Capítulo 35

25 3 0
                                        

Relatado por Amelia

¿Maquinas predictoras del futuro? ¿Viajar en el mundo de los sueños? ¿Por qué a pesar de que todo parecía carecer de sentido, sonaba tan verdadero? Se que Hugo y Julián son un par de geniecitos, lo he escuchado por todos lados, pero...no se que creer. Tal vez simplemente me encuentro en conflicto. Hugo salvó mi vida y yo no puedo parar de agradecérselo, es una especie de "vida por vida". Como si fueran un par de cadenas atadas a ambos pies que me hacen arrastrarme para saldar una deuda pendiente. Porque aquel día, al borde la muerte, no me sentí nada más que miserable. Toda mi vida he buscado el éxito, el reconocimiento pero ¿qué he hecho yo por los demás? En ese momento no pude pensar un solo instante en el que mi "grandeza" no eclipsara mi alrededor. Siempre apurada, manteniendo una sonrisa a mi benefactor para que así no deje de apoyar mis estudios, cumpliendo aquello que llaman sueños. Pero de esta forma tal vez no sólo estoy soñando, sino que no soy capaz de despertar. ¡Basta! Eso no importaba, tenía que preocuparme por la universidad. Esa noche dormí y no pensé en nada más, pero al día siguiente...

—Ah, ah, ah—respiraba agitadamente mientras corría hacía la casa de Hugo. No se que estoy haciendo, no se que es lo que me impulsa a seguir corriendo. Mi mente claramente me dice "es peligroso y estúpido", pero mi corazón reclama algo más, algo que aún no comprendo—Soy una metida y lo sé, esa es mi naturaleza, algo no anda bien—grité a los cuatro vientos.

Toqué el timbre del terreno del señor Humberto y un par de hombres me abrieron. Seguí corriendo, tenía que hablar con Hugo y su amigo. En eso una gran mano me detuvo en seco.

—Amelia—bufó.

—Matías ¿por qué eres así?—respondí casi sin voz.

—¿No crees que es raro ver a alguien correr por el jardín de esa forma errática? No me cae para nada bien—frunció el seño.

Si, ese era Matías, el otro hermano mayor de Hugo. Irónico y burlón como su pequeño hermano, pero por alguna razón, muchísimo más amargado y adulto. Era un tipo raro y bastante desagradable. Siempre tenía en su rostro una especie de mueca de desagrado, que combinada con su mirada y palabras te denigraba sutilmente.

—Lamento irrumpir de esta forma, pero estoy buscando a Hugo.

—¿Hugo? ¿de nuevo?—chasqueó la lengua con fastidio—¿Qué le ves a ese chico tan molesto?

—¿Disculpa? Me parece que estás hablando de tu hermano, ese que es mucho más inteligente que tú.

—¿Inteligente? ¡Claro!—comenzó a reírse—cualquiera puede actuar como un chico genio si tienes un amigo que te hace todo el trabajo. No miento, ¿Qué hizo Hugo mientras Julián se fue de la capital? ¡Salió de paseo también! ¡Qué ridículo! Probablemente sabía que la universidad estaba por comenzar y no podía hacerlo sin Julián. Es lindo supongo, tener un amigo esclavo.

—¿Dónde está Hugo?—pregunté ignorando todo lo que había dicho. Matías simplemente volteó los ojos y me contestó bastante irritado:

—En su estudio de trabajo con su esclavo.

—Gracias—dije sin muchas ganas. Pero cuando me disponía a empezar a correr...

—Que bueno que acaba de conseguir una nueva esclava—sonrió maquiavélicamente.

—Matías, eres un maldito envidioso, no importa cuanto quieras poner en mal a tu hermano, es más que seguro que él terminará sobresaliendo, y ni tú ni Bruno podrán hacer nada al respecto. Con permiso—Salí de ahí antes de que pudiera responderme, pero al llevar cierta distancia, al voltearme pude ver como encolerizado, temblaba de impotencia. Idiota, se lo merecía. Con ese par de hermanos inútiles, era bastante obvio entender porque Hugo tenía esa extraña personalidad.

La casa del señor Humberto era enorme y yo no tenía ni idea de donde se podría encontrar ese "estudio de trabajo" del que hablaban, así que recurrí a mi último recurso, llamar a Hugo. Realmente quería encontrarlos por mi cuenta mientras hacía una especie de entrada triunfal ante ellos y me presentaba como una persona llena de valor. Pero al parecer estaba demasiado perdida como para seguir un plan tan de película. Llamé a Hugo varias veces, pero no contestaba, fue hasta la sexta vez que llamé que por fin respondió.

—¿Quién es?

—Amelia.

—¿Cómo conseguiste mi número?

—Cuando estábamos en el hospital tomé tu teléfono y lo anoté.

—¡Eso es invasión a la privacidad!—replicó. Al mismo tiempo que decía estas palabras, escuché en el fondo una voz que reía. Supuse que era Julián burlándose de él.

—Lo lamento, acabo de invadir mucho más tu privacidad.

—¿A qué te refieres?—me interrogó.

—Estoy en tu jardín en este momento. Sal para hablar conmigo ahora mismo—lo mangoneé. La llamada se cortó inmediatamente, pero apenas colgó, volvió a entrar en mi teléfono una llamada de él. Tardé en contestar, al igual que el hizo conmigo, esperé a que el celular sonara seis veces. Y hasta la última vez contesté.

—¿Dónde estás?

—¿Quién es?—imité su tono de voz.

—Olvídalo, ya te vi—me respondió. Entonces de nuevo el teléfono se colgó y empecé a voltear a todos lados. En un principio creí que me estaba tomando el pelo, hasta que pude ver una silueta que aparecía de entre los árboles, saliendo como de una especie de bosque escondido que se encontraba en la misma propiedad. Supongo que por esa ruta se encontraba su "estudio". Realmente, jamás hubiera sido capaz de encontrarlo.

—¿Qué haces aquí? ¿No piensas que estamos locos?—habló una vez que estuvo frente a mi.

—Creo que están locos.

—¿Entonces porqué estás aquí?

—Por que yo también creo que estoy loca.

Sueño erranteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora