Pocas veces en la vida me ha despertado en el interés de conocer la vida de personas que gozan cierto grado de clamor popular, sean políticos, escritores, pintores, empresarios; incluso en aquellos que tienen poder económico superior, entre los que consiguen el éxito entre el esfuerzo y trabajo duro y luego, están aquellos que con solo hacer un gesto frente una cámara fílmica y usar un traje con lentejuelas de Versace ganan mucho más dinero que ésta simple reportera con un mísero salario de 200 al mes solo por redactar versos prosas con poca rima y en resultado un artículo de cuarta de página para el The New Yorker.
Por eso precisamente al expandir mis horizontes, se me presentó la oportunidad de comenzar una pasantía en la editorial de espectáculos para Cosmopolitan Magazine, una tira impresa especializada en presentar viñetas de las personalidades de Hollywood.
Si, a las mismas personas a quien pagamos un porcentaje del ticket del cinema para luego escribir que a cierta actriz de cine se rumora que se hizo una práctica facial en su rostro y la hace verse unos 10 años más joven pues en sus anteriores fotos antes de los mismos rumores no tenía los pómulos bien marcados ni sus cejas estaban tan levantadas; así como también su mentón y labios estaban más estirados que apenas si podía sonreír.
O de aquel sujeto que podía convencer a medio mundo con su retorcida visión de una linda joven rubia que acaba asesinada en una bañera tras dar el más memorable grito de pánico en una psicosis de terror y que por esa película ganó el respeto y admiración entre sus colegas.
Yo, antes solía evadir las noticias de las personalidades de Hollywood.
Me parecían personas frías de sentimientos y emociones aunque ganaran tantos millones de dólares por fingir llorar frente a las cámaras y sobre actuar situaciones que nunca si quiera supieran lo que era "ponerse en los zapatos de quién" por tener riquezas y reconocimientos banales.
Antes, sentía que era demasiado tonto comprar revistas y que hubiera tantas opiniones sobre el bolso de Coco Chanel que había comprado cierta cantante de cabaretera para luego verla esa misma noche en un bar de mala muerte cantando por unos míseros centavos porque ese bolso de Chanel, era el último grito de la moda y cualquier mortal no podría adquirir ese mismo bolso aún con descuentos y hubieran cientos en las bodegas de almacén, para colmo, el mismo bolso pasaría de moda y otro más memorable aparecería en las estanterías y muchas muchachas jóvenes tras ver a cierta actriz luciendo el mismo bolso nuevo en un evento, es repetir la misma mecánica con cada novedad de la diseñadora europea.
Antes no me importaba nada leer el ascenso y caída de las celebridades, y aún hasta éstos días pienso, algunos tuvieron suerte, en otras las grandes arriesgadas para acabar en sonados fracasos, nada de eso me importaba.
Por lejos tenía fotografías de Cary Grant o Marlene Dietrich pegadas en la pared de mi dormitorio.
Si iba al cine no me sabía los nombres de las estrellas, por mucho que yo amaba El Mago de Oz y me enamorara de las zapatillas rojas de Judy Garland, pero ella era una bonita chica pelirroja con vestido azul y bella sonrisa.
Estaba tan enfrascada en leer la Ilíada y la Odisea, de grandes tragedias Griegas, me había devorado los libros de navíos y viajes de mi anciano padre.
De pequeña fui al cine muchas veces en mi pequeño pueblo pesquero de la costa de Maine y nunca había escuchado los nombres de algunas actrices cuyas sólidas carreras eran de total ignorancia.
Incluso, cuando me mudé a New Jersey a estudiar Literatura Inglesa y especializarme en periodismo de investigación, pero para entonces nada en la vida me había llevado a pensar que más allá de las célebres apariencias en las personas, se escondían en sus intimidades grandes relatos de superación y tragedia. Nada me había puesto a pensar que en las décadas pasadas era tan complicada la vida para una persona que era de vista pública y, que cualquier acción debía verse bajo la crítica que alababa o destruía reputaciones sólidas en un solo segundo.
Incluso ahora, con la tecnología a punto de encaminarse en ser un recurso todavía más necesario, una estampa retratada en fotografías, o el documentar en escritos, puede ser una cosa de armas de valor sobre la vida pública y una vida de privacidad.
Mi nombre es Jackie Patterson, y en los últimos 7 meses la vida me cambió por completo al conocer a la Magnífica Súper Estrella del Antiguo Hollywood, Lena Luthor.
Y no sólo por ser magnífica quiere decir que quedé impactada por su deslumbrante belleza, ni su carrera, mucho menos el éxito que la acompañó antes de su obligado retiro y que ahora su nombre esté fuera de las marquesinas tras eso.
No.
La verdad, a veces las grandes tragedias de los seres comunes y corrientes como yo no se comparan a nada de lo que puede vivir una persona que está parada frente a una cámara grabando una película, una conferencia de prensa o incluso en medio de un evento posar en la alfombra roja y evadir a los irrespetuosos fotógrafos y periodistas que acosan hasta el cansancio con preguntas absurdas y fuera de lugar al ver un gesto insignificante, pero que mueve algunos dólares al bolsillo, y por eso, la moda de hoy en día es comenzar a exponer sus memorias en documentales para la televisión, entrevistas a ciertas productoras y a los libros bibliográficos, cosa última en la que soy especialista y que ni todo mi trabajo previo en The New Yorker y ahora con Cosmopolitan Magazine me han despertado tanto interés como en la persona a la cuál dediqué todo mi tiempo de 7 meses calendario en redactar su historia verdadera.
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La Heredera Y La Cantante LIBRO 1
FanfictionLa Heredera y La Cantante SUPERCORP LIBRO 1 Relata las fascinantes historias de 2 verdaderas leyendas de Hollywood. Lena Luthor es una bella joven multimillonaria que fue criada toda su vida para ser parte de la realeza europea, pero tiene el deseo...
