Capítulo 32

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Relatado por Brisa

—Señorita Bravo, ¡¿Dónde está Julián?!—chillé angustiada.

—¿Eh?—respondió medio dormida—¿Qué donde está? Durmiendo en la habitación de al lado.

—¿Puede ir a verlo?—le rogué.

—¿Verlo? Está bien—escuché como la señorita Bravo se levantaba de la cama, se ponías las pantuflas calmadamente, abría la puerta de su cuarto y con sus pesados pasos caminaba hacía el cuarto de Julián. Finalmente escuché el chirrido de la madera y...

—¿Señorita Bravo?

—¡Julián!

—¿Qué sucede?—la interrogué con ansiedad.

—¿Por qué no te has dormido chico desobediente? ¡Increíble Brisa! ¿acaso puedes saber cuando duerme y cuando no?—exclamó con asombro.

—¿Me lo puede pasar por favor?

El teléfono pasó de una mano a otra, y una voz cálida tranquilizó mi inestable corazón.

—¿Qué sucede Brisa? No es que no me alegre escucharte pero ¿realmente no puedes vivir sin mi?—bromeó.

—¡Julián!—suspiré aliviada—¿cuánto tiempo llevas despierto?

—No he dormido aún, no he tenido el privilegio de soñar contigo por el momento—dijo risueñamente.

—Es un alivio, gracias por estar vivo.

—¿Qué sucede?—cambió su tono de voz rotundamente—¿averiguaste algo?

—Victoria y yo descubrimos que tenemos acceso a los sueños tanto del señor Humberto como de su familia, entonces decidimos investigar.

Le conté detalladamente el sueño a Julián sin perder un solo detalle, él me escuchó atentamente hasta que terminé. Después de haberle informado, él me prometió que tendría mucho más cuidado y procuraría estar con Hugo a cada momento de manera que si el señor Humberto fuera un asesino, no tuviera oportunidad de matarlo. También me tranquilizó diciendo que después de todo, él sueño podía no tener significado alguno. Al colgar, repetí las palabras de Julián a su hermana, la arropé mientras acariciaba sus cabellos y la consolaba.

Ella después de todo pudo lograr dormir, pero yo no. Tenía miedo, no sabía a lo que me enfrentaba, una persona amada a la que debía proteger de un enemigo sin rostro. Cuando ya no pude más con mis pensamientos salí del cuarto, me dirigí a la cocina por un vaso de leche caliente, y salí a la terraza. El aire estaba frio, sin embargo no quería regresar adentro.

—¿Qué haces aquí afuera a estas horas?—cuando voltee, vi a mi padre con un vaso de leche y dos chamarras, una la traía puesta él y la otra me la entregó—hace mucho frío ¿no crees?

—Sólo un poco. Perdón, pronto volveré a mi cuarto.

—No es necesario, parece que no te sientes bien. ¿Acaso tiene que ver de nuevo con "el señorito Bravo"? ¡Oh cierto!—fingió torpeza mientras golpeaba ligeramente su cabeza—no es "señorito Bravo" sino Julián.

—Acertaste como siempre papá, realmente estoy preocupada por esa persona.

—Brisa, no hay nada que puedas hacer más que confiar en la policía. Las cosas caen bajo su propio peso, ya lo verás, pronto analizarán una a una las pruebas y...

—Papá, ¿y si te dijera que las pruebas que tenemos no son algo que la policía podría entender? Ya sabes, algo como sueños y máquinas extrañas.

—Así que sueños ¿eh?—colocó su mano en la frente, al mismo tiempo que su rostro empalidecía.

—Ya se lo que piensas papá, se que tal vez creas que necesito ir con un psiquiatra pero...

—No, no es eso—tartamudeó—simplemente yo deseaba con todo el corazón que no tuvieras esa habilidad.

—¿A qué te refieres?—le interrogué con asombro—¿tu sabes que puedo ver los sueños de otros?

—Bueno...—tragó saliva—tu abuela tenía esa habilidad. Recuerdo que ella solía darme un buen desayuno cada vez que tenía una pesadilla, ella siempre sabía como nos sentíamos tus tíos y yo, mediante nuestros sueños. Pero aunque para nosotros era maravilloso, a mi padre no le gustaba para nada, de vez en cuando me decía que mi madre daba miedo, o que era una metiche. Así, pasaron años de frecuentes peleas hasta que un día, él bajó las escaleras, besó a mi madre en la mejilla y le dijo "ahorita vengo, voy a comprar leche". Podríamos decir que fue el típico "se fue a comprar cigarrillos y no volvió mas". Aún así, mi madre no perdía la esperanza, quería encontrarlo porque a pesar de todo, lo amaba. Usó sus habilidades para encontrarlo, estoy seguro de que recibió ayuda de alguien más, sólo que no se de quién. Después de varios meses, mi madre recibió una llamada donde le dieron la dirección de mi padre. Podrás imaginar la felicidad que sentíamos en aquel entonces, pero eso no duró mucho—se lamentaba mientras veía al suelo—cuando mi madre lo encontró, él ya estaba casado y con un bebe recién nacido. Él...incluso tuvo el descaro de rogarle que no le hiciera daño a su hijo, como si mi madre fuera alguna clase monstruo. Hija, lamento que hayas tenido que pasar por esto sola, pero realmente yo deseaba fervientemente que jamás tuvieras esa habilidad, porque a mi madre no le causó más que penas.

Tardé unos minutos en procesar toda esa información, ¿mi abuela teniendo la misma habilidad? ¿Mi padre conociendo sobre ella? Era como si de repente todas las dudas que tuve sobre mí misma se disiparan. Ahora mi habilidad tenía un pasado y no sería simplemente un suceso aleatorio.

—Se que te preocupas papá, pero ya tengo ambos, tanto la habilidad como los problemas. Realmente no tengo más remedio que buscar como solucionarlos con ella y necesito de ti, de lo que sepas y...

—Si es de esa forma, bien...—tomó aire y suspiró pesadamente—cuando tu naciste recibimos una carta; dentro de ella se especificaba que si, por alguna circunstancia, tú llegarás a tener la misma habilidad de tu abuela, debíamos llevarte a ellos. Dentro del sobre se encontraba incluso un número telefónico al cual contactar, sin embargo, yo no quería hacer otra cosa más que romperlo de una vez por todas, como si se tratase de los pesares de mi madre.

—¿Entonces lo rompiste?—le pregunté afligida.

—No, jamás tendría el valor. Porque a pesar de todo, esas personas y aquel sobre eran la única señal de que tanto mi madre y nosotros no estábamos locos.

Sueño erranteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora