Relatado por Amelia
—Lo mejor que puedes hacer es mantenerte al margen, de otra manera...morirás—concluyó Hugo.
—A mi simplemente me tomó por sorpresa.
—¡Vaya! Un par de manos ahorcándote te tomaron por sorpresa—se burló bastante molesto—puedes irte—tomó una revista y comenzó a leerla. Parecía tratar de ignorarme con mucho esfuerzo, pero yo no me moví ni un centímetro; me quedé ahí sentada observándolo fijamente.
—Esas cosas no funcionan conmigo—manifesté—deberías saber que soy alguien muy enérgica e incluso un tanto obsesiva.
—La curiosidad mató al gato—respondió fríamente.
—¡Vamos! Si realmente te preocupa, piensa que soy como el gato del experimento imaginario de Schrödinger, estaré viva y muerta al mismo tiempo—le sonreí; Hugo seguía ocultando su rostro detrás de la revista, fue entonces cuando—Miau—le maullé al oído.
En ese instante soltó una pequeña risita, después trato de mantener la compostura y me preguntó:
—¿Cómo alguien que estuvo a punto de morir puede ser tan imprudente? Yo aún no me siento recuperado del susto.
—Por eso mismo quiero ayudarte en lo que pueda, algún día te pagaré este favor. Te lo suplico, déjame hacer algo por ti.
—Bien—hizo a un lado la revista, y puso ambas manos frente a mi—sácame de aquí, quiero tocar.
—¿To...car?—puse mis manos sobre mi cuerpo con la voz temblorosa—¡yo no hablaba de esa clase de pago!—ante mi respuesta, Hugo soltó un bufido.
—Tocar mi piano—hizo énfasis en la palabra "piano"—en momentos como estos lo único que necesito son sus teclas para calmarme.
—Ah, claro, yo...te ayudaré con eso—hice a un lado mis manos y salí del cuarto.
Fuera de la habitación del hospital me encontré al padre de Hugo sentado con ambas manos en las sienes.
—¿Está usted bien señor Humberto?—le pregunté.
—¡Amelia!—se puso de pie rápidamente al darse cuenta de mi presencia—mas bien ¿cómo está él?
—¿Hugo? Él...tiene ganas de tocar piano—ante mi respuesta, el padre de Hugo suspiró un tanto aliviado.
—Bien, parece que está regresando a la normalidad.
—¿A qué se refiere? Se que tal vez no es de mi incumbencia, pero...
—Últimamente se ha estado comportando extraño, de la nada quiso salir de viaje por el país hace no mucho tiempo y cuando regresó me hizo preguntas muy extrañas.
—¿Qué clase de preguntas?—El señor Humberto se puso un poco tenso y después de un considerable silencio respondió:
—Eso no es importante, digamos que es un asunto muy personal; más bien, como te comentaba, algo que no entiendo bien es lo que acaba de pasar. No me malentiendas Amelia, me alegra que fuera capaz de salvarte, pero aún no entiendo porque se expuso de esa forma, ¿cómo supo acerca del asesino? Todos esos sucesos extraños siguen dando vueltas por mi cabeza.
—Yo tampoco sabría explicarlo, no me había puesto a pensar en ello hasta ahora.
De alguna forma, yo sabía que debería existir alguna razón para todos estos acontecimientos. Hugo sabe algo que su padre y yo desconocemos, debe de tener alguna clase de secreto por el que se sintió comprometido a salvar mi vida. Si pienso en la plática que escuché hace apenas unos días, recuerdo que el hombre vestido de negro mencionó algo sobre Hugo subiéndole la voz al señor Humberto, discutiendo sobre algo, ¿sobre un asesinato? Recuerdo haber escuchado algo así antes de entrar en pánico, huir a casa y casi morir. De cualquier forma, lo único que se es que le debo la vida a Hugo y no debo revelar ninguna clase de información sobre lo que haya escuchado a menos que él me lo indiqué, seré algo así como ¿una asistente?
—Bueno, parece que no tiene mucho sentido pensar en eso, mi hijo está vivo y es todo lo que importa—concluyó el señor Humberto.
—Él quiere tocar piano señor.
—¿Piano? Cierto, me lo mencionaste hace un momento. Bien, estará bajo supervisión, creo que llevarlo a casa no le haría daño.
Después de la extraña plática con el señor Humberto, Hugo fue dado de alta y lo acompañé junto con su padre a su casa. Era un lugar demasiado elegante, no me sorprendía, muebles caros por donde quiera que fuera y pinturas antiguas colgadas en las paredes; ciertamente, el hogar de uno de los hombres más influyentes del país.
—No tenías que seguirme hasta aquí—me reclamó Hugo.
—No tenía que hacerlo, pero heme aquí.
Hugo simplemente soltó un fuerte suspiro y siguió caminando. Hasta que llegamos a una habitación repleta de pianos. No quise preguntar el porqué de la cantidad, suponía que era parte de alguna especie de lujo que sólo se dan las personas de su posición, como una especie de capricho tal vez.
Pensé eso, hasta que...vi el deseo ferviente en los ojos de Hugo al ver el piano de gran cola "Steinway & Sons". Por alguna razón sentí que casi corrió hacía él, como si de una persona se tratase. Finalmente se sentó en el banco, posó ambas manos sobre las teclas y comenzó a tocar algo que jamás había escuchado antes, deleitante, hermoso y tan agradable al oído. Que determinación tenía en su rostro, incluso su sonrisa era distinta, aquella mueca burlona que solía hacer parecía más bien tierna al entrar en contacto con la música. De esta forma, por primera vez pude admirar el brillo en sus ojos; él simplemente se veía tan espléndido tocando el piano.
De repente, un portazo interrumpió la música y nuestra inmersión en ella.
—No has cambiado nada ¿cierto Hugo?—sonrió amablemente un chico de cejas gruesas y cabello oscuro.
—¡Julián! ¿Qué haces aquí?—incluso más que hace un momento, el rostro de Hugo de iluminó. Si no mal recuerdo, este chico es el hijo de...¡los científicos que murieron en el país de norte! ¡Julián Cortés!
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Sueño errante
Ciencia Ficción¿Qué harías si pudieras meterte en los sueños de otros? Tal vez no lo sabes, pero eso es lo que hace Brisa, una chica ¿normal? ¿Alguien normal viaja en el mundo de los sueños mientras duerme? Ella sabe que es singular, así como un extraño desconocid...
