"A relaxin cup of café con leche"

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Arcadas. Eso es lo primero que sintió Gerard un domingo por la mañana a las 7:30. Unas horribles ganas de vomitar lo invadieron.

Se levantó de su cama y corrió a su propio baño para allí, expulsar todo el veneno que ingirió anoche. Le daba igual estar completamente desnudo. Le daba igual que hubiera una ardiente chica (también desnuda) enredada entre sus sábanas de algodón egipcio. Ahora sólo le importaba no expulsar su hígado por la boca.

Al terminar, tiró de la cadena. Se miró al espejo del mismo baño. Su torso descubierto lucía pálido con la poca luz que entraba por la ventana. Hacía un buen día, todo nublado y con pinta de tormenta. Perfecto para un domingo por la mañana.

Tenía ojeras, el pelo revuelto y unos cuantos chupetones por la zona del cuello y la clavícula.

–Esa chica es una bestia.– Murmuró haciendo una mueca mientras se tocaba uno de ellos.

Volvió a su habitación para ponerse unos bóxers y salió de ahí, dejando a esa pelirroja de cuyo nombre no quería ni acordarse, durmiendo sola.

***

–¡Camila despierta!– Escuchó gritar a la señora Growngry.

La morena a penas había pegado ojo, como si sintiera una perturbación en la fuerza o algo parecido.

Quizás debería dejar de escaparse al cine a ver Star Wars cuando tenía tiempo libre, o quizás sus instintos Yedi no le fallan y sí que está pasando algo malo.

Dejó de pensar en sus cosas en cuanto la señora entró por la puerta de mala leche.

–¡Despierta vaga! ¿O acaso no recuerdas que tienes trabajo?– La morena se enderezó en la cama.

–Sí señora, lo siento señora.– Por lo que dijo, comenzó a pensar que estaba en un cuartel.

–Vete rápido de aquí, niña. Los Way son nuestros mejores clientes.– Después de decir aquello, la señora Growngry salió de su habitación.

La morena suspiró y se encaminó al baño. Debía ducharse rápido si no quería acabar de limpiar a las tantas de la noche.

***

Frank se levantó rápidamente, recordando que debía estudiar si no quería suspender el examen de recuperación del Lunes.

Bajó las escaleras y rebuscó por toda la cocina un poco de café. Debía ser rápido para que no le pillasen.

Subió a su habitación con una relajante y a la vez estimulante taza de café.

Y se puso al lío. Hincar codos no era lo suyo, pero la visita de los asistentes sociales llegaría pronto, y debía estar preparado.

***

Café, café, café... Justo lo que necesitaba Gerard en ese momento.

No quedaba ni un sólo grano, ni una sola gota... Así que debía salir a una cafetería cercana, y eso le daba mucha pereza...

Subió a su habitación, evitando hacer ruido para no despertar a aquella chica que probablemente estaba en coma o muerta. Pero no, sólo dormía.

Se vistió lo más rápido que pudo y volvió a bajar para coger su abrigo y salir de casa.

Fuera hacía frío y caía una llovizna digna de un domingo de invierno a la siete de la mañana. Incluso se podría decir que era agradable a los sentidos.

Comenzó a caminar, disfrutando del aire frío que entraba por su nariz roja e iba directo a sus pulmones.

Un Sturbucks hizo presencia ante sus ojos. Aquel logo verde no podía pasar desapercibido para el pelinegro ni con niebla de por medio.

Insignificant. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora