Capítulo 35

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—Tengo que irme, ¿es que acaso no puedes dejar de perseguirme?—suelto, oyendo sus pasos detrás de los míos.

—Pues mira quien lo dice; tú te presentaste en mi casa y al abrirte la puerta me has rociado con gas pimienta, ¿qué otra cosa se supone que haga sino exigirte una explicación contundente?

No lo recuerdo de ese modo, pero lo que menos me interesa en este momento es entrar en una discusión sin salida con Austin, quien al menos ahora se ha calmado un poco y me permite avanzar, aunque eso implique tenerlo detrás como perrito faldero.

— ¿Siquiera podrías decirme a donde diablos estamos yendo?—inquiere, impaciente.

— ¿Estamos? Disculpa, pero eres tú el que me ha estado siguiendo, si fuese por mí, no llevaría a nadie conmigo al lugar donde voy.

Suelta una risa sarcástica y en menos de un segundo, lo tengo parado frente a mí, impidiéndome el paso. Hasta ahora no me había detenido a observarlo con cuidado, y cuando lo haga no puedo pasar por alto el color rojizo que han tomado sus ojos. La impresión que causa, más allá de lo estético, me hace sentir culpable una vez más, sentimiento que siempre me acompaña de una forma u otra.

—A ver, ¿de qué va todo esto? Podría estar acusándote en la policía local en este momento por atentar contra mí, pero aquí me tienes, intentando descifrar tu forma de actuar—se queja.

Lo analizo unos segundos, y le cedo la razón, aunque no en voz alta. Puede que esté actuando como una persona con problemas mentales, pero es que realmente me encuentro desesperada. Si no recupero mi collar pronto, no puedo llegar a imaginar en qué manos podría caer y cuántas cosas desencadenaría mi descuido.

Quizás si le explico, al menos parte de lo sucedido, acceda a ayudarme y todo resulte un poco más fácil.

—Te lo diré si prometes ayudarme y no hacer más preguntas.

Lo medita un momento, y su expresión deja a la vista el miedo mezclado con curiosidad que siente ahora mismo. Esa nunca es una buena combinación, pero esta vez es un punto a mi favor, así que no es tan mala.

—No haremos nada que corrompa la ley, ¿verdad? —inquiere, preocupado.

—Eso cuenta como pregunta, pero no lo haremos—suelto sin más—. Bueno, al menos eso creo.

Extraigo mi teléfono de la cartera y busco el mensaje que recibí hace media hora para luego mostrárselo a Austin, quien al verlo frunce el ceño.

—Ese es el collar de Emma.... espera un minuto—exclama—. ¡Tú también llevas siempre puesto ese collar!

Genial. ¿Cómo podría todo empeorar?

—Hemos llegado—le indico, deteniéndome frente a los baños públicos del parque—. Supongo que no te arriesgaras a entrar en un lugar exclusivo para el público femenino únicamente por saber qué esta pasando, ¿verdad?

De este modo, lo dejo fuera, aunque nada puede impedirle que ingrese al lugar si es que en cualquier momento él decide cambiar de opinión y desobedecerme. A fin de cuentas, luego de todo lo que le hecho y lo poco que le he explicado, ¿por qué no querría hacerlo?

En este momento lo único que deseo es encontrar alguien dentro y con alguien, me refiero a dos personas especificas que podrían explicarme qué esta ocurriendo. Pero a veces no todo sale como uno espera, y mucho menos si eres yo.

Vacío. Así se encuentra el baño donde horas antes me encontraba peleando con Karla. Reviso cada una de las reparticiones, si bien dudo que halle alguna persona, puede que mi collar se encuentre por ahí. Sin embargo, me equivoco.

Cansada de tanto andar, y rendida al sentir que no hay forma de solucionar la montaña de mentiras que cargo a cuestas en mi vida, mis rodillas caen al piso seguidas de mis fuerzas, y cubriéndome la cara con ambas manos, me escondo en mi misma para descargar en lágrimas la rabia que he acumulado durante el día, y de paso, durante meses.

—Hey, ¿qué sucede?—se acerca Austin de pronto, haciéndome dar un salto.

Apresurada me limpio la cara dándole la espalda; lo último que quiero en este momento es que me vea así. De todos modos, mi intento por evitar que lo haga no es suficientemente bueno como para impedir que coloque su brazo alrededor de mi cuello y su mano en mi pierna, a modo de consuelo.

—No es nada—digo al fin—. Debo irme.

Nuestras miradas chocan y esta vez me es imposible no romper en llanto. De una forma u otra continúo mintiendo, hasta en una pequeñez como puede ser el cómo me siento, o qué me pasa.

¿Qué me pasa? Esa es la pregunta que ronda mi cabeza, y sinceramente, no tengo respuesta, ni ganas de buscarla.

—Tranquila—me abraza, mientras soba mi espalda.

Soy consciente de que no lo merezco, y eso me hace sentir peor aún. ¿Por qué me consuela, si en menos de 24 horas le he tratado mal, al punto de casi dejarlo ciego? Eso por no mencionar que los últimos meses me he dedicado a actuarle la película de su vida, pero de eso no sabe nada. Por ahora, y visto lo crítico de la situación actual, quién sabe hasta cuando.

Le devuelvo el abrazo, aferrándome a él. Aferrándome mientras pueda. Siento su olor y toco con mis dedos su suave piel. Sé que pronto todo esto terminará, no precisamente de la forma que espero, y sé que cuando así sea, lo perderé. Por eso mismo decido disfrutar del momento, que quizás, y muy probablemente ya no se repita. Y más que simplemente disfrutar, decido dejar de temerle a expresarme, a decir lo que pienso o siento; decido dejar de tapar mentiras con mentiras y elegir la verdad. No es que no lo haya intentado ya, pero esta vez no voy a echarme atrás. Si antes no me funcionó y me rendí, ahora no permitiré que ocurra lo mismo. Creo que ya he aprendido bastante de mis errores.

—Sé que no me crees, ni me creerás, pero lo que te conté aquel día en el parque sobre el collar es real, y he ido a tu casa para terminar con esta farsa de una vez—comienzo a hablar—. Lamentablemente no pude, ya que en el camino se presentaron algunos conflictos, o mejor dicho, personas que quieren vernos separados, y especialmente lastimarme a mi. Es por eso que estoy aquí, pues como has podido ver en la foto, alguien tiene mi collar, o el collar de Emma, ¡como quieras decirle! A fin de cuentas, es lo mismo, aunque no puedas comprender y mucho menos aceptarlo. Solo te pido que no intervengas, si no es para ayudarme, porque esto es serio, y si no actúo rápido, algo muy malo va a ocurrir.

Perplejo ante mi discurso, me mira fijamente a los ojos, y como si los astros se alinearan a mi favor tras tanta mala suerte, sonríe al pronunciar lo siguiente:

—No se de que cuento loco saliste, pero si vas a ser heroína, quiero estar para verlo. 

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⏰ Última actualización: Aug 21, 2018 ⏰

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