Relatado por Hugo.
Desperté con el corazón latiendo sin parar. Jamás me había sentido tan acelerado en toda mi vida. Sentía la ansiedad fluyendo por mis venas como la sangre en mi cuerpo. Había demasiado que hacer y pocos indicios parar empezar. ¿Qué es lo que iba a hacer con todas estas cosas que tenía en la cabeza?
Primero que nada, tenía que salir de ahí. Ir a buscar a mi padre y aclarar todas mis dudas. Inmediatamente tomé mi teléfono y lo llame:
—¿Qué sucede Hugo? Estoy a punto de ir a una junta—respondió con su típica voz ronca
—¿Tienes tiempo libre hoy?
—No.
—Oh, si es así entonces bien, adio...
—Bueno, hoy voy a ir a un evento, son algunas conferencias, puedes ir si quieres.
—¡Iré!
—Bien, es a las 7 de la noche, alístate porque tenemos que llegar puntuales.
Y fríamente colgó el teléfono. Ya se que toda la evidencia apunta que mi padre es el culpable, pero yo no puedo creer algo así. Es inconcebible. No quiero pensar en eso. Quiero investigar todo muy bien, analizar cada pequeño pedazo y si todas las pistas terminan apuntando a él, me daré por vencido.
Esperé hasta la hora indicada, con la mente totalmente en blanco. Analizando la situación una y otra vez, pero no llegaba a ningún resultado. Tanta era mi ansiedad que esperé a mi padre media hora antes en el estacionamiento hasta que llegara por mi.
Cuando vi las luces de un carro rojo, supe que era él. El hombre de la entrada abrió la puerta del coche y me senté al lado de mi padre en el asiento trasero, mientras el chofer arrancaba el auto.
De principio sentí mi garganta seca, y de alguna forma las palabras no salían de mi boca. No quería escuchar sus respuestas a mis preguntas, no quería. Sin embargo la agonía de no conocerlas me pesaba cada vez más.
—Papá.
Mi padre simplemente volteó el rostro hacía mi y alzó las cejas. Entendí que esto significaba "tienes mi atención, habla rápido".
—¿Qué sabes de los padres de Julián?—pregunté rápidamente, como sino me fuera a atrever a decirlas si no las escupía de una vez.
—No es agradable hablar de eso Hugo—su respuesta me sorprendió.
—¿Por qué no es agradable? ¿Hay algo sobre ellos que te moleste?
—No me gusta hablar de gente muerta.
—¿Quién dice que están muertos?—le refuté molesto.
—La policía del país del norte—respondió contundentemente, pero yo no estaba dispuesto a callarme. Se que debería confiar en mi padre, pero a cada momento, me siento más en deuda con Julián, a cada momento las dudas y angustias crecen en mi, pero sobre todo, el sentimiento de impotencia que me invade como estacas en el alma.
—¿Cómo sabemos que no mienten?
—¿Por qué habrían de mentir?—dejó a un lado su teléfono y bastante molesto me interrogó—Hugo, ya es bastante inquietante lo que pasó. Si es que acaso te sientes culpable por Julián...
—¿Por qué me habría de sentir culpable?—bramé. Mi padre simplemente se quedó en shock—¿por qué? ¿qué hemos hecho? ¿qué has hecho?—lo acusé con firmeza, si habría una razón por la que me debería sentir culpable es por su crimen ¿no es así?—¡Dime!.
Mi padre bajó la mirada y en sus ojos pude ver una expresión que no había visto antes en toda mi vida.
—No lo le hablaré al hijo que me habla con tanta falta de respeto, ¿qué te has creído que me levantas la voz?
—Lamento si alcé la voz, pero quiero saberlo.
—¿Acaso crees que soy de hielo? ¿qué no siento? Obviamente no quiero hablar de las personas que murieron en un viaje de negocios por mi causa.
—¿Tu causa?
—Ellos me habían pedido su renuncia hace varios meses, sin embargo teníamos un proyecto muy importante a realizar en el país del norte. Yo les pedí que fueran a ese viaje. ¡Yo lo hice! Y murieron...¿crees que me siento cómodo con eso? Lamento si mi egoísmo esta afectando ahora tu relación con Julián, lo lamento. Pero por favor no me lo eches en cara, de todos modos llevaré este peso toda mi vida.
—Pero tu no los mataste ¿o si?
—¡¿Por qué querría matarlos?! A mis dos mejores investigadores ¿porqué? A los padres de tu mejor amigo ¿por qué tendría que hacerlo?—se exasperó como nunca lo había hecho en su vida.
—Perdón papá.
No me respondió, simplemente tomó su teléfono y el silencio reinó el auto durante casi todo el trayecto. Cuando finalmente llegamos al hotel donde sería el evento, bajó del coche sin dirigirme una palabra y saludó a unas cuantas personas. Yo simplemente lo seguí con la cabeza baja, como un perro que sigue a su dueño.
¿Él realmente cree que los padres de Julián están muertos? ¿podría ser esto una actuación? Y si no lo es, entonces ¿lo he herido? ¿lastimado? No lo se.
Según el rumbo que tomó la conversación, realmente parecí un loco que culparía a su padre por un accidente que no provocó. ¿Será que tal vez lo estoy? Nadie me asegura que nuestra máquina predictora sea una fuente confiable. Somos muy jóvenes tanto Julián como yo como para crear una realidad virtual que jamás se equivoqué. Finalmente, aparte de sueños y máquinas, no tengo pruebas. No tengo nada.
Puedo pensar que tal vez, la máquina se equivocó. Eso realmente calmaría a mi corazón. Haría parecer todo más justo. Pero ¿para quién? ¿para mi? Por que para Julián eso implicaría que sus padres no volverían jamás. La voz de una chica de cabello ondulado me regresó a la realidad. Sin embargo no me hablaba a mi, si no a mi padre.
—Buenas noches señor Huberto. Que bueno que pudo llegar al evento.
—Es un placer, gracias por invitarme Amelia.
¿Acaso dijo Amelia? ¿La chica de la que habló mi máquina? ¿O simplemente estoy delirando?
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Sueño errante
Science Fiction¿Qué harías si pudieras meterte en los sueños de otros? Tal vez no lo sabes, pero eso es lo que hace Brisa, una chica ¿normal? ¿Alguien normal viaja en el mundo de los sueños mientras duerme? Ella sabe que es singular, así como un extraño desconocid...
