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Descubrió dónde trabajaba ella. Era maestra. Oh, cuánto deseaba poder tomar su clase. Pero por ahora, solo mirarla era suficientemente bueno.

Él espero hasta que ella terminara, paseando y evitando a los guardias de seguridad. Se animó cuando las clases terminaron.

La siguió a casa cuando ella salió. Estaba sosteniendo su bolsa y sacándose unos cuantos mechones de pelo de su hermoso rostro

Momentos después, ella pareció haber notado su presencia y empezó a caminar más aprisa.

Dio la vuelta a la esquina. Él corrió para alcanzarla. Eso la alertó y ella corrió. Comenzó a correr tan pronto dio la vuelta a la esquina. Él la siguió, ansioso por correr tras ella. No la perdería. Jamás.

Ella llegó a su casa. Él vio como abrió temblorosa su puerta, y sonrió. Le daría otra rosa al siguiente día.

100 Rosas AmarillasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora