Capítulo 28

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Relatado por Julián Cortés

—¿No crees que tiene sentido? Él supo de Amelia en la máquina y la fue a salvar. Si alguien está cambiando el rumbo de la historia...¡Tiene que ser él! Si no fuese así, ella ya estaría muerta. Tengo que ir a búscalo, no dejaré que pelee sólo.

—¿Te volverás a ir?—dijo mi abuela mientras tomaba mi mano.

—Abuela, ese chico de las noticias es Hugo, mi mejor amigo. Él está buscando a mis padres y mira lo que ha pasado. Todos los acontecimientos que han estado sucediendo son derivados de la desaparición de mis padres. No puedo ocultarme más tiempo, tengo que encontrarlos.

Mi abuela me miró penetrantemente, yo sabía lo que estaba pasando por su cabeza, que me alejaría de ella y no la volvería a ver, pero al mismo tiempo parecía entenderme.

—Entonces iré contigo—clamó mi abuela con decisión y firmeza.

—Pero...

—No se siquiera si es cierto lo que ustedes dicen, pero si es mi última oportunidad de ver a mi hijo, quiero hacerlo. ¿Qué clase de madre sería si lo dejo ir de nuevo?

—Yo también quiero ir—comenzó a saltar Victoria de un lado a otro.

—Tú no puedes ir, es muy peligroso—agregó Brisa—quédate conmigo, yo te cuidaré, trabajaremos en equipo.

—Tiene razón Brisa—me dirigí a mi hermana—necesito que te mantengas a salvo, y le digas a Brisa todo lo que averigües en tus sueños. Si ustedes trabajan juntas encontrarán muchas respuestas.

—Te voy a extrañar hermanito—se aferró fuertemente a mi.

—Volveré, te lo prometo—le aseguré dulcemente y cuando regresé mi mirada al frente vi a Brisa con los ojos un tanto llorosos, de alguna forma siempre me termino separando de ella. Sinceramente, en ese momento sentí un nudo en la garganta, pero sabía que si yo decaía sería el fin; así que me armé de valor y le sonreí—esa promesa también es para ti.

—La cuidaré bien—concluyó Brisa.

En el resto del día hice mi maleta y la de mi hermana y acudí a la casa de Brisa. No sabía que dirían sus padres sobre mi petición, pero no tenía otra opción más que hacerla, no puedo confiar en nadie más que en ella para cuidar a mi hermana.

Toqué el timbre, escuché el sonido de una pequeña campana que resonaba dentro de la casa tres veces mientras Victoria tomaba fuertemente mi mano.

Un hombre de alta estatura, de mediana edad y bastante formal abrió la puerta, tenía una mirada un tanto sería pero amable.

—Buenas noches—se limitó a decir—pasa.

—Buenas noches—respondí. Caminé hacia dentro con bastante vergüenza, pero cuando entre a la sala me sorprendí al ver a mi abuela platicando con Brisa y su madre. El hombre que me abrió la puerta rápidamente se sentó al lado de la madre de Brisa y le tomó la mano, pude deducir que aquel señor que me veía con recelo era el padre de Brisa.

—¡Julián!—se levantó la señora de la casa para saludarme—¡no sabía que eras nieto de la señorita Bravo! Por supuesto que tu hermana se puede quedar aquí cuantos días quiera, nosotros la cuidaremos.

—Yo...no se que decir mas que agradecerles—agregué un tanto confundido.

—Vine a hablar directamente con ellos Julián—señaló mi abuela—sabía que lo harías tú también, pero yo quería hacer esta petición personalmente, ya que son las únicas personas de este pueblo en quienes puedo confiar.

—¡Ay!, señorita Bravo ¿por qué es así de penosa? Si gracias a Brisa y a Julián casi somos familia—ante tal comentario solo vi como Brisa se sonrojaba al mismo tiempo que su padre se atoraba con la galleta con la que estaba tomando su café.

—¡Mamá! Ten respeto por mi padre.

—Lo siento—rió su madre imprudentemente.

—¿Entonces eso significa que es formal?—manifestó el padre de Brisa casi de golpe. Mi corazón dio un salto cuando escuché estas palabras, ¿era acaso "esa plática"? Al parecer vio mi expresión de sorpresa y continuó con la misma seriedad—me refiero a la estadía de tu hermana aquí.

—Si papá, se quedará aquí unos meses hasta que Julián vuelva, ¿no es así?—me preguntó Brisa. Yo simplemente me quedé pensando en las palabras que dijo su padre y mi mirada se perdió en la nada—¿Julián?—repitió.

—¿Eh?...si, lo es—volví a la realidad. Entonces su padre añadió...

—Bien, entonces ella puede quedarse desde...

—De hecho señor—lo interrumpí—ambas son formales, la estadía de mi hermana y lo que siento por su hija. Perdón por haber estado actuando de esa forma durante todo este tiempo, por nunca dejar nada en claro y por irme en este momento.

—A eso es lo que quería llegar—expresó su padre con firmeza—no quiero verla llorar como la vi esa vez el día de su cumpleaños.

—Papá, es que no fue por que termináramos, él...¿puedo decirle Julián?

No sabía cómo reaccionar, así que simplemente asentí.

—Los padres de Julián están desaparecidos y él los ha estado buscando durante todo este tiempo, es por eso que nos conocimos, por que yo lo estuve ayudando. Y ahora el necesita ir de vuelta a la capital para encontrarlos. Su mejor amigo también está herido y necesita su apoyo.

—Adolfo—le habló mi abuela—ese mejor amigo es el de las noticas, él que salvó a una chica a punto de morir. No sabemos exactamente con que clase de personas nos estamos enfrentando, pero por eso mismo debemos irnos, no puedo dejar que a mi hijo le suceda algo, ni que mis nietos se queden sin un padre.

—¿No han intentado hablar con la policía?—preguntó el padre de Brisa.

—Nuestro principal sospechoso de este secuestro es uno de los hombres de negocios más poderosos de este país. Tenemos que descubrir pista por pista en las sombras—agregué.

El señor Adolfo, padre de Brisa, tomó aire, se levantó de su asiento y me dio la mano.

—Si es así, haré todo lo que pueda para ayudarte, como dijo mi esposa y espero que no la tomes a broma aunque sea demasiado imprudente, nosotros ahora somos casi familia, así que tienes todo mi apoyo.

Sueño erranteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora