Capítulo 21.

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*Narra Leo*

Alice iba a ser madre. Y el padre era Jack.

¿Era Jack el padre?

Lo dejamos hace unos...

-¿De cuánto estaba?

-No sé de eso. Pero se le notaba bastante. Quizás unos cinco. No lo sé.

...tres meses.

-Cinco meses - la bilis subió a mi garganta y amenazó con salir, pero logré controlarlo. Esto no podía estar pasando.

Vale, Alice estaba con Jack por aquella época, pero al igual que tenía relaciones con él, las tenía conmigo. Pero siempre usamos protección... Siempre.

Salvo aquella vez.

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-¿Tienes...? - La pregunta quedó suspendida entre ambos. Había aprovechado que papá tenía unos días libres y estaría en el hospital con mi madre para visitar a Alice. Últimamente mi vida había sido un infierno y únicamente quería distraerme, pasarlo bien. El ambiente del hospital me tenía enfermo, casi literalmente, y necesitaba esto. Necesitaba estar con ella, pero hacía años que no la veía. A quien sí tenía era a Alice.

Negué con la cabeza y maldije por lo bajo.

-Da igual. Da igual... - Miró al techo y empezó a susurrar números-. Carta blanca - sonrió mirándome a los labios.

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Pero ella me había dicho que no pasaba nada.

Aunque también me había dicho que me quería y a mis espaldas me engañaba con mi mejor amigo.

Esto no podía estar pasando.

No ahora.

No después de haber encontrado a Alejandra.

Tenía que verla. Tenía que verla y preguntarle por el bebé. Sí. Eso haría.

¿Y si era mío? ¿Qué ocurriría entonces?

*Narra Alex*

-¿Estás bien? Leo, estás pálido - me preocupé después de cinco minutos de silencio. Parecía como si no escuchara mi voz. Parecía perdido en otro planeta-. Leo...

-Tengo que irme - sentenció con firmeza poniéndose de pie.

-¿Qué? Venga ya. Hace media hora estabas diciendo no sé qué de no querer irte y ahora te largas. ¿Estás de coña o qué? - le recriminé acercándome a él.

-Lo siento, es que...

-¿Sabes qué? Haz lo que quieras. - Me dirigí a la puerta, abriéndola e indicándole que saliera-. Vete. Ya... Me da igual.

-Alex, no, joder.

-¿Disculpa?

-¿Podrías dejar de actuar como una puta cría a la que han abandonado por una vez en tu vida? Tengo que irme. Pero volveré. Ya está. ¿Por qué te cuesta tanto aceptarlo? No me voy a Vietnam, joder.

-Vete - musité sin mirarle.

Sus palabras se me clavaron en el pecho como un cuchillo afilado.

¿Lo peor? Que llevaba razón. Toda la razón.

Leo cogió sus cosas y salió. Se dio la vuelta para decirme algo pero ya había cerrado. Inmediatamente, empezó a golpear la puerta, a gritar mi nombre, pero seguí sin responder.

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