Cold on the outside...

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Era horrible tener que madrugar para llegar a tiempo a las clases. Camila ya estaba dentro, y él se había retrasado cinco minutos, y eso, en su casa, era casi un pecado.

A las seis se tenía que despertar sí o sí porque se desayunaba a las 6:30 AM, y si llegaba tarde se quedaría sin comer.

A las siete y media tenía que ir saliendo porque debía caminar media hora para llegar a tiempo al instituto porque las clases comenzaban a las 8:00 AM.

Todo estaba meticulosamente planeado... pero él se retrasó en un día de examen a primera hora.

Como era de esperar, le mandaron a la sala de castigos.

Y ahí estaba, Frank Iero manchando su expediente académico, arriesgándose a recibir los gritos y reproches de la señora Growngry y a recibir el castigo de su vida si no conseguía que le repitieran el examen que ahora mismo estarán haciendo los de su clase.

Se tuvo que sentar en una sala con un profesor medio ausente y tres macarras sentados en la parte de atrás.

Su día empezaba mal, muy mal, como el puto culo dicho de manera bulgar... y estaba apunto de empeorar, pues Gerard Way estaba entrando por la puerta del mismo aula.

–Genial...– Murmuró Frank al ver al pelinegro. No es que le molestara, porque habían progresado, pero con el mal día que llevaba no estaba de humor para hablar con nadie.

Gerard carraspeó para que el profesor de guardia le hiciera caso.

–Vengo con un parte.– Le dijo de mala gana entregándole un papel. El profesor lo miró y le indicó que se sentara donde quisiera.

El pelinegro miró a Frank por una milésima de segundo, para después desviar la mirada y sentarse en otro sitio un poco alejado del castaño. Este se extrañó porque... bueno, porque había conseguido entenderse con el mayor capullo que había conocido hasta la fecha. Pero parecía que cuando avanzaba un paso, retrocedía cuatro.

–Maldito bipolar hijo de perra...– Murmuró apretando los dientes. ¡Es que no había manera de entenderle!

Sacó sus cosas dispuesto a seguir la canción de Matt, recordando la conversación de ayer. Se quedó parado en el sitio.

¿Lo haría o no?

Se había olvidado por completo del marrón que tenía con respecto a Matt y su preciada virginidad.

Por una parte pensaba: ¿Quién mejor que Matt? Es decir, era de confianza, sabía cómo se manejaba en la cama y cuánto aguantaba sin correrse... pero le frenaba el hecho de que no lo ama...

Por otra parte pensaba: el amor es para tontos que creen que eso existe. ¡No existe el amor! Sólo el deseo y el querer poseer a alguien y retenerlo en una relación, a eso le llaman "amor"

¿Debía? ¿Podía? ¿Tenía? ¡Todo era un lío incluso fuera de la casa de locos donde vivía!

Agachó la cabeza y escondió su cara entre sus brazos.

Más lo pensaba, más claro tenía que Matt lo haría bien y lo trataría mejor que bien.

Pero esa voz... esa irritante vocecilla en su cabeza le gritaba que era algo demasiado importante como para hacerlo sin sentir nada por la otra persona.

Puta voz de mierda. Joder, es que tenía razón.

Frank se devoraba los sesos, y cada vez que pensaba que había decidido... esa Voz le paraba los pies y le hacía volver a empezar.

–Oye chaval.– La voz de Gerard le sobresaltó. Lo miró con los ojos abiertos y con la mano en el pecho. El pelinegro estaba sentado justo al lado suyo.– ¿Te he asustado?– Preguntó arqueando una ceja divertido.

Insignificant. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora