Relatado por Julián
Hace apenas unas horas me encontraba con los padres de Brisa, en ese pequeño pueblo colonial que está tan ligado a mí. No lo negaré, mientras abordaba el avión hacia la capital, deseaba con todo el corazón olvidarme de todo y quedarme. Pero no puedo seguir siendo tan cobarde cuando mi mejor amigo podría estar grave. Lo único que pude hacer al despedirme de mi hermana y Brisa fue sonreír amargamente.
En cuanto llegamos a la capital, llevé a mi abuela a la casa de mis padres, y le dije que me esperara ahí; lo menos que quería es que el padre de Hugo supiera de ella, no podía llevarla a casa del señor Humberto, si perdiera a mi abuela también, probablemente enloquecería. Intenté convencerla de quedarse con mi hermana, en su tienda de regalos, como ha vivido toda su vida, pero ella es terca, demasiado para su propio bien.
Finalmente, salí de aquella casa en la que me criaron mis padres y partí a ver a Hugo. Primero fui al hospital, pero me informaron que había sido dado de alta. Al escuchar eso, me sentí completamente aliviado, mi amigo estaba bien.
Corrí a toda prisa hacia su casa, abrí la puerta usando mi contraseña y pensé en el lugar en el que Hugo podría estar. Entonces llegué a esa singular habitación que sólo alguien tan excéntrico como Hugo podría tener.
—No has cambiado nada ¿cierto Hugo?—exclamé.
—¡Julián! ¿Qué haces aquí?—Hugo se paró inmediatamente al verme y se acerco incrédulamente como si hubiera visto un fantasma.
—¿Por qué pones esa cara extraña? Amelia va a pensar que eres feo—le bromeé en cuanto la vi parada al lado del piano—¿nueva novia?
—¿Cómo está Brisa?—replicó inmediatamente.
—Buena forma de evadir la pregunta. Ella...creo que debería estar bien.
—¿Tú porqué pones esa cara tan amarga? Te pegó muy duro el enamoramiento ¿no?
—Tal vez—mascullé.
—Gracias por venir a verme amigo, creí que no volverías—se lamentó.
—¡Un momento!—intervino Amelia—ustedes dos están hablando frente a mi como si yo no existiera, saben que no entiendo nada ¿cierto?
—Es mejor que no entiendas—le reprochó Hugo.
—¿Qué tan involucrada está? ¿qué tanto sabe?—pregunté
—No mucho, pero aún con la poca información que obtuvo, estuvo a punto de morir, ¿no te parece increíble?—expresó Hugo con sarcasmo.
—Siguen haciendo lo mismo—repitió Amelia un tanto encolerizada—quieran o no, ya estoy involucrada, Hugo me salvó la vida y yo pienso pagarle el favor.
—Amelia, mucho gusto, soy Julián. Bueno, te explico, realmente el favor que quieres pagarle a Hugo sería más bien, un favor para mí, Realmente no creo que te quieras involucrar, créeme, podrías estar en grave peligro.
—Ambos siguen diciendo lo mismo, pero si no me explican no podré saber a que se refieren. A mi me gustan las matemáticas, las cosas lógicas, si ustedes me ponen al tanto de la información podría asustarme y hacerme a un lado tal como ustedes quieren; lógico ¿no creen?
—Tu novia es inteligente—le señalé a Hugo—parece que no tenemos más remedio.
Hugo bufó con desagrado, pero unos momentos después respondió—sólo porque es más terca que una mula.
Amelia se sentó en el banco del piano bastante emocionada como si fuera un pequeño niño al que le van a dar un dulce, mientras Hugo y yo comenzamos a contarle la historia. Primero empezamos con a desaparición de mis padres, después hablé de los sueños de mi hermana, para ese momento pensé que ella se pararía y diría que estábamos locos, pero no lo hizo, simplemente escuchó atentamente en silencio. Después hablé de la máquina predictora del futuro, otro tema de locos. No quise mencionar mis sospechas del señor Humberto por obvias razones, en primer lugar no era propio hablar de ese asunto con Hugo a mi lado y en segundo lugar porque creí que esa información era un tanto más clasificada. Cuando terminé de hablar, ella no dijo una palabra, miró hacia la pared y parecía reflexionar. De vez en cuando subía ligeramente la mirada hacía arriba mientras asentía.
—¿Y bien?—preguntó Hugo bastante desesperado.
—Creo que necesito más tiempo para entender esto, si me disculpan—se levantó del banco y salió de la habitación. Después de ello, hablé con Hugo por un bastante rato hasta que comenzó a anochecer. Me despedí de él y le prometí que llegaría al siguiente día para trabajar en la máquina.
Llegué a casa, y por primera vez en mucho tiempo, encontré una cena servida en mi comedor. Me senté mientras mi abuela me miraba tiernamente. Era eso lo que yo podría llamar felicidad. Éramos dos individuos solitarios que compartían una mesa y una sonrisa nostálgica.
A las tres de la mañana, mi abuela se encontraba durmiendo en la habitación de mis padres, y yo estaba sentado en el escritorio de mi cuarto reflexionando sobre lo que debería hacer. Pensaba en mis padres, mi abuela, mi hermana, Hugo y Brisa, todas aquellas personas que tenían un gran valor para mí, todas aquellas personas que no quería perder. Las luces de mi cuarto estaban apagadas, y sólo me acompañaba la tenue luz de la luna y las estrellas.
—Hace mucho tiempo estuve en esta misma habitación, con los mismos muebles y las mismas paredes, pero...mis padres estaban a mi lado—repetía una y otra vez en mi mente. Hasta que un portazo me sacó de mis pensamientos.
—¡Julián! ¿Por qué no te has dormido chico desobediente? ¡Increíble Brisa! ¿acaso puedes saber cuando duerme y cuando no?—decía mi abuela con el celular en la oreja. Rápidamente me pasó el teléfono y escuché la voz de Brisa. En un principio quise bromear y dejar a un lado mi depresivo sentir, sin embargo ella me contó del sueño del señor Humberto. ¿El padre de Hugo asesinándome? ¿Qué significaba todo esto? Intenté calmarla, pero yo no pude hacer lo mismo conmigo. Tenía miedo, no quería morir nunca. Que patético sería dejar este mundo antes de encontrar a mis padres. Colgué el teléfono y mi abuela preguntó:
—¿Qué sucede?
—Nada, ella simplemente me extraña mucho, por eso llamó—mentí.
—Nada, simplemente alguien quiere matarme—pensé.
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Sueño errante
Science Fiction¿Qué harías si pudieras meterte en los sueños de otros? Tal vez no lo sabes, pero eso es lo que hace Brisa, una chica ¿normal? ¿Alguien normal viaja en el mundo de los sueños mientras duerme? Ella sabe que es singular, así como un extraño desconocid...
