto—. Keith Kogane, el hermoso chico de cabello negro, el increíble piloto que me hizo enamorarme de nuevo, ¿aceptas estar a mi lado como mi amigo y mi novio? ¿Aceptarías algún día casarte conmigo? ¿Vivir juntos y tener hijos que nos despierten en la mañana para ir al parque? ¿Me permitirías envejecer a tu lado y demostrarte que te amo cada día?
Keith se sonrojó violentamente.
¿Era eso real?
¿Realmente estaba sucediendo lo que sólo vivio en sueños?
—Sí, lo deseó más que a nada en el universo —contestó finalmente.
Lance le sonrió y tomó su mano izquierda, con suavidad le puso el anillo en su dedo anular. Se levantó y besó cariñosamente las lágrimas que resbalaban por las mejillas de su novio. Se abrazaron.
—No te vayas a echar para atrás, ¿eh?, eres mío ahora y nada ni nadie nos podrá separar —susurró Lance.
Keith se rió.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Lance asintió.
—¿De dónde sacaste el anillo?
—Era mío. Mi padre me lo regaló en mi décimo cumpleaños, lo guarde en Azul todo este tiempo, no quería que se perdiera.
—¿Y ahora me lo das a mí?
—Keith. Tú te mereces todas las joyas del universo.
—Yo sólo te quiero a ti. La más hermosa de las creaciones —dijo Keith besándole las mejillas—. Demos gracias que la tortuga vomito.
Lance se rió.
—Te amo más ahora que sé que leíste ese libro.
—No pensé que lo entenderías —dijo Keith sorprendido.
—¿No sabes que estás hablando con todo un geek? Me ofendes.
Vamos hay que darle la noticia a nuestros amigos.
—¿Ahora? —Keith movió las manos nerviosamente.
—¿Por qué no?
—Bueno, Nakir y Javier...
—Javier ya lo aceptó. De hecho fue él quién me dijo que debía formalizar mi relación contigo y que si no lo hacía pronto me golpearía. Comprenderás que no quiero meterme contra un cinturón negro en karate.
—¿Javier es cinturón negro? —repitió Keith—, eso explica que se mueva tan rápido.
—Sí, pudo haberse zafado de Shiro fácilmente pero no quería lastimarlo. Javier es una buena persona, no debes odiarlo. Al fin y al cabo fue él quién me hizo ver que tú eres el indicado para mí.
—Pues muchas gracias, Javier.
—¿Vamos? Sé que te preocupa Nakir, pero estará bien. Si te quiere, deseará que seas feliz.
Keith le tomó la mano.
—Pues entonces vamos.

------------------------------------------------------¿Se acuerdan que dije que si estaba inspirada escribiría un capítulo aparte? Pues aquí lo tienen

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¿Se acuerdan que dije que si estaba inspirada escribiría un capítulo aparte? Pues aquí lo tienen.

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