Capítulo 21

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Continúa Relato de Brisa

—Te he estado ocultando algo—dijo Julián avergonzado.

—¿Sobre la señorita Bravo siendo tu abuela?

—¿Lo sabias?—preguntó anonadado.

—Lo averigüé el día que te fuiste. Ella llegó a mi casa preguntando por ti desesperadamente, al parecer te reconoció demasiado tarde.

—¿Cómo está ella?

—Mmm...no está tranquila si es lo que quieres saber.

—¿Estás molesta por que no te lo dije antes?

—No, de todos modos me lo estás diciendo en este momento. Y más que molesta estoy desconcertada, que la señorita Bravo sea tu abuela es...raro, pero explica muchas cosas. ¿Sabes? siempre me pregunté por qué elegiste mi ciudad de todos los lugares del país. Ahora lo entiendo. Lo único que me pregunto constantemente es porque sigues huyendo de Hugo, ¿por qué? Últimamente he pensado que tú...no huyes de él realmente ¿o si?

—No—dijo cabizbajo.

—Entonces ¿de qué o de quién?

—Hay alguien que tiene secuestrados a mis padres, pero no se quién es. Esa persona probablemente vive en la capital. No quiero que Hugo me encuentre y me haga regresar allá. Si realmente hay alguien forzando a mis padres a hacer algo que no quieren, no quiero ser la carnada.

—¿Y qué sucede con Hugo? ¿No piensas en lo preocupado que está por ti?

—Si, a veces, aunque no me consta.

—¿Quieres verlo?

—¿A qué te refieres?

—Sólo cierra los ojos—Julián obedeció mi petición y lo llevé al lugar al que nunca nadie había entrado jamás—Ábrelos.

—¿Qué es esto?

—Mi oficina de sueños—extendí mis brazos y señalé todo lo que nos rodeaba—es linda ¿no?—Julián soló me dirigió una mirada de preocupación—estás pensando que no debería dejar a alguien entrar aquí ¿cierto? Está bien, no importa porque eres tú.

—Aún si soy yo, ¿no es esto una invasión a tu privacidad?

—Más bien, está oficina en general es una invasión a la privacidad de la gente que conozco—tomé una de las esferas de la fuente en mis manos—como esta.

—¿Ese...es Hugo?

—Si lo sabes ¿qué estás esperando?—Julián tomó la esfera con las dos manos y juntos nos transportamos.

En una calle muy transitada de la capital se encontraba un chico que se lamentaba en cuclillas. Tenía sus dos manos en la cabeza casi imitando una posición fetal. Se quería proteger, ¿de qué? Eso yo no lo sabía.

Sin embargo, lo que más me impresionó no fue verlo a él, si no verme a mi misma unos años mayor. Es más, por alguna razón para ser un sueño todo estaba demasiado detallado, parecía incluso la realidad.

—Esto no es normal, no se siente como un sueño—mascullé.

—Es porque no lo es.

—¿A qué te refieres Julián?—lo interrogué.

—Hugo está en la máquina. Yo ya he estado antes dentro de ella. El cerebro interpreta esta conexión con la máquina como si fuera un sueño, pero, tal como vez a tu alrededor...esto es demasiado nítido para ser un sueño.

El grito desconsolado del muchacho nos regresó de nuevo a él.

—¡¿Por qué no puedo despertar?!

—Cálmate Hugo, todo estará bien, sólo necesitas unos cuantos tranquilizantes—trató de calmarlo mi "Yo" del futuro—déjame llamarle a tu psiquiatra.

—¡Yo no necesito esas cosas! Quiero ver a mi padre ahora mismo, ¡necesito verlo!

Yo no entendía nada de la situación, y buscaba los ojos de Julián para encontrar respuestas, pero él tenía la mirada clavada en esa escena. Jamás había visto una expresión así en su rostro, se veía completamente desconcertado y al mismo tiempo parecía que estaba a punto de romper en llanto.

—¿Qué haces?—interrogó Hugo a la Brisa del futuro—¿Por qué tomas el teléfono? ¿Realmente planeas llevarme a un manicomio?

—Pero que tonto eres—lo regañó mi otra "Yo" mientras le daba un golpe en la cabeza—estoy llamando a Julián. Realmente es con él con quien necesitas hablar, no conmigo.

Hugo pareció haberse tranquilizado un poco con esa respuesta, así que esperó en silencio, tal como nosotros. Nada rompía con ese frío silencio más que el sonido de los carros y el susurro de la gente que pasaba alrededor. Aún estando en una concurrida calle de la capital, desde la perspectiva de Hugo no había nada más que pensamientos sombríos que yo podía sentir en lo más profundo de mi corazón.

—¿Lo percibes?—le murmuré a Julián.

—¿Su dolor?—volteó hacía mi con los ojos llorosos—claro que si.

No se cuanto tiempo esperamos, parecieron siglos. Hasta que a lo lejos vimos a una persona de cejas gruesas y ojos profundos, cuerpo esbelto y cabello oscuro. Tal vez unos años mayor, pero la silueta de Julián era inconfundible. Venía corriendo desesperadamente.

—¡Hugo!—clamó.

Hugo levantó el rostro y al ver al Julián del futuro se inclinó más de lo que estaba y lloró a sus pies.

—Lo lamento, ¡Lo lamento! Fue mi culpa, perdón por no haberte creído.

Julián del futuro lo miró con compasión y le extendió su mano para que se incorporara.

—Gracias por la disculpa—sonrió amablemente—pero tú no me deberías estar diciendo esto a mi ¿cierto? Por que yo no soy el Julián que estás buscando, ni tú el Hugo de mi presente. No te sorprendas, jamás podría olvidar la máquina que hicimos juntos hace casi seis años. Aunque para ti no ha sido más de un año ¿verdad?

Sueño erranteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora