¿Qué harías si pudieras meterte en los sueños de otros? Tal vez no lo sabes, pero eso es lo que hace Brisa, una chica ¿normal? ¿Alguien normal viaja en el mundo de los sueños mientras duerme? Ella sabe que es singular, así como un extraño desconocid...
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–No se de que me hablas–Fue lo último que le dije, y el muchacho haciendo una mueca de desagrado tomó el arreglo de flores y se fue de la tienda.
De alguna forma tenía miedo, pero no sabía de quién, si de la persona con la que acababa de hablar o del mismísimo Julián. Tenía que controlarme, mañana iba a ver a Julián y a su hermana, debía decidir que hacer. Podía simplemente dejarlos plantados, ignorarlos, no volverlos a ver, pero ¿en donde quedaba mi palabra?, si iba a abandonar la batalla al menos tenía que confrontar a Julián cara a cara, preguntarle las cosas que más me trastornaban y tomar un decisión. Y para hacerlo comencé a tratar de entrar en los sueños del chico del arreglo de flores. Sin embargo, por más que busqué toda la noche entre esferas y esferas no encontré nada, ni siquiera en las más opacas, nada igualaba su personalidad burlona y sarcástica. No había ni un rastro de él que me diera una respuesta.
Finalmente la oscura noche que acompañaba mis interrogantes se convirtió en un día soleado, y tal como prometí me encontré con Julián y su hermana en un pequeño parque no muy lejos de mi casa. Cuando llegué, Julián estaba sentado en una banca observando los árboles. Ahora que lo pienso, en este día, el verde de las hojas estaba más brillante que cualquier otro, por lo tanto, no me sorprendió ver a Julián perderse en su color.
Entonces cuando me acerqué me sonrió y dio palmaditas a la banca como seña para sentarme a su lado.
–Hola, al final si viniste–me saludó todavía inmerso en las hojas de los árboles–no se porque te sigo diciendo esto cada vez que te veo, pero incluso para mi, es extraño que me creas, por eso mismo te lo agradezco.
–Siendo sincera, para mi es más extraño.
De repente Julián se volteó hacía mi y me miró un tanto preocupado.
–¿Pasó algo?.
En ese momento me debatía entre decirle la verdad o mentirle. Si realmente estaba demente como me habían dicho, simplemente debería buscar al otro chico y avisarle la ubicación Julián, como una especie de apuñalada por la espalda. Pero yo no podía hacerlo, porque simplemente desde el fondo de mi corazón sabía que jamás podría mentirle a ese rostro tan amable.
–Alguien te busca–desvié la mirada–un muchacho de cabello castaño, sonrisa burlona y nariz respingada.
–¡Hugo!–dijo lastimosamente mientras ponía una mano en su frente–¿cómo es que me encontró?.
–Entonces lo conoces.
–¿Cómo no conocerlo?, era mi amigo en la capital, su padre es un hombre de negocios con mucho dinero, per nunca creí que tuviera tanto tiempo como para buscarme.
En el fondo de mi corazón no quería decir todas esas cosas que podrían lastimar a Julián, quería tener tacto, pero en este caso, sabía que tenía que ser directa, no podía evitar más el tema, porque si lo hacía, esto podría volverse peligroso, tal vez no para mi, sino para él mismo.
–Hugo me dijo que tus padres están muertos.
–Eso ya lo sé–expresó tranquilamente, y al escucharlo, me sorprendí debido a que no esperaba tal respuesta
–¡¿Qué?!.
–Me refiero a que se que probablemente te dijo eso, porque a mi también me lo dijo. Supongo que ahora has de pensar que estoy loco–sonrió amargamente–pero no lo estoy, o eso espero.
–No te entiendo Julián.
–Supongo que ya te contó del accidente que tuvieron en el país del norte ¿cierto?–simplemente asentí y continué escuchando–bien, yo también creí que habían muerto, hasta que mi hermana vio un sueño de mi madre. ¿Sabes?, para aquel entonces yo ya sospechaba de la habilidad de mi hermana, me parecía tan extraño como ella podía saber siempre lo que yo estaba soñando, entonces cuando ella vio ese sueño no pude hacer otra cosa más que creerle y ponerme a pensar que habían muchas personas que deseaban tener a mis padres trabajando para ellos, aunque fuera la fuerza, ¿qué mejor forma que fingir una muerte accidental y secuestrarlos?.
–¿Y qué hay con respecto a la máquina?, Hugo dijo que la máquina la habían hecho ustedes dos y no tus padres.
–Hugo es un buen amigo, pero es muy escéptico, él es un chico de ciencia como yo, pero no entiende que incluso la gente como nosotros necesita entender que hay cosas que no pueden ser explicadas aún con ella. Es cierto, físicamente mis padres no hicieron esa máquina, pero la mente maestra detrás de ella son mis padres.
–Pero tus padres...
–Brisa, ¿alguna vez escuchaste de Srinivasa Ramanujan?
–No.
–Vamos, a ti te encantan los sueños, es una pena que no lo sepas. Pues bien, este hombre era un matemáticos de la India quién soñaba con ecuaciones y teoremas mandados por su diosa y al despertar simplemente escribía todos ellos. No puedo comprobar la veracidad de este testimonio, sin embargo siento que me pasó algo parecido. Cuando mi hermana empezó a ver los sueños de mis padres, despertaba muy confundida y me contaba lo que había pasado. Mi madre soñaba con la máquina casi a diario, y posiblemente todos estos datos que aparecían en sus sueños no eran nada más que números para mi hermana, pero para mi, eran una revelación, así que al siguiente día llamé a Hugo y empezamos a desarrollar la máquina. Él pensó que yo había descubierto todo eso, pero no fui yo, fueron los sueños de mi madre. Y finalmente yo no podía soportar más ser llamado genio mientras pensaba en mis padres sufriendo en algún lugar de este mundo. Fue entonces cuando le conté todo a Hugo.
–Por eso piensa que estás loco.
–Tal vez lo estoy, pero en este punto, lo que más me importa es que tu me digas...–tomó mis manos y me miró fijamente–¿a tus ojos estoy loco?.
–No–dije instintivamente–no creo que estés loco, porque aceptar tu locura es lo mismo que aceptar la mía.