Capitulo 13

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Hugo me observó sorprendido mientras extendía las manos

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Hugo me observó sorprendido mientras extendía las manos.
—¿Entonces?, ¿dónde está?.
—Te daré información hasta mañana, pero para eso necesito que confíes un poco en mí.
—¿Confiar?—dijo frunciendo ligeramente el entrecejo—Bien, si ya confío en ti ¿no me puedes decir dónde está Julián desde hoy?.
—Realmente no.
—Esa respuesta es para desconfiar.
—Puedes creer lo que quieras, pero estas cosas requieren tiempo.
—Muy lista—sonrió—Si es así, vendré mañana a la misma hora, y por supuesto serás bien recompensada.
"Por supuesto que seré bien recompensada" expresé para mis adentros al mismo tiempo que veía a Hugo alejarse con una mueca de felicidad en el rostro. El día siguió y al llegar la noche yo sabía lo que tenía que hacer.
Entré a mi oficina de sueños como de costumbre, y tal como lo esperaba, encontré una esfera nueva. Era muy opaca, casi tanto que parecía una niebla oscura que podría disiparse en cualquier momento, pero allí estaba. Hugo confiaba en mi, aunque sea un poco, tanto como su incredulidad le permitía. No podía malgastar el tiempo, la confianza era algo que podía perderse de un momento a otro, ya que en algún punto él sospecharía de mi y dejaría de creerme. Pero en ese instante él me creía y era todo lo que importaba, así que tomé la esfera y entré.
Me encontraba en una habitación con muchos pianos, de todas las clases. Habían pianos de cola, clavinovas, de pared e incluso teclados, todos al alcance de una persona que parecía ser Hugo. Era así como él acariciaba cada tecla para producir un dulce sonido, como si buscara el que sonara mejor. Desechó todos los teclados y se acercó inmediatamente al piano de cola con ferviente deseo, se sentó frente a él y anhelantemente comenzó a tocarlo. Una melodía que yo no conocía pero que sonaba tan bien, cada tecla memorizada que producía encanto solo de verla. Sin embargo yo podía sentirlo, la dificultad con la que Hugo la tocaba, como si tuviera que hacer un esfuerzo que superaba el que hiciese normalmente. Comenzó a fallar y no pudo continuar, entonces la música se interrumpió y despertó.
Cuando abrí mis ojos pensé en lo que acaba de ver. Creí que sería algo diferente, algo tan sarcástico como él, pero no, al parecer en su interior no existía esa armadura llena de malas caras y sonrisas amargas, si no, bellos sonidos que se articulaban para producir en conjunto una melodía que resonaba en su corazón.
Al siguiente día le pregunté a Julián:
—¿Hugo toca el piano?.
—¿Viste algún sueño de Hugo?—se sorprendió—no puedo creer que ganaras su confianza tan rápido.
—Le dije que le daría información sobre ti.
—¿Y realmente piensas echarme de cabeza?—exclamó mientras alzaba una de sus pobladas cejas.
—¡Por supuesto que no!—grité—¿realmente me crees capaz de hacer algo así?.
—Solo era una suposición, no te tienes que molestar. Es decir, incluso mi mejor amigo piensa que perdí la cabeza, no podría obligarte a no creer lo mismo.
—¡Pero yo no soy Hugo!, yo confió en ti y por eso voy a hablar con él, ¡no puedes ocultarte de él toda la vida!.
—No planeó ocultarme toda la vida. Sólo serán unos meses hasta que encuentre a mis padres. Te aseguró que no habrá nada que puedas hacer para convencerlo, es más incrédulo que una persona de la edad media. No pienses que podrás hacerlo cambiar de opinión contándole al pie de la letra uno de sus sueños, yo lo intenté y ¿sabes que pasó a partir de ese día?, mi hermana jamás pudo volver a ver ninguno de sus sueños, porque él se resistía fuertemente a aceptar la verdad y se empeñó en no dejar que ella los viese. ¡Él es el que se oculta, no yo!.
—Julián—Lo miré a los ojos y continué—Yo tampoco confiaba en ti al principio, Hugo simplemente al igual que yo necesita un poco de tiempo para organizar sus ideas, ¿no crees que existe una razón por la cual él está aquí buscándote?.
—Él sólo quiere la máquina de vuelta y nada más, pero ¡bien!, habla con Hugo si quieres, aún así no creo que logres nada.
—Oye, ¿no fuiste tú quién dijo que yo era la persona en la que más confiabas?.
—Confío en ti, pero no en el raciocinio de Hugo—concluyó.
A mi no me importaba mucho la opinión de Julián, de alguna forma heredé la imprudencia de mi madre y la buena voluntad de mi padre, entonces seguí con lo planeado.
Tal como lo acordamos, al llegar a la tienda de la señora Bravo encontré a Hugo esperando, quién al verme inmediatamente me preguntó:
—¿Dónde está mi información?.
—Aquí está.
Comencé a tararear la canción que había escuchado ayer en su sueño. Hugo simplemente me miró perplejo y un tanto aterrado mientras esperaba a que yo llegara al final.
—¿Dónde escuchaste eso?—murmuró.
—¿En donde más sino en tus sueños?.
—¡No!, ¡mientes!, ¡¿eres alguna clase de acosadora?!.
Al escuchar ese tono de voz no pude evitar reírme por la familiaridad con la que sonaba esa frase. Hace no mucho yo también le había dicho algo similar a Julián. El parecido entre nuestras respuestas era algo que no se podía negar. Tomando esa lógica, eventualmente, tal como yo, Hugo creería en nosotros. Siendo así, me armé de valor y exclame:
—¿Acosadora de sueños?, piensa en lo absurdo que suena eso—me mofé—simplemente le di un vistazo a tus sueños.
—Estás tan loca como Julián, ¡no puedo creerlo!, ¡es ridículo!.
—No, el ridículo eres tú—entonces me acerqué tanto que nuestras narices casi chocaron—y en ese mismo razonamiento, si tres personas estamos dementes al mismo tiempo, si todos estamos locos, ¿no es posible que al final tú seas el único que está mal de la cabeza?.

Sueño erranteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora