*Narra Leo*
El apartamento seguía igual que siempre, tal y como lo recordaba. Las cortinas beige evitando que el sol de la tarde entrara directamente al apartamento, el gran comedor de roble presidido por un gran jarrón de flores recién cortadas, la mesa de cócteles a un lado...
Pasamos directamente al salón y me senté en el que quedaba justo frente a la tele - esa que adornaba toda una pared-, el mismo en el que había pasado tanto tiempo.
-¿Quieres beber algo?
-Quiero irme. Así que si puedes hablar, sería mejor.
Suspiró y posó sus manos en sus rodillas, poniendo la espalda recta.
-Quiero que sepas que no pretendíamos que esto sucediera. Simplemente pasó - se encogió de hombros, mirándome fijamente-. Intentamos evitarlo pero...
-Deja de justificarte, Lis. ¿Cuándo ocurrió exactamente?
-¿Recuerdas a aquella chica? La última de Jack... Creo que se llamaba...
-Alejandra - pronuncié su hombre a pesar del nudo que se había instalado en mi garganta.
-Todo pasó un día que fui a hablar con él. Yo quería que parara toda esa mierda de utilizar a chicas. Era mi amigo, al igual que el tuyo, y quería que dejara de hacer cosas que solo le afectarían negativamente.
-¿Y qué pasó? - pregunté.
-Estábamos en su sótano, hablando. Recuerdo que me llamaste contándome lo que había hecho con Alejandra. En cuanto colgué, me eché a llorar. Jack estaba destrozando su vida y la de más personas.
-Cabrón. - Apreté los puños a ambos lados de mis piernas.
-Me lo encontré borracho, llorando. No sabes lo impactante que fue verle así. Estaba arrepentido por lo que le había hecho.
-No la quería. No estaba arrepentido, Alice. No te engañes.
-Llevas razón, no la quería. Pero le dolió lo que le había hecho por algo que le dijiste.
-¿Yo? - Fruncí el ceño sin entender a qué se refería.
-Le dijiste que te daba asco como persona, que algún día se toparía con una chica como yo, con novio, y entonces se arrepentiría.
Lo recordaba.
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-Jack, joder. Este sótano apesta a alcoh... Mierda - Jack estaba encima de ella. La chica estaba medio desnuda, sollozando, mientras intentaba con todas sus fuerzas deshacerse del cuerpo de mi amigo.
-Por favor, Jack... Por favor...
-Joder, Leo. Lárgate de aquí. ¿Es que no sabes llamar?
-Tío, déjala en paz. - Me acerqué a ellos, intentando alejar a Jack de ella.
-¡Largo!
-¡Déjala! - Tiré del brazo de mi amigo, haciendo que cayera al otro lado de la estancia-. Alejandra, estoy aquí, tranquila... - susurré pasando mis manos por sus mejillas. Estaban calientes y húmedas por las lágrimas. Estaba temblando y me recordaba a un animalillo desvalido-. Joder, ¿qué coño le has hecho? - Me giré para observar cómo Jack se intentaba poner en pie.
-Sólo nos estábamos divirtiendo. ¿A que sí, cariño? - Alejandra empezó a llorar más fuerte que antes, estremeciéndose con cada llanto.
-Tienes que parar, tío. Tienes que parar.
-¿Y este ataque de ética y moral a qué coño viene?
-A que algún día una de ellas será la novia de alguien como yo y puedo asegurarte que ese alguien te matará. - Le levanté por el cuello de la camiseta-. Si ella fuera Alice, ten por seguro que lo habría hecho.
-Alice... - musitó cuando dejé que cayera al suelo, encogiéndose como una lombriz.
-Te voy a sacar de aquí. - Cogí a Alejandra entre mis brazos y salí de aquel sótano.
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-Él ya estaba enamorado de ti.
-Siempre lo estuvo - espetó con una nostálgica sonrisa-. Sólo que yo me fijé en ti.
Mi amigo, mi mejor amigo, enamorado de mi novia.
-Dios... Parece un puto culebrón latino - logré decir pasando mi mano por mi nuca, llena de sudor.
-Leo, de verdad. Lo siento... - Suspiró-. Yo te quería. Te sigo queriendo. Pero Jack... Mira, aquella tarde me lo contó. Me dijo que estaba arrepentido, que quería cambiar. Y yo le ayudé. Entre una cosa y otra...
-Entre una cosa y otra surgió el amor. ¿No? - Reí irónico.
-No sé que más decirte para hacer que...
-Nada de lo que digáis podrá hacer que os perdone. No ahora. No después de... - Cerré los ojos y vi a Alejandra, su sonrisa, sus ojos-. ¿Sois felices? - La pregunta salió de mis labios antes de siquiera poder procesarla.
Abrí los ojos y me encontré con una sorprendida Alice. Sus labios estaban ligeramente separados y sus mejillas, rosáceas.
-Fui feliz contigo.
-Digo con Jack. Jack y tú... Y vuestro bebé. ¿Sois felices?
Asintió, mordiendo una de sus perfectamente arregladas uñas. Incluso así, nerviosa, embarazada, Alice era la encarnación de la elegancia y pulcritud. Totalmente distinta a Alejandra.
-¿Qué vais a hacer?
-Vamos a ir a la universidad. Jack está trabajando en la empresa de sus padres, y pronto nos mudaremos.
-¿Os han apoyado? - Me sorprendió bastante escuchar aquello. Sus familias eran las típicas neoyorkinas con más dinero que años para gastarlo y para las que lo más importante era la imagen que dabas a los demás.
-Jack ha cambiado. Ha cambiado muchísimo. Y este bebé... No negaré que fue una sorpresa al principio, pero es una bendición. - Sonrió acariciando su vientre.
No sabía qué más decir, así que me levanté del sofá y me acerqué a ella.
-Alice... Serás una buena madre - dije son saber de dónde salía toda esa amabilidad, por así decirlo. Se suponía que tenía que detestarles, pero no era capaz. Sabía que debía perdonarles, aunque me empeñara en creer lo contrario.
La chica se abalanzó sobre mí, rodeándome con sus brazos mientras sollozaba.
-Todo va a estar bien. - Acaricié su cabello-. Lo prometo.
Aunque la verdad era que no sabía si lo decía por ella o lo decía por mí.
*Narra Alex*
Hacía ya dos días que no sabía nada de Leo. Había sido incapaz de llamarle. Tenía miedo, quizás. Era consciente de que me comportaba como una cría abandonada, que debía dejar atrás lo ocurrido, pero... Era difícil.
Siempre había querido ser una de esas personas a las que le da absolutamente igual lo que los démás pudieran pensar o decir. Pero lamentablemente no había sido bendecida con ese don, y por eso me pasaba la mayor parte del tiempo lamentando haber dicho o hecho esto o lo otro.
Pero tenía que hacerlo. Tenía que superarlo. Por mi bien. Por el bien de mi madre. Porque Louise me había hecho prometerle que lo haría. Porque Leo significaba para mí mucho... Y aunque sintiera algo por Jack, eso no era más que apego a lo que tuvimos, una enfermiza obsesión por creer que todo lo que había pasado no había sido más que un sueño.
Y sabía cómo acabar con eso.
Pero, ¿sería capaz de hacerlo?
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Mi historia favorita.
RomanceLeer era su pasión, pero nunca había vivido una historia así. Nunca. Hasta que llegó él.
