La mañana del domingo la pasé en casa de Amalia, ya que mi madre no puede verme como Emma, y aunque se la pase durmiendo, no quiero correr el riesgo de que me descubra. Cuando regresé, me comentó que le había ido fenomenal en su última entrevista de trabajo, y desde entonces no se separa del teléfono aguardando a que la llamen. Quisiera tener la mitad de la confianza que ella se tiene a sí misma.
Entro al colegio, releyendo por enésima vez el guion que preparamos con Austin para literatura. Espero que realmente haya escogido un buen título, y desde luego que me disculpe por mi repentino escape.
—¡Emma! —oigo detrás de mí.
Es él.
—Hola, Austin—lo saludo sin mucho ánimo; aún sigo dolida por lo que me dijo fuera del baño, aunque intente disimularlo.
—Uy, ¿te he hecho algo? —inquiere, abriendo sus ojos e inclinándose hacia atrás.
—¿A mí? ¿A Emma? No, claro que no—suelto sarcásticamente.
Mi cerebro y mi corazón están debatiendo si debo tratarlo bien o no. Sé perfectamente que se burló de mí, pero a Emma no le ha hecho nada. ¡Todo lo contrario! Es ella quien le debe una disculpa. Sería muy incoherente que lo tratara mal sin una razón luego de lo ocurrido el sábado.
—Bueno, quería contarte que ya escogí el título para nuestra escena—dice sonriendo.
—Perdóname por haber salido corriendo de la biblioteca, pero mi amiga necesitaba hablar conmigo y...
—Tranquila, tus razones tendrás y las respeto—me interrumpe—. ¿Quieres saber el título o no?
Me hallo sonriendo como una tonta frente a su comentario. ¿Qué tiene este chico? Hace unos segundos sentía una rabia inmensa, y ahora me parece el más comprensivo del mundo. ¡Ni siquiera se ha enojado conmigo! No lo merezco, ni él merece ser engañado de esta forma.
Asiento, ansiosa por descubrir el título que ha elegido.
—Acepta que me quieres—espeta sin más.
—¿Qué? ¿Que acepte qué? —cuestiono sin comprender sus palabras.
—Ese es el título: "Acepta que me quieres". ¿No te gusta?
Guau. Qué... brillante. Esperaba algo un poco menos... ¿obvio?
—¡Claro que sí! Es muy bonito—miento.
Enseguida suena el timbre y ambos nos encaminamos al salón. Nuestra primera clase es literatura, por lo cual mis nervios están a flor de piel.
Una vez dentro de la clase, y luego de haber pasado la lista, el profesor comienza a llamar a las parejas para realizar las correspondientes escenas.
El tema que más abordamos en la asignatura durante el año pasado fue la Edad Media, por lo cual la mayoría de las interpretaciones corresponden a esa época.
Hasta ahora, todos lo hacen bastante bien, exceptuando a Emily y Nelson, que aun siendo pareja actúan extremadamente mal. Tanto que el profesor les termina suplicando que se sienten a mitad de la escena, y aunque no lo dice, todos nos damos cuenta de que está harto de que se fijen cada dos segundos cómo sigue el guion.
—Amalia y Peter—continúa.
Mi amiga se dirige al frente junto a Peter, muy segura de sí misma, como suele ser ella. La historia trata de un amor prohibido, algo parecido a Romeo y Julieta pero con un final feliz, pues para cerrar la escena Amalia va y le cuenta a Peter que su padrastro ha fallecido, dejándola finalmente en libertad. Terminan abrazados y todos aplaudimos su asombrosa actuación. Sin duda merecen un 10.
—Emma y Austin—nos llama.
Un escalofrío recorre mi cuerpo al escuchar nuestros nombres. Austin se acerca y me brinda su mano para levantarme del asiento. Qué caballero.
—Todo saldrá bien, tranquila—me susurra, calmándome antes de que el profesor nos dé permiso de comenzar.
Siendo fieles al guion, se supone que mi personaje debe encontrarse sentada en un banco para dos personas situado en un parque, pero lo único que hemos podido llevar al frente han sido dos sillas. En una de ellas me encuentro sentada en este mismo instante, viendo cómo Austin se acerca y toma lugar junto a mí.
Luces, cámara y acción.
—¿Qué haces aquí, Thomas? —exclamo.
—Rose, he venido hasta aquí para hablar contigo; necesito que me escuches—toma mis manos.
—No puedes obligarme a hacerlo—suelto, intentando separarme de él en vano, pues me retiene.
—¿Por qué no aceptas que nos amamos?
—Eso no es cierto—retruco, nerviosa.
—Sí que lo es. ¿Por qué te empeñas en separarnos? Nuestro destino es estar juntos.
—¡No! Sabes perfectamente que debo casarme con él—me levanto bruscamente de mi lugar.
—Debes, pero no quieres. Apostaría lo que fuese, a que, si en este preciso momento te besara, sería correspondido—se levanta él también, imitándome.
—No te atrevas—le amenazo.
—Es tu última oportunidad, juro que, si me pides que me aleje de ti, lo haré para siempre. Pero si me correspondes, si no puedes ocultar que me amas, lucharé por tu amor. Así tenga que enfrentarme a todo el reino.
Es el momento. Preparo mi mejilla para ser besada por Austin y así finalizar la escena. Él toma mi mentón con una de sus manos, mientras con la otra toma mi cintura, y se acerca a mí. De pronto me doy cuenta de lo que está a punto de suceder. Mejor dicho, de lo que está sucediendo. Austin ya no es Thomas. Está fuera del personaje. Está cambiando el final de la historia por el que idealizó desde un principio. Cada vez estamos más juntos, hasta que puedo sentir cómo deposita sus labios en los míos, dándome un beso. Un beso que debería haber evitado, pero ya es demasiado tarde. Me está besando, lo estoy besando; nos estamos besando. Respondo al beso casi sin percatarme de lo que hago, aturdida por la sorpresa y mis emociones.
Austin me ha dado mi primer beso, pero... ¿es solo una actuación? No, esto no tiene nada de actuación. Puede que un actor de telenovelas pueda fingir un beso, pero no él. Desearía detener el tiempo para siempre en este instante; esta es la sensación más hermosa que he experimentado en toda mi vida. Ambos hemos dejado atrás a Rose y a Thomas. Ambos hemos salido de la obra. ¿Quién iba a imaginar que yo, Fiorella, iba a terminar besándome con este chico tan guapo?
Luego de unos segundos nos apartamos y Austin, sin dejar de mirarme, termina la escena con la siguiente frase:
—A partir de este momento, juro que nada impedirá que estemos juntos, Rose.
La clase prorrumpe en aplausos. Me había olvidado por completo que todos estaban aquí. ¿Cuánto ha durado el beso? No tengo idea. Dios mío, ¡qué vergüenza! El profesor nos mira con mala cara, y nos pide que nos sentemos. Repito para mis adentros la frase con la que Austin terminó la escena. Eso no estaba en el guion; él ha improvisado. Me ha llamado Rose, pero pareció tan real... ¿Ha sido acaso una indirecta? ¿Podría tener una oportunidad con Austin? ¿Podría, con ayuda de Emma, enamorar al chico que acaba de regalarme uno de los mejores momentos de mi vida?
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Joha
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Quiero ser otra
Fiksi RemajaTodos tenemos algún complejo en esta vida, algo que querríamos cambiar a costa de cualquier sacrificio. Fiorella no es la excepción. Toda su vida le hicieron creer que no era bonita, y su autoestima se vio afectada por ello. Sin embargo, en su coraz...
