Relatado por Julián Cortés
Hoy era el día. Había tomado la decisión de enfrentarme a mi futuro. No podía evitar más el encuentro con mi abuela. Así que acompañado de Brisa acudí a esa tienda de regalos que siempre busqué.
Apenas crucé la puerta, tomado de la mano de mi hermana, la señorita Bravo me vio sin poder creer lo que sucedía. Miró hacía los lados tal vez pensando que su vista la engañaba. Y cuando hubo verificado que no era un truco que su mente le estaba jugando, sus ojos se llenaron de lágrimas y corrió hacia nosotros para abrazarnos.
—Mi Julián, mi Julián—repetía mientras me abrazaba. Y en cuanto vio a mi hermana se inclinó y le preguntó—¿y tú cómo te llamas muñeca? ¿eres también mi nieta?
—Ella es Victoria—respondí—es mi hermana.
—Pero que lindos niños—sonrió mi abuela.
—¿Cómo me reconociste?—me dirigí a ella bastante asombrado.
—¿Cómo no podría reconocerte?—tocó gentilmente mi rostro—Tienes toda la cara de tu abuelo. Desde el momento en que te vi, sabía que había algo en ti, no sabía que era, pero lo sentía. Además, mientras reflexionaba, me di cuenta que antes de que tu padre se fuera, él me dijo que el nombre de Julián le gustaba mucho. No se, era una especie de suposición que resultó ser cierta. Me alegro de saber de ustedes al fin—lloró.
No sabía que decirle, veía como abrazaba a mi hermana con el más grande cariño que una mujer puede tener por una niña. Pero todavía había una sombra en la felicidad del momento, mis padres. Tenía que contarle, a eso vine.
—Abuela, hay algo que tengo que decirte—mascullé. Inmediatamente recibí su total atención y me miró realmente preocupada, probablemente, por mi tono de voz, ella sabía que algo andaba mal—La gente dice que ellos murieron—se me quebró la voz—que mis padres perdieron la vida en un accidente automovilístico en un viaje de trabajo. Y se que sonará tonto, pero yo no les creo.
Mi abuela se quedó en shock, comenzó a temblar y se tiró al suelo mientras sollozaba desesperadamente.
—Señorita Bravo, ¿está usted bien?—clamó Brisa mientras se agachaba frente a ella.
—¿Cómo puedes decir algo así? ¿Cómo puede ser eso cierto? ¿Cómo pasó todo esto?—repetía una y otra vez mientras colocaba sus arrugadas manos en sus sienes—él tenía que volver a verme aunque sea una vez.
—¿Mi padre?
—¡Si! ¡Él prometió volver! ¿por qué se fue? Le dije que la capital no tenía nada que ofrecerle, ¡le dije que no dejara su hogar! Y ahora él está...
—No, señorita Bravo, creemos que ellos pueden estar vivos, tenemos una sospecha de hay alguien detrás de esto—intentó calmarla Brisa.
—¡¿Qué pueden saber un par de muchachitos como ustedes?!—se lamentó.
—Yo lo sé abuelita—murmuró Victoria—yo puedo ver los sueños de mis papas, por eso se que están vivos.
—¡Ay! ¿por qué hacen esto Brisa y Julián? Haciéndole algo tan cruel a una niña. No le hagan ilusiones, si ellos han muerto, tenemos que preparar un funeral propio...
—Señorita Bravo, ¡escúcheme por primera vez en su vida—le suplicó Brisa y ante tal conducta, mi abuela escuchó atentamente. Brisa tomó aire y con nerviosismo prosiguió—Yo también veo los sueños de las personas, usted...hace dos días soñó que regresaba a su pueblo natal, que estaba al lado de su esposo que ya ha fallecido y usted estaba consciente de que él estaba muerto, y aún así se asombraba de su presencia.
—¿Cómo sabes eso?—preguntó un tanto asustada.
—Por que puedo ver los sueños de las demás personas, siempre he podido, casi desde que tengo memoria. Aprendí a dominar tan bien mis propios sueños que incluso puedo ver los de otros. Y ahora descubrí que no soy la única. Victoria también lo hace y gracias a ellos pudo descubrir la verdad sobre sus padres.
—¿Por qué habría de creerte?
—¡Por que puedo recitarle uno a uno sus sueños en los últimos años!. Puedo hablarle de aquellos sueños de los que incluso usted no recuerda—Así, Brisa comenzó a contarle sus sueños, unos un tanto extraños y otros bastante interesantes. Casi cronológicamente, tanto así, que su capacidad de memorización me sorprendió. Y a cada palabras mi abuela parecía más convencida, sin embargo, su fuerte orgullo no la dejaba retractarse. Incluso si su rostro mostraba el más grande asombro, ella no se retractaría. Finalmente gritó:
—¡Basta Brisa! Déjame pensar esto con más calma, dame un respiro—entró a la bodega, y encendió un pequeño televisor antiguo, se sentó frente a él y miró hacia delante en silencio.
Estuvimos así al menos una hora, mirando a su lado las noticias, sin decir una sola palabra. Creíamos que estaríamos viendo la TV durante todo el día, hasta que...
—¡Impresionante intento de homicidio en la capital!—exclamaba el presentador—la victima, Amelia Rodríguez ha dado su testimonio de este caso.
—En ese momento pensé "¿por qué tengo que morir en manos de un extraño?", creí que no volvería a despertar. Hasta que él llegó y pateó al hombre encapuchado. Si no fuera por él, ahora mismo estaría muerta.
—Se dice que él salvador de esta joven es hijo de uno de los empresarios más influyentes del país. Muchos hacen varias especulaciones sobre este hecho. Pero lo cierto es que nadie sabe la verdad. Él perpetrador no se ha aún identificado, pero él único sospechoso que la policía estaba investigando fue encontrado muerto es su apartamento. Se cree que el hombre después de intentar cometer el acto, huyó y se suicidó. Sin embargo, las investigaciones siguen buscando respuestas. Mientras tanto, el héroe de esta historia, se encuentra en el hospital recibiendo tratamiento. Este fue Gilberto Vázquez con las noticias del país.
En cuanto escuché tal noticia salté del sillón y mi corazón casi se detuvo por un momento. Me quedé totalmente petrificado.
—Julián, ¿no creerás que es "esa Amelia"?—señaló Brisa.
—Dijo claramente que el salvador era hijo de un influyente empresario ¡¿Quién más que Hugo?!—grité.
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Sueño errante
Science Fiction¿Qué harías si pudieras meterte en los sueños de otros? Tal vez no lo sabes, pero eso es lo que hace Brisa, una chica ¿normal? ¿Alguien normal viaja en el mundo de los sueños mientras duerme? Ella sabe que es singular, así como un extraño desconocid...
